HORTALIZAS
CULTIVO
Desde el INTA La Consulta, Aldo López, del Proyecto Ajo, dio recomendaciones para quienes no puedan iniciar con tiempo la nueva campaña.
Hace un par de semanas comenzó la siembra de ajo en algunas zonas de Mendoza y San Juan, y se espera que se intensifique a partir de la próxima. Es el momento ideal para poner en marcha un nuevo ciclo de modo que, al momento de la cosecha, el producto haya tenido un desarrollo acorde a la demanda de los mercados.
El ingeniero agrónomo Aldo López, coordinador nacional del Proyecto Ajo del INTA, dijo a Campo Andino que “el sector viene de un buen año, y eso siempre es estimulante”. Por otra parte, recordó que “otros cultivos hortícolas han tenido, alternativamente, muy buenos momentos y otros no tanto, con bruscas fluctuaciones de precios, por lo que el productor vuelve a ver en el ajo una opción de negocio más firme y, sobre todo, más estable”.
Claro que no todos pueden arrancar ahora. En realidad, la mayoría de los productores (sobre todo los de menor escala) están pendientes de cerrar el ciclo de otros cultivos para disponerse a preparar el suelo y recién después empezar con el ajo de esta temporada.
Éste es uno de los puntos críticos para el desarrollo que tendrá el cultivo a lo largo del ciclo. Es que, dando por sentado que el productor dispondrá de la mejor semilla que esté a su alcance, las condiciones del terreno serán también -en buena medida- determinantes de lo que se vaya a cosechar.
“El que quiera llegar temprano va a tener que empezar ahora” remarcó el ingeniero López, pero reconoció que mucha gente todavía no desocupó la tierra, por lo que va a demorar la siembra.
Mencionó el caso de productores de melón que tienen algunos surcos para levantar, o de tomate o de zapallo, que aún no cosechan.
El profesional del INTA subrayó que “ésta no es la situación ideal para quien tenga la intención de hacer ajo esta temporada, porque son rotaciones que no encajan bien, al menos en Mendoza, excepto que se haya hecho un tomate o un melón tempranos”.
Por eso advirtió que “si la demora es muy prolongada, es preferible no sembrar”. Puntualizó, en ese sentido, que “a los ajos del tipo morado hay que plantarlos dentro del mes de marzo, no después del 20, en lo posible”. Si el cultivo arranca luego de esa fecha, se van a perder kilos.
Pero accedió a dejar un par de recomendaciones (“aunque sean parches” dijo) porque reconoció que “no siempre están dadas las condiciones ideales para producir”, y “la gente hace lo que puede, en la tierra que tiene disponible, aunque debe tener en claro que no va a lograr el mejor ajo que podría hacer”.
Sugirió entonces, para esos casos, tratar de “cerrar” lo antes posible el cultivo que esté ocupando la parcela, y ponerse a desgranar el ajo mientras va preparando el terreno. Sobre cómo hacer esta labor, López advirtió que “cada caso es particular, porque las condiciones del suelo son muy variables, y pueden cambiar de un lote a otro, dentro de una misma finca”.
Remarco, no obstante, que “cualquiera sea el caso, el suelo debe tener buena infiltración en profundidad y estar bien nivelado”.
Con respecto a los restos de materia orgánica del cultivo anterior, hizo un par de apreciaciones. Ese rastrojo va a ser realmente aprovechado luego por el ajo, si ha llegado a mineralizarse. Pero si no tuvo el tiempo suficiente para degradarse, es mejor sacarlo con rastra “chepiquera”.
“Sé que hay tantas recetas como productores”, subrayó el referente del INTA. “Pero, personalmente, no soy muy partidario de usar el arado, sino de aplicar labranzas verticales o pasar la rastra de discos y el cincel, pero eso va a depender de las condiciones de cada suelo”.
El ingeniero López explicó que “el problema es que, si se incorpora al suelo ese material y no se ha mineralizado al momento de plantar ajo, no va a cumplir su función y, por otra parte, los restos más voluminosos del rastrojo van a terminar creando problemas” desde el momento de la emergencia.
Por eso, concretamente, recomendó que “si el cultivo anterior terminó muy sobre la fecha de iniciar el de ajo, y dejó restos que no alcanzaron a mineralizarse, hay que sacar ese rastrojo con rastra chepiquera y echar guano”. Por otra parte, si ese rastrojo no es muy voluminoso, sigue existiendo la alternativa de incorporarlo al suelo y hacer un par de riegos para que la fibra empiece a mineralizar.
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