HORTALIZAS

SANIDAD

«La podredumbre blanca del ajo complica más la situación de los cultivos esta temporada»

13 de octubre de 2024

El Dr. Jorge Valdez, del INTA La Consulta (Mendoza) estima que se duplicó la presencia de esclerocios en suelos infectados. Convocaron para este miércoles a una jornada técnica en Eugenio Bustos, con el propósito de develar «Mitos y Verdades para el Manejo de la Enfermedad».

JORGE VALDEZ. El Director Técnico del Laboratorio de Análisis de Semillas de la Estación Experimental Agropecuaria La Consulta del INTA reveló que un nivel de inóculo de sólo un esclerocio -que tiene dos décimas de milímetro de diámetro- en un kilo de tierra, puede llegar a producir una merma de un 20% en la producción de ajo colorado, según resultados preliminares de estudios que realizan en esa Unidad de investigación. FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.


La notable expansión de la podredumbre blanca durante el presente ciclo agrícola, disparó las alarmas entre productores de ajo de Mendoza que, en unas zonas más que en otras, y este año más que los anteriores, han visto amenazados sus cultivos por esta esta enfermedad, que es la más temida en todo el mundo por los daños que provoca.  

El temor quedó latente desde la temporada pasada y fue creciendo desde el inicio del presente ciclo, hasta que quedó abiertamente expuesto hacia fines de septiembre último, cuando la Experimental valletana convocó a su tradicional Jornada Técnica de Ajo, que tuvimos la oportunidad de cubrir (por aquí dejamos en enlace con la publicación donde resumimos lo más saliente de ese encuentro).



La podredumbre blanca es una enfermedad provocada por el hongo Stromatinia cepivora que, según resultados preliminares de estudios que llevan adelante en el INTA La Consulta, puede provocar pérdidas de producción de hasta 20% con un nivel mínimo de inóculo.

JORNADA SOBRE PODREDUMBRE

La inquietud motivó finalmente la iniciativa de convocar, para esta semana, a una Jornada sobre Podredumbre Blanca en Ajo, que apunta a develar «Mitos y Verdades para el Manejo de la Enfermedad».

Tendrá lugar el miércoles 16 de octubre, a partir de las 19:00, en la sede de la Unión Vecinal de Eugenio Bustos (Echeverría y Bernardo Quiroga) de ese distrito del Departamento San Carlos. La reunión -que se extenderá por aproximadamente 2 horas- está destinada a productores de toda la región, y el acceso será gratuito.

En la convocatoria, impulsada desde la Experimental La Consulta del INTA, se recuerda que «es una de las principales amenazas para los cultivos de ajo, cebolla y echalote», y se advierte que «puede persistir en el suelo entre 18 y 50 años» .

Se advierte que «genera importantes pérdidas económicas para los productores y limita las posibilidades de replantación en los lotes afectados» y se admite que «a la fecha, no se dispone de un control químico efectivo, por lo que su correcta identificación y manejo son fundamentales» .

El texto advierte sobre «la gravedad que representa la dispersión de esta enfermedad en las fincas del departamento de San Carlos», y aclara que durante el encuentro del miércoles «se abordarán opciones de manejo y prevención, así como estrategias para mitigar su impacto en las cosechas» .

GRAVE. La dispersión de la enfermedad en cultivos de ajo del Valle de Uco ha disparado las alarmas en el ámbito de la producción y del INTA de La Consulta, que llama a esta reunión informativa para el miércoles 16.

LAS INVESTIGACIONES DEL INTA

Campo Andino dialogó con el Dr. en Biología Jorge Valdez, director técnico del Laboratorio de Análisis de Semillas de la Estación Experimental Agropecuario La Consulta del INTA, donde se vienen realizando investigaciones sobre podredumbre blanca en ajo.

El Dr. Valdez quien, además, es docente en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNCuyo (donde desarrolla proyectos de investigación con estudiantes, abordando distintas temáticas relacionadas con este hongo), es terminante en afirmar que «la foto de hoy nos muestra que, en relación con este problema, la situación es mucho más complicada que la que teníamos hasta el año pasado».

El investigador reveló que, como resultado de estudios realizados en una pequeña parcela cedida por una empresa de la zona (donde «provocamos» la enfermedad), «pudimos determinar que cuando tenemos un nivel de inóculo de un esclerocio -que tiene dos décimas de milímetro de diámetro- en un kilo de tierra, produce una merma de un 20% en la producción de ajo colorado» . Aclaró que «no sabemos en ajo morado, que es mucho más vigoroso».

QUÉ SON LOS ESCLEROCIOS

El Sclerotium (ahora denominado Stromatinia) es -podríamos decir- una cápsula esclerosada, endurecida, de color negro y de un tamaño equivalente al de un granito de arena. Es de paredes gruesas y resistentes; que lo protegen del ataque de otros microorganismos.

En el interior tiene una estructura retorcida (el micelio) que es de color blanco. Ciertos compuestos del ajo (y del resto de las alliáceas, como la cebolla, el puerro y otras especies) junto con determinadas condiciones ambientales, disparan la germinación.

Coloniza la raíz -y la va pudriendo- hasta que llega al bulbo y luego dispersa el micelio en el cuello de la planta, que queda cubierto de esa materia algodonosa, que le da el nombre a la enfermedad: «podredumbre blanca».

«Durante el invierno la planta viene sobreviviendo con las raíces muy desgastadas y cuando empieza el calor no tiene cómo mantener el equilibrio hídrico, enviando muy pocos fotoasimilados al bulbo» explicó el Dr. Valdez.

Cuando la planta ha sido colonizada en su totalidad, los esclerocios quedan pegados al bulbo y al cuello de la planta. Se los puede ver cuando se descalza la planta. Valdez advirtió que «muchos productores los confunden con huevos de insectos que están colonizando ese sector del cultivo».

LOS RODALES, LA PEOR SEÑAL

La dispersión de la podredumbre provoca los rodales en el campo. Son sectores del terreno de superficie variable (según el grado de avance de la enfermedad), que se muestran en formas relativamente circulares y de color predominantemente amarillento, donde hay plantas muertas y otras aparentemente sanas.

Cuando aparecen rodales, el problema es mucho más serio. En ese caso, «ya tenemos una densidad de esclerocios que supera los veinte o treinta por kilogramo de suelo» advirtió Jorge Valdez.

Reveló que «en ensayos que hicimos en la temporada anterior, con cinco esclerocios por kilogramo del suelo, la muerte de plantas ya es significativa» .

LOS ESCLEROCIOS, de color negro, quedan pegados al bulbo cuando han colonizado la planta en su totalidad. Antes, han liberado los micelios, que son esa materia algodonosa, de color blanco, que da el nombre a la enfermedad. FOTO / GENTILEZA INTA La Consulta.

PROGRESIÓN GEOMÉTRICA

El investigador lanzó una advertencia en el sentido que no es prudente bajar la guardia porque, aunque el cultivo se vea sano y esta temporada se logre un buen rendimiento, «lo mismo puede tener la enfermedad» aseguró, «y si no afectó el rendimiento este año, lo va a afectar al siguiente, o al otro… o al otro».

Comentó que en el estudio que realizaron «pusimos dosis crecientes del esclerocio en cada parcelita de ensayo; y lo que vimos fue que, con un esclerocio por kilo, no hay plantas muertas, no hay clorosis, hay poca pérdida de rendimiento… pero en términos estadísticos, porque para el productor que la sufre es relevante» .

Eso sí… «en los ajos sanos va el inóculo, y probablemente ese será el material de siembra del año siguiente», alertó. Por eso es que «se viene duplicando el número de esclerocios en el suelo» en esa zona del Valle de Uco.

En ese sentido, el especialista remarcó que «una planta muy enferma, puede producir más de 1.000 esclerocios, que quedan en el suelo y pueden permanecer allí durante décadas», lo que da dimensión de la situación de riesgo sanitario a la que se enfrenta la actividad.

CÓMO LLEGA AL CAMPO

La principal vía de ingreso del hongo Stromatinia cepivora a un establecimiento agrícola «es a través de la semilla que, aunque parezca sana -porque con un nivel de inóculo de 1 esclerocio por kilo es indetectable para el ojo del productor- ya produce una merma» de rendimiento, afirmó el Dr. Jorge Valdez.

En diálogo con Campo Andino, el director técnico del Laboratorio de Análisis de Semillas del INTA La Consulta aseguró que «aunque en muy baja densidad, los esclerocios quedan en esa semilla; y cuando los bubos de esa cosecha se procesan, pasan al siguiente ciclo… y después de 2, 3 ó 4 ciclos ya se empiezan a ver los rodales» .

ALGUNAS PRECAUCIONES

El Dr. Valdez subrayó que «es fundamental hacer análisis semilla, aunque el productor no haya detectado la presencia de la enfermedad en el campo». Con más razón si compra semilla de otro establecimiento.

Indicó, de paso, que normalmente «el productor vende lo mejor y saca de los calibres medianos o chicos para sembrar en el siguiente ciclo» . Pero «debería preguntarse por qué esas diferencias de tamaño, si todo el cultivo tuvo igual manejo y la misma fertilización… y quizás fue porque esa semilla estaba infectada» .

Si no es posible tener un semillero propio, sugiere «hacer (aparte del cultivo comercial) 3, 4 ó 5 parcelas de unos 5.000 m2 cada una; hacerles análisis por separado y usar para sembrar en la siguiente temporada la semilla que salió de las parcelas sanas».

Caben, también, algunas sugerencias para el caso de labores mecanizadas (siembra, arrancada, etc.). Sobre este punto, el investigador recomendó «lavar la máquina -con hidrolavadora- antes de entrar a la finca, o en un lugar enripiado del establecimiento, en un playón de cemento…para evitar que los líquidos vayan al sistema de riego» .

Aclaró que no tiene sentido aplicar producto químico alguno. «En nuestros ensayos -reveló- metimos los esclerocios en lavandina al 10% durante cinco minutos… para desinfectarlos (quitarles la carga de hongos y bacterias) y ponerlos a germinar».

Vale decir que, la lavandina no los mata, debido a «esos compuestos melánicos con que están recubiertos, que los mantienen herméticos y les dan mucha resistencia».

Entonces, «lo que hay que hacer con las máquinas es lavarlas a presión, para que el agua los arrastre al playón y, al quedar expuestos al sol, se deshidraten y mueran».

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