AGROINDUSTRIA

PANORAMA

Mancha Roja habría provocado merma adicional de al menos 30% en ciruela

17 de enero de 2022

Ahora, ese riesgo pasó. Desde el INTA Rama Caída (Mendoza) señalan que, a partir de esta semana, eventuales altas temperaturas pierden capacidad de daño.


A semanas de iniciarse, en Mendoza, la cosecha de ciruela para deshidratar, ya está claro que la intensa radiación solar -y las altas temperaturas asociadas- en momentos críticos para el cultivo, ocasionó daños que acentuaron las fuertes mermas que habían causado las heladas tardías de primavera.

La floración arrancó tarde esta temporada, y el proceso se fue demorando debido a que, en las zonas de producción, el ambiente fresco de la primavera se extendió más que lo habitual. Por eso es que difícilmente la ciruela esté para cosechar antes de mediados de febrero.

Es la opinión del ingeniero agrónomo Hilario Lázaro, investigador de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Rama Caída (San Rafael, Mendoza) quien, por otra parte, adelantó que “será una cosecha corta, porque hay poca producción y mucha necesidad por parte de la agroindustria”, debido a que “éste es el cuarto año de cosecha muy pobre, y hay un contexto internacional favorable” desde lo comercial.

En diálogo con Campo Andino, Lázaro recordó que “hubo un fenómeno de heladas muy severo”, y afirmó que la mayor parte de las pérdidas de este año son atribuibles a los daños ocasionados por ese fenómeno. A ello se sumó el exceso de calor en un momento en que el cultivo es particularmente sensible a las altas temperaturas.

PÉRDIDAS POR “MANCHA ROJA”

El especialista apuntó que “tuvimos muy buen clima hasta el 20 de diciembre, una primavera fresca, quizás demasiado larga, y la fruta que había quedado venía bien, varios montes estaban cargados”.

Es que, al parecer, los daños de las heladas tardías resultaron ser un poco menos generalizados que lo que se pensaba en un principio. Al punto que algunas plantaciones habían logrado salvar gran parte de su producción.

Pero después del 20 de diciembre llegaron las altas temperaturas. “Los calores que tuvimos para Navidad, y luego los de principios de enero, tiraron mucha fruta”, aseguró el investigador del INTA, y esto agravó el panorama.

En efecto, las heladas tardías de primavera ya habían provocado daños que hicieron caer la producción a unas escasas 33.000 toneladas de ciruelas frescas según el pronóstico oficial (aunque algunos creen que había un poco más hasta la llegada del calor). Eso equivalía, ya, a “un 25% o 30% de una temporada que podríamos considerar normal”, indicó el ingeniero Lázaro.

Pero las altas temperaturas ocasionaron pérdidas adicionales que, aunque varían según el lote, el estado del cultivo, el tipo de riego… podrían haber llegado, en promedio, a no menos del 30%, según estiman fuentes consultadas en las zonas de producción.

Si así fue, la industria quedaría quizás con poco más de 7.000 toneladas secas. Un volumen irrelevante para salir a los mercados, producto de una cosecha paupérrima.

Independientemente del porcentaje adicional de pérdidas por Mancha roja, para Hilario Lázaro esta situación “es frustrante, porque -aparte del volumen de fruta que ya no se va a cosechar- el daño por calor afecta más a los frutos ubicados en la parte superior del árbol… en las zonas periféricas en general; y esos frutos -que no tienen tanta competencia como los que están en la parte interna- son los de más tamaño y de mayor valor comercial”.

EL “ESCUDO” DE ANTOCIANOS

Para el referente del INTA Rama Caída, “la buena noticia es que esto ya pasó; los calores de la semana pasada fueron de alguna manera la bisagra”.

Explicó que “hay un período de susceptibilidad del cultivo al fenómeno de la Mancha roja, que va desde principios de diciembre hasta la mitad de enero (este año, como diciembre había arrancado fresco, las altas marcas térmicas comenzaron a partir del día 20)”.

Indicó que, en ese lapso, “cuando la temperatura supera los 34°C o 35°C, a las 24 ó 48 horas se puede observar un porcentaje de fruta que se empieza a manchar… y termina cayendo”. Esto se potencia cuando son varios días seguidos con esas temperaturas, como estuvo ocurriendo durante la primera quincena de enero.

Lázaro apuntó que la sensibilidad al excesivo calor provocado por la alta radiación, “se debe a que la fruta todavía está muy verde; pero esta semana la ciruela empieza a ‘pintar’, a adquirir su coloración normal, que es azul-violáceo”.

Explicó que “ese color está dado por los antocianos, que son un protector solar natural, porque atenúan notablemente los efectos de la radiación”. De manera que, aunque seguramente quedan por venir jornadas de calor intenso, ahora la fruta ya está más protegida.

LOS DÉBILES, MÁS EXPUESTOS

Los cultivos más débiles son los más expuestos al fenómeno de la Mancha roja. “Las quintas mal trabajadas, en general, que no han sido suficientemente regadas, son mucho más sensibles que aquellas que han venido evolucionando bien, con años de un manejo más ajustado, lo que les permite afrontar cada ciclo con buen vigor… ni hablar de las quintas jóvenes”.

El referente del INTA Rama Caída resume las diferencias entre esas dos situaciones: “La quinta joven, que está bien atendida, con buen manejo del riego y se muestra vigorosa, con buen follaje, y creciendo bien… es mucho menos sensible al daño por exceso de radiación».

En cambio «las quintas viejas -con una deficiente gestión del agua y escasa atención del cultivo- donde prevalecen plantas débiles, con poca hoja… están expuestas a una alta incidencia de este fenómeno”.

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