HORTALIZAS

PRODUCTOS

Avanzan en cultivo de cebolla dulce como opción de diversificación hortícola

31 de marzo de 2022

Con el respaldo de investigaciones realizadas en la Experimental La Consulta del INTA, se abrió una ventana comercial y hubo una primera venta al exterior.

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Mientras comienzan a germinar en las almacigueras las semillas de cebolla dulce, una misión mendocina se apresta a explorar, en Alemania, las potenciales oportunidades comerciales para ese producto en Europa.

La presencia en la Fruit Logística, en Berlín, viene alentada por los resultados de la reciente experiencia impulsada por un grupo de productores junto al INTA y ProMendoza, que permitió exportar seis contenedores a Estados Unidos y uno a España, abriendo así un camino más para la producción hortícola regional.

Aunque el interés comercial de empresas mendocinas por la cebolla dulce se hizo notorio durante 2021, el cultivo de la especie estaba “en la mira” del INTA desde hace más de dos décadas.

En efecto, un grupo de investigadores de la Estación Experimental Agropecuaria La Consulta, liderado por el Dr. Ing. Agr. Claudio Galmarini (hoy director del Centro Regional Mendoza-San Juan), había desarrollado ensayos técnicos específicos.

Concretamente, dentro del Proyecto de optimización y diversificación de la oferta de cebolla en Argentina, en el mercado interno y para exportación, uno de los objetivos era disponer de cultivares y protocolos para la producción de cebolla dulce.

Es oportuno (como anécdota) «desempolvar» una publicación de hace muchos años, firmada por el propio Galmarini, para rescatar de ese texto una ocurrente frase que sería premonitoria. Decía – palabra más, palabra menos- que llegaría el día en que los enamorados podrían besarse después de haber comido cebolla… dulce.

SEÑALES DESDE EL NORTE

Ahora (en 2021) un argentino residente en Estados Unidos consultó a la Fundación ProMendoza (integrada por el Gobierno de la Provincia y entidades del sector privado para promover la internacionalización de los negocios de empresas locales) sobre la posibilidad de producir cebollas dulces en Mendoza; y desde el área técnica de la Fundación compartieron la inquietud con el INTA La Consulta, que es referente nacional en investigación y transferencia de tecnología hortícola.

El “guante” sería recogido meses después por el Ing. Agr. Aldo López, que coordina las investigaciones sobre producción de ajo en la Experimental del Valle de Uco.

Fue por una circunstancia en alguna medida fortuita. López había sido contactado, un año antes, por un broker argentino residente en el país del Norte, para saber si era posible cultivar ajo en Georgia.

VIAJE IMPENSADO, Y SORPRESA

Pero como el ecosistema de esa región de Estados Unidos se asemeja más a las zonas ajeras de Brasil, López derivó la consulta a sus colegas del país vecino.

Claro que, había que viajar al Norte de América para abordar el asunto sobre el terreno, y los investigadores brasileños optaron por no hacerlo. Es que, ya entrado el 2020 y debido a las restricciones impuestas por la emergencia sanitaria global, Estados Unidos les exigía que estuvieran 15 días fuera de Brasil, en algún otro país, para permitirles luego ingresar a su territorio. Eso complicaba todo.

Finalmente, terminó yendo el Ing. López para monitorear la plantación. Al llegar, se encontró con que esa empresa trabajaba también con cebolla dulce, y que era la que había enviado aquella consulta a ProMendoza.

La estrategia de la firma norteamericana es tener ajo y cebolla en Estados Unidos, pero también en el Hemisferio Sur, de manera que, aprovechando la producción en contraestación, poder comercializar durante todo el año.

El referente de La Consulta propuso entonces que, a partir de los ensayos realizados en el INTA, se multiplicara la experiencia, llevándola a nivel de prueba productivo-comercial, incluida su evaluación económica, luego de haber exportado, al menos, un contenedor.

La iniciativa prendió, y los equipos técnicos del INTA y de ProMendoza se sentaron a “sacarle punta al lápiz” y pusieron en marcha ese ensayo, con cultivos en Mendoza, San Juan y Santiago del Estero, en parcelas de unas 3 ha netas – en promedio- en cada provincia.

Tras la cosecha, evaluaron diversos parámetros de calidad de los bulbos y de poscosecha y empaque y ajustaron los costos de producción, para terminar despachando seis contenedores a Estados Unidos y uno a España (este último como parte de otro negocio).

HAY QUE HACER AJUSTES

De la información que pudimos relevar desde la Redacción de Campo Andino, surgen algunas conclusiones iniciales. En parte, fueron explicitadas por fuentes consultadas; y en parte, se desprenden (y corren por nuestra interpretación) de conversar con algunos de quienes participaron de esta experiencia.

Un primer acercamiento, permitiría ubicar a esas conclusiones en tres planos distintos. Uno, el comercial; otro, el productivo; y finalmente, el técnico.

EL ACUERDO COMERCIAL

En lo comercial, da la impresión que (para hacer fluido el vínculo entre producción – empaque – comercialización) las partes deberían acordar algún criterio de retribución al productor primario, que permitiera asegurar que esa demanda puede ser atendida a largo plazo, asegurando, al mismo tiempo, cierto margen de rentabilidad para las partes.

De no ser así, la alternativa sería asociar al productor. Para lo cual el chacarero tendría que esperar a que se venda la cebolla y llegue la liquidación. Recién entonces podría hacer el balance.

En cualquier caso, deberá quedar muy claro cuál es el parámetro de calidad que exige el comprador… para evitar malos entendidos.

En este punto, un breve paréntesis. Sabemos que el tema del precio es extremadamente sensible. El que vende siempre quiere acordarlo cuanto antes, y lo más alto posible; y el que compra, prefiere extender esa definición o, en todo caso, ubicarlo lo más abajo que pueda.

En el camino, es muy probable que surjan imprevistos que a veces están fuera del manejo de una y otra parte, y siempre queda algún “bolsillo herido”. Pero es parte de este negocio. 

Para colmo, hay un contexto de incertidumbre global, que impacta particularmente al comercio exterior. Sin ir más lejos, el costo del flete pasó de cerca de USD 4.000 (como mucho) a unos USD 8.000 por contenedor, para llegar de Valparaíso a La Florida y un poco más al Norte, en Estados Unidos (algún día hablaremos de por qué conviene cruzar la cordillera y después cruzar el canal de Panamá hacia el Atlántico). Además, faltan contenedores.

Volviendo al punto en cuestión, es cierto que en esta actividad hay quienes no sólo producen, sino que también empacan e inclusive exportan. En estos casos, tienen mucho más claro cómo funciona el negocio, de una punta a la otra, y probablemente tengan más “gimnasia” y más «espaldas» también, para encarar la relación comercial de otra manera.

Pero si, como se ha planteado en algunos ámbitos “la producción y exportación de cebolla dulce crecerá 10 veces este año” (dándolo por hecho), hay que ver si los que no sólo producen, sino también empacan (aunque no exporten) estarán dispuestos a priorizar la cebolla sobre otras especies cuyo ciclo podría superponerse. Este punto lo veremos más adelante.

BUSCAR OTROS MERCADOS

Hay otro aspecto, dentro de lo comercial, que será necesario resolver. Porque podría ocurrir (como invariablemente acontece en el negocio de hortalizas y frutas) que la calidad obtenida no responda a lo requerido por el cliente. El importador, en este caso. Sólo pensemos en calibres, ni hablar si la cebolla se mancha o sufre otro tipo de alteraciones durante la producción o en poscosecha-empaque, como bulbos manchados, golpeados, partidos, etc.

Entonces, demos por hecho que hablamos de producto sano y de apariencia aceptable. Queda el tema de los tamaños. En este sentido, sería ilusorio suponer que cada parcela va entregar el 100% de los calibres demandados, que -en el caso de esta empresa norteamericana- son los más grandes.

Habrá que ver, entonces, qué hacemos con el resto. Seguramente este punto estará en la agenda de quienes visiten Berlín, en los próximos días, para explorar las oportunidades comerciales de la cebolla dulce no sólo en el mercado europeo, porque la Fruit Logística concentra a potenciales clientes de todo el mundo. Descontamos que la gente de ProMendoza, los empacadores y brokers que son parte de esta iniciativa irán con su estrategia de inteligencia comercial.

LA OPCIÓN PRODUCTIVA

Si la propuesta comercial resultara -en principio- atractiva, restará saber si los potenciales interesados en producir van a tener tierra y agua para hacerlo… y resto financiero para llevar adelante el cultivo, por supuesto.

Lo primeros dos puntos no son una cuestión menor. Porque, suponiendo que tuvieran que elegir entre hacer cebolla dulce o ajo (son especies con ciclos que se “solapan”), habrá que ver cuál de las dos pesará más en la balanza.

Aquí entrarán a jugar los costos de producción y, en relación con ésto, el know how (el “saber hacer”), porque parece que la variedad con la que se trabajó este año tiene un rendimiento potencial que podría duplicar al inicialmente obtenido. Incidirá, también, en qué medida están aceitados los canales comerciales y las expectativas de mercado de uno y otro producto.

En fin, una serie de variables que probablemente vayan a condicionar la decisión de a qué producción destinar la tierra y el agua. No sólo eso. Para qué producto “hacer lugar” en los empaques, si es que en algún momento se juntan en los playones de recepción de la mercadería.

Aparte, la cosecha se concentra en pocos días (tenemos entendido que se está trabajando con una sola variedad); y es inimaginable la opción de dejar la cebolla en frigorífico hasta que pueda ingresar al empaque, porque el costo del frio la tornaría antieconómica.

Otro punto que estarían evaluando para esta temporada, es sumar empaques (a los que procesaron en 2021) para tratar de superar ese “cuello de botella”, dado por la concentración de la cosecha.

Sobre esto, cabe un apartado para aclarar que en Experimental La Consulta del INTA se sigue investigando sobre esta especie, incluido algún ensayo con variedades de ciclo vegetativo de distinta duración para evitar, justamente, que se concentre la cosecha y, consecuentemente, la presión sobre los galpones de empaque.

Entonces, suponiendo que la idea de producir cebolla dulce echara raíces en Mendoza y en San Juan, para multiplicar por 10 la producción de cebolla dulce, esto es, ocupando unas 100 ha (y a razón de 70.000 a 75.000 kg/ha que sería el rendimiento potencial de esta variedad, si se trabajara bien), hay que pensar en disponer de tierra y agua para producir, y de empaques para procesar, entre 7.000.000 y 7.500.000 kilos de cebolla.

No sabemos todavía qué superficie será finalmente destinada a la producción de ajo esta campaña (como para imaginar cuánta tierra y agua…y plata “queda” para la cebolla). Ese puede ser un primer dato a considerar.

Además, no sabemos cuántas semillas de cebolla están germinando en los almácigos en este momento, y cuánto de eso terminará trasplantado. Esto último podremos saberlo, probablemente, hacia fines de mayo.

LA DEMANDA, ESTÁ

Para concluir, hay algunas cosas claras (aparte de otras que puedan aportar nuestros lectores). Una, que hay mercado para la cebolla dulce. Otra, que hay muchos ajustes por hacer, en el plano de las relaciones comerciales y en la exploración de nuevos mercados, así como en lo productivo; mientras se avanza en la investigación, particularmente con variedades de ciclos más largos.

Finalmente, el resultado preliminar de esta primera experiencia comercial valida el encuadre que en aquellos años le dieron a este tema Claudio Galmarini y su equipo de investigadores del INTA La Consulta. El cultivo de cebolla dulce bien puede ser una alternativa de diversificación de la producción hortícola argentina y, en este caso, de la región Centro-Oeste en particular. Una alternativa.

Ahora bien, si se tiene en cuenta el interés manifestado por la empresa de Estados Unidos que demanda el producto (aunque sólo de calibres mayores), y la posibilidad -que se está explorando para este año- de colocar tamaños medianos en Brasil, la cebolla dulce argentina podría seguir abriéndose paso en plazas comerciales del exterior.

Esa cebolla podrá ser producida en Mendoza y San Juan o, eventualmente, en otras provincias. Por lo pronto, se cree que algunos chacareros cuyanos podrían empezar con unas pocas hectáreas para probar, y a partir de los resultados obtenidos, decidirían si ponen o no más “fichas”, en el ciclo 2023.

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