ECONOMÍA & POLÍTICA
IMPACTO
La medida, canalizada a través del Banco Central, fue acompañada de una suba de 21 puntos porcentuales de la tasa de interés con la que retribuye a las Leliq.
RITMO. Con el resultado de las PASO en la mano, el oficialismo dispuso acelerar el sinceramiento del tipo de cambio oficial. FOTO/Revista Campo Andino & Agroindustria.

El Banco Central de la República Argentina dispuso este lunes una fuerte devaluación del peso que rozó el 22%, para llevarlo a 350 frente al dólar norteamericano en el mercado mayorista; en lo que se interpreta como la primera repercusión del resultado de las elecciones primarias realizadas este domingo, con vistas a las generales de octubre.
Tras los comicios, en los que el peronismo/kirschnerismo en el poder sufrió un duro revés, la autoridad monetaria dispuso acelerar el sinceramiento del tipo de cambio oficial, que pasó de un ajuste diario que venía fluctuando entre 0,2% y 0,4% a casi 22%, esto es, por lo menos 10 veces más rápido, entre la jornada cambiaria del pasado viernes y la de este lunes.
El tipo de cambio oficial anunciado ahora (que se mantendría -supuestamente- sin variaciones hasta las elecciones generales de octubre) se reflejó, en el mercado minorista oficial (simbólico, porque no existen dólares a ese precio), en una cotización de $ 365,50 por dólar, equivalente a 22,45% más que los $298,50/dólar del cierre del viernes.
También para el segmento minorista, la pizarra oficial del Banco Nación mostraba en la apertura valores (igualmente irreales) de $ 395,00 para el euro (20,79% más que los $ 327 del viernes) y $ 76,50 (o 20,57% más) para el real brasileño, que había cerrado el viernes -en la vidriera– a $ 63,45.

ANTECEDENTE. Esta devaluación es la más fuerte desde la que siguió a las PASO de 2019. Además, llegó acompañada de una suba de la tasa de interés al 118% nominal anual, que representa arriba del 208% de tasa efectiva anual.
Esta devaluación, la más fuerte desde la que siguió a las primarias del 2019, llegó acompañada por una suba de la tasa de política monetaria al 118% nominal anual, que representa entre 208% y 209% de tasa efectiva anual.
Es la remuneración que pasarán a tener las Letras de Liquidez (Leliq) del Banco Central, una herramienta con la que la autoridad monetaria oxigena a las entidades financieras para que alienten a sus clientes a mantener los depósitos en pesos, en lugar de volcarlos a la demanda de bienes y servicios (lo que alimentaría la inflación) o de dólares, lo que ejercería una mayor presión devaluatoria en un mercado híper sensibilizado.
Podría interpretarse que, de todos modos, la aceleración de la inflación está garantizada. Por más de una razón. Primero, la incertidumbre. El escenario de tercios que dejó como resultado el comicio de este domingo, no estaba previsto. Sin entrar en detalles, demás está decir que ninguna fuerza partidaria salió claramente perfilada con mejores expectativas. Eso implica que no está claro el horizonte hacia adelante.
Además, porque la medida del Gobierno es aislada. No es parte de un plan. Había que devaluar (en eso coinciden todos a quienes uno pueda consultar). Pero no se dice para qué. No se pone en contexto esa medida… porque no hay rumbo definido.
Todo eso, por el lado de las expectativas política. Además, en lo concreto, el nuevo dólar oficial encarecerá las importaciones. No sólo de bienes terminados. También la de insumos para la producción, con el impacto adicional sobre los costos de las empresas.
Esos mayores costos tendrán su correlato (más o menos equivalente, según los casos) en un aumento de los precios de productos y servicios ofrecidos en el mercado interno. Ello, independientemente de la notoria retracción de la demanda, que ya comienza a reflejarse en los indicadores de actividad económica.
Por otra parte, la mayor remuneración de las Leliq incrementa la deuda (ya inmanejable) contraída por el Estado con los bancos, que crece no sólo en términos nominales sino también en relación con un PIB que evidencia signos de retroceso.
La necesidad de hacer frente a esos vencimientos (en situación de déficit fiscal) lleva a suponer que podría acelerarse el ritmo de emisión monetaria, potencialmente alimentada -además- en esta recta final hacia las elecciones generales. Sería improbable que esa presunta mayor emisión de pesos no se trasladara a precios.
Como corolario (y volviendo a lo político), el escenario de incertidumbre abierto ahora. Primero, hasta los comicios de octubre (y los de noviembre, si hubiera ballotage). Luego, por la -indeterminada aún- fortaleza política de quien deba asumir la conducción del país en diciembre.
Desde diciembre en adelante, por el impacto de las medidas que -sea quien fuere el que gobierne a partir de ese momento- deberá tomar. Finalmente -y no menor- las inciertas condiciones de gobernabilidad hasta octubre próximo; entre octubre y diciembre, y por los siguientes cuatro años a partir del 10 de diciembre de este año.
DEVALUACIÓN DÓLAR LELIQ TASAS DE INTERÉS