GANADERÍA
PROTAGONISTAS
Marcelo Montoya, ganadero del Este de Mendoza, aclara que la mejora vendrá en un par de años, aunque dependerá de que el régimen de lluvias se estabilice.
INSEPARABLES. Marcelo Montoya (izquierda) junto a su padre Eduardo y al amigo de la familia, Guillermo Ronco, también empresario del Este de Mendoza. Pocas veces hemos visto a Marcelo sin Don Eduardo de puntal, el emprendedor que inició hace seis décadas una actividad en la que es referente indiscutido, y que -cuando se lo piden- deja caer (a sus 81 años) algún consejo para los nuevos ganaderos de la zona. FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.
La 42da. Edición de la Fiesta Nacional de la Ganadería de Zonas Áridas, que hace una semana llegaba a su punto culminante en General Alvear, Mendoza, fue (como cada año) ámbito propicio para reencuentros y largas charlas.
En uno de esos momentos nos cruzamos con los Montoya, de Juncal S.A. Agrícola-Ganadera, una empresa familiar del Departamento San Martín (en el Este mendocino), con reconocida presencia en el negocio ganadero, vitivinícola y frutícola de aquella zona.
El diálogo con Marcelo (algo así como el director ejecutivo, si hubiera que ponerle título a su rol en el organigrama de la firma) tuvo como excusa el premio -por su Aporte a la Genética Regional- que habían recibido las vaquillonas Angus con garantía de preñez que llevó a la muestra ganadera, el corazón de la Fiesta regional de los criadores del árido.
Pero la verdad es que nos debíamos una charla desde hacía tiempo. Por supuesto que, llegado el momento de continuar cada uno con sus quehaceres, el diálogo apenas había transitado (en parte) uno de los andariveles.
Es decir, uno de los ámbitos de negocios de la sociedad familiar de la que participa Marcelo junto a sus hermanos y a sus padres. Don Eduardo (que desde el año 1968 está en la actividad ganadera y en 1970 tuvo sus primeros campos), y Doña Teresa.
Por supuesto que, estando en ese ámbito, el negocio vitivinícola y el de la fruticultura quedaron para otra oportunidad. De hecho, la actividad ganadera de El Juncal hubiera dado para mucho más que lo que compartimos en los párrafos que siguen. Pero no está mal para empezar.
Es que, además de los campos de cría en Mendoza, la firma hace recría cerca de la ciudad de San Luis y, en otro establecimiento (netamente agrícola, ubicado en la zona de La Cumbre), tiene un feedlot.
Una vez terminados, los novillos son llevados (con logística propia) a faenar a Mendoza donde, además, tiene fábrica de embutidos. Los productos del segmento ganados y carnes de Juncal llegan al público a través de seis bocas que tiene en toda la Zona Este.

«LAS “MONTOYINAS”, como dirían en la región, como una manera de reconocer el vínculo de propiedad sobre la hacienda, apelando a la identidad del ganadero que la produce. Para inseminarlas, trabajan sólo con toros Angus colorado. FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.
Pero en esta ocasión preferimos centrarnos en la cría, y en el motivo de la presencia de los Montoya en Alvear: su aporte a la mejora genética regional. Marcelo y Don Eduardo habían llegado con el amigo de la familia, Don Guillermo Ronco (empresario ganadero y vitivinícola de Rivadavia, también del Este de Mendoza), y andaban por los corrales cuando se dio el encuentro.
Las Angus negras y las coloradas de El Juncal se disputaban la atención de quienes recorrían el sector, eligiendo los lotes por lo que estarían dispuestos a pujar cuando los animales entraran a la pista, a la hora del remate. Por ahí empezó la conversación.
Las vaquillonas fueron criadas en el duro ambiente semiárido situado al Norte de la Ruta Nacional 7, en la provincia de Mendoza; recriadas en un campo que está pegado a las sierras, frente a la ciudad de San Luis; e inseminadas en otro establecimiento cercano, donde también hacen agricultura. Allí, en jurisdicción de La Cumbre, tienen la cabaña («La Teresita, en honor a mi madre», comentó Marcelo), donde producen Angus colorado y negro, y Hereford.
A Alvear llevaron las vaquillonas coloradas y negras «Angus MAS (Madres Seleccionadas… por el inspector de la Asociación de Criadores de la raza)», aclaró Montoya.
«Fueron inseminadas con material proveniente de toro ‘Principal’, de la cabaña Las Lilas, que da crías muy livianas, lo ideal para una madre primeriza», como era ese caso. Esos vientres que vimos en General Alvear habían ido «seleccionados y listos para llevar a los campos de cría», remarcó, y adelantó que «hay –en el campo– una tropa de vaquillonas Hereford que va a estar para la venta en unos meses».

ANGUS MAS. Madres seleccionadas por el inspector de la Asociación de Criadores de la raza. Vaquillonas con garantía de preñez, inseminadas con material genético que asegura crías de bajo peso al nacer. FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.
«Pero, fundamentalmente, somos criadores de estas dos razas, desde hace más de 60 años», remarcó Marcelo Montoya. Los campos de cría están enclavados en una de las zonas más difíciles del secano mendocino.
Son propiedades que se extienden desde el paraje La Cruz del Yugo, departamento La Paz, 30 km al Norte de la Ruta 7 (límite sur de Estancia El Cercado) hasta el límite norte del Establecimiento Indio Blanco, en jurisdicción de Arroyito, Lavalle.
Trabajan también con Hereford y con el mismo criterio aplicado al plantel de madres Aberdeen Angus: las vaquillonas son inseminadas a tiempo fijo, con material genético que garantiza terneros de bajo peso al nacer.
En el caso de las vaquillonas Angus, independientemente del color de la madre, inseminan con material de toros colorados. «Desde hace unos años hay preferencia en el mercado por el novillo colorado, y se paga algunos pesos más», explicó. Es un animal que «tiene muy buen desarrollo en los campos nuestros, que son netamente áridos».
«En años normales, el régimen anual de lluvia en esa zona del Noreste Mendocino fluctúa entre 250 mm y 300 mm, que se concentran en la temporada estival», señaló el productor del Este.
«Claro que, en los últimos años, particularmente el que pasó, ha llovido mucho menos. Pero, tomando un promedio de los últimos 20 años… ésos son los valores. Es una zona árida extrema», enfatizó.
«El secreto para producir en ese ambiente es el manejo del pastizal, con potreros que descansen por lo menos un verano y, si es posible, dos veranos seguidos». Hizo hincapié en que «la rotación es fundamental; además, hay que definir muy bien la ubicación de las aguadas, de tal manera que el animal no tenga que caminar más de 1.500 ó 2.000 metros».
Son campos que «tienen zampa, usillo y otras hierbas, que mantiene bien a los animales que se acriollan y se adaptan; y es muy importante el fruto del algarrobo, que está muy presente en la zona y que estos últimos dos años (que han sido muy malos) nos ha evitado tener que sacar la hacienda del campo, ha mantenido el estado corporal de las vacas y ha permitido que se preñen», explicó Montoya.
Por otra parte, «estamos empezando un programa de rolado; hicimos alguna prueba hace unos años, pero no tuvimos buenos resultados, y ahora estamos corrigiendo detalles en cuanto al peso del rolo y la maquinaria».
Subrayó que «es fundamental llegar a cierta profundidad en el terreno para lograr el objetivo que tiene el rolado, que es hacer una cama protectora de humedad que no se evapore fácil con el sol, con el calor…».
Está la idea de (junto con el rolado) esparcir semilla de «pastos africanos, y quizás agregar algo de llorón… también podría ser digitaria, pero un Buffel se daría bien». De todos modos, apuntó que «el sólo rolado prácticamente triplica la disponibilidad del pasto de hoja que le llamamos, que es el pasto natural de la zona».
Sobre el panorama que cabe esperar para la actividad, Marcelo Montoya reflexionó que «los ganaderos siempre miramos el negocio a largo plazo porque suele ocurrir que, a corto plazo, los resultados no se ven; más teniendo en cuenta que estamos saliendo de una sequía». Cree que «hasta… por lo menos dos años no se van a recuperar los campos, si es que el clima se estabiliza».
Pero «vemos que hay buen futuro, principalmente en estos campos de zonas áridas, para la cría y recría», en un esquema centrado en «ponerle kilos baratos al ternero, a la ternera, y después terminar el novillo en una finca», bajo riego. Es un planteo del negocio que «está creciendo en Mendoza, y tiene mucho margen para seguir creciendo, porque el 90% de la carne vacuna que se consume acá, viene de otras provincias».
EL JUNCAL S.A. AGRÍCOLA-GANADERA MADRES ANGUS SELECCIONADAS MARCELO MONTOYA VAQUILLONAS PREÑADAS