DESHIDRATADOS
CICLO 2025/26
A veinte días de iniciar la cosecha, todos coinciden en que será menor que la de 2025. Pero hay una brecha grande entre las estimaciones (relativamente) más verosímiles. Eso sí, se sitúan por debajo de las algo más de 72.000 t frescas del último pronóstico oficial de Mendoza, la provincia que concentra la producción nacional.
RESPUESTA BIOLÓGICA. Entre las razones de la merma productiva de esta campaña, hay coincidencia en atribuirla -primero- a la respuesta fisiológica de las plantas a una alteración en la secuencia de acumulación de frío durante la dormancia y, junto con ello, a una floración algo tardía e irregular y demasiado extendida en el tiempo. Luego, a una (algunos dicen que «inusual») caída de frutos por mancha roja, como muestra la imagen. FOTO / GENTILEZA Miguel Cañadas – Productor de Bowen, General Alvear.

A falta de unos 20 días para iniciar la cosecha, el sector de la ciruela de industria de Mendoza (lo que equivale a decir: de Argentina) encara el último tramo del ciclo productivo con un sabor agridulce.
Es que, por un lado, las perspectivas comerciales son muy buenas, así como (en general) la calidad de la fruta que están a punto de entregar los montes mejor trabajados. Pero, por otro, el volumen de esta campaña será bastante menor que el potencial productivo de las quintas.
Cuánto menor… no está muy claro. Sí parece haber coincidencia en que es bastante menos que lo expresado (como ocurrió con el durazno de industria esta campaña, y con la propia ciruela en la anterior) en el pronóstico de cosecha de la Dirección de Agricultura de la Provincia.
Según se escucha desde «las mesas de al lado» en charlas de café del Sur mendocino (la zona que concentra la mayor parte de la producción), los protagonistas de la actividad hablan desde 15% menos hasta 40% a 50% menos que la temporada pasada.
En cualquier caso, no estarían las 72.000 toneladas y pico del pronóstico oficial (ajustado desde las 81.000 de la estimación inicial).
Si -como dijo una de esas voces– «es difícil coincidir en que haya 60% más» que la campaña pasada, quiere decir que para alcanzar a esas 72.000 «oficiales» tendríamos que partir de 45.000 toneladas frescas (o un poco más). Ése -según dicen algunos- podrían haber sido el volumen que finalmente dejó la cosecha 2025.
CALENTANDO MOTORES. En aproximadamente 20 días iniciará la cosecha 2025 de ciruela para industria en Mendoza… con cierta desilusión. Porque las perspectivas comerciales son muy buenas, así como la calidad de la fruta de los montes mejor trabajados. Pero el volumen de esta campaña será bastante menor que el potencial productivo de las quintas.
De manera que, si (para no exagerar) supusiéramos que en la actual campaña hubiera una caída interanual promedio (general, en toda la provincia) de entre 20% y 25%, llegaríamos a un número parecido a las 35.000 toneladas de ciruelas frescas.
Pero aclaremos que es un cálculo caprichoso, del que proponemos partir para tratar de «hacer pie» entre tanto número divergente, e insistimos en ésto: sin que tengamos a la vista datos fehacientes que lo respalden.
Aunque ocurre que esa cifra, llamativamente, es coincidente con otra de las referencias (muy de «entrecasa» por cierto) que recogimos al pasar por una finca de Real del Padre (en San Rafael, sobre el límite con General Alvear).
El hombre había hecho una pausa en sus tareas, a la orilla del callejón, cuando detuvimos la marcha y, tras el saludo de rigor, soltamos: – «¿Qué comentan los que saben, Don Atilio? ¿Cuánto vamos a tener este año?» |- «Dice el patrón que, con suerte, va a haber unos 35 millones de kilos en toda la provincia» respondió, antes de retomar las labores.
Aunque también hay gente más optimista. En algunos ámbitos donde la actividad primaria se integra con la industria y la exportación, creen (eso afirman, al menos) que esta cosecha va a dejar «de 18.000 a 20.000 toneladas secas» .
Si esto terminara siendo así, estaríamos hablando de entre 54.000 y 60.000 toneladas frescas. Sería entre un 15% y un 25% menos que las algo más de 72.000 t que proyecta la estimación oficial «ajustada».
Pero lo llamativo es que terminaría siendo un volumen mayor que el de la cosecha anterior. Eso… si es que, realmente, en el verano de 2025 los montes entregaron esas «más cerca de 45.000 que de 50.000 toneladas» frescas, como nos comentó estos días uno de los conocedores del negocio.
Para ayudarte a bajar el nivel de ansiedad hasta que, finalmente, se encienda la luz verde y haya que iniciar la cosecha, te dejamos un ejercicio que… quién sabe si resolverá el «acertijo», pero probablemente sirva como referencia adicional.
Habría que ver algún dato preliminar oficial (aunque provisorio) sobre el total exportado (deshidratado) en 2025, como para calcular su equivalente en fresco. Claro que, detenerse en ese punto, sería simplificar la cuenta.
Porque el año pasado había stock de arrastre de 2024; mientras que, a esta altura (2026), la industria, aparentemente, estaría «limpia». De modo que habría que descontarle a las «expo ’25», ese volumen de existencias previas… que -dicho sea de paso- pocos deben saber bien cuánto era.
Pero…un factor más en esta ecuación: habría que sumarles lo que, durante este último año, tuvo por destino el mercado interno (que, en realidad, es muy poco relevante).

«MASOMENÓMETRO». Las estimaciones (empíricas) de algunos protagonistas de la actividad hablan de una producción, en planta (en toda la provincia de Mendoza), de no más de 35.000 toneladas de ciruelas para deshidratar.
Como puede verse, si algo está claro… es que los números no son claros. Para justificar el hecho de estar dedicándole tantos párrafos a este asunto, podríamos limitarnos a decir que «es un clásico del folklore de las semanas previas a la cosecha, en un sector que se mueve por la ley de la oferta y la demanda…».
Pero la verdad es que, meter este asunto (sólo a partir de «lo que se dice» en charlas de café) en la «programación de los festivales del verano argentino» (porque termina siendo poco menos que eso), hace tiempo que perdió sentido.
Porque, por un lado -y al menos en los últimos dos años- lo que llamamos «pronóstico oficial» parece disparar -llamativamente- expresiones coincidentes de la producción primaria y de la industria, en el sentido que: «se les fue la mano…».
Entonces, si van a seguir haciéndolo así, no sirve. Porque, contrariamente a lo que se supone debería aportar, contribuye a crear confusión, e induce a barajar «números caprichosos».
Aunque -por otra parte- eso tampoco justifica que, desde el sector privado, se tiren números antojadizos (si es que no tuvieran respaldo).
Debemos admitir, eso sí, que pronosticar una cosecha de fruta es una tarea sumamente compleja. Sobre todo, en este caso, por las características de la estructura productiva y el comportamiento errático de una especie como la ciruela de industria.
Lo del entramado productivo es todo un tema. Es muy atomizado, relativamente disperso y, sobre todo, con potencial productivo tan disímil, que hace desaconsejable abusar de la extrapolación de datos. De todos modos, eso no exime a unos ni a otros de la responsabilidad de ceñirse lo más ajustadamente posible a la realidad.
Es que… el tema es importante. Es útil saber cuánto podría dejar cada nueva cosecha; cuánto quedó -si es que quedó algo- de campañas anteriores; y cuál es el escenario internacional… para planificar el negocio.
Quizás el sector privado y el Gobierno provincial deban volver a sentarse para (de una vez por todas) encarar muy seriamente este punto.
Dejamos, de paso, un par de inquietudes: No sabemos si, por ejemplo, para realizar estas estimaciones están usando tecnologías disponibles hoy, como imágenes satelitales, drones…
Además, lo que vemos (o lo que no vemos) nos lleva a suponer que no hay una red de información que, valiéndose de esas -y quizás otras- herramientas tecnológicas, aproveche el aporte del capital humano disponible en la Región.
No hay que perder de vista que hay técnicos muy solventes que se desempeñan en todo el oasis (así como en el resto de la provincia) en el sector privado, en el propio Estado provincial y en el sistema académico-científico-tecnológico.
EL «BUEN CUBERO». Con el método no menos empírico conocido como: «a ojo de buen cubero», otros calculan que van a quedar «entre 18.000 y 20.000 toneladas secas» lo que, llevado a fruta fresca, equivaldría a entre 54.000 y 60.000 toneladas.
Al margen del dato al que se llegue, buscar la forma de abordar este último asunto -y encontrarle solución- no es de importancia menor, y supone un desafío enorme. Porque implica -nada más, y nada menos- que poner la lupa sobre una cuestión cultural.
Es la desconfianza. Algo que se manifiesta históricamente (y no sólo en el Oasis Sur de Mendoza), en prácticamente todos los cultivos con destino a industria o empaque. Esto de si la industria dice que hay más fruta para pagar menos, y si los fruticultores dice que hay menos para pedir más.
Es lo que ocurre, sobre todo, en el segmento de producciones primarias desarrolladas en explotaciones que no tienen cerrado todo el ciclo o que no están -de alguna manera- integradas verticalmente con firmas que industrializan/empacan y tienen presencia en mercados mayoristas o en los puntos de venta al consumidor.
Entonces (y ojalá no estemos planteando una utopía) llegar a una cifra que todos los sectores consideren más o menos cercana a la realidad, implica que, más allá de coincidir en un número (el de las toneladas por cosechar), cada eslabón de la cadena confía en los otros.
No sabemos si hay que empezar por coincidir en el dato de cosecha o por otro lado; pero estamos convencidos de que la confianza es el punto de partida para hacer negocios.
Aquí llegamos a un punto que seguramente desarrollaremos en algún momento desde otra perspectiva, porque alcanza a otras producciones regionales también. Estamos hablando de hacer negocios, no de subsistir; y para eso ya no cabe posponer el abordaje de cuestiones de fondo.
Hay que hablar -por ejemplo, y entre muchas otras cosas seguramente- de tecnología; de profesionalización, en particular (pero no solamente) de la producción primaria; de capacidad de gestión (incluida una estrategia de integración); de innovación en distintos planos de la actividad.
A la par de todo eso, la apertura necesaria para aceptar que, lamentablemente, no en todos los casos es posible un recambio generacional, independientemente de cuál sea el eslabón de la cadena que pongamos bajo la lupa. Las conclusiones serán dolorosas para muchos, pero habrá que entender que no se puede tapar el sol con un dedo.
Antes de dejar estas consideraciones (para ir a repasar, luego, las razones por las cuales estamos ante «un nuevo traspié productivo») cabe apuntar que se abre, para el sector, una nueva oportunidad para encarar el abordaje de estos tópicos de fondo.
Hay una nueva conducción del Cluster de Ciruela Industria de Mendoza. Si la gestión institucional es encarada con la apertura y el grado de compromiso necesarios, el sector tiene más chances de asumir los desafíos de la hora.
Claro que, con eso, no va alcanzar. Al lado (y detrás), tiene que haber una masa crítica de protagonistas de la actividad lo suficientemente involucrados en el rediseño de una hoja de ruta y en la ejecución de las acciones estratégicas priorizadas.
Ahora sí. Como la biología, aún con las dificultades que plantea su variabilidad, parece un poco más comprensible que lo que los humanos hacemos o dejamos de hacer, volvamos sobre la campaña agrícola 2025/2026.
Para buscar las razones de la merma productiva de ciruela para deshidratar en este ciclo, y si fuéramos al detalle, podríamos remontarnos, inclusive, a la cosecha pasada. En realidad, más o menos hacia noviembre del 2024.
En torno a esa fecha -se presume- en muchas propiedades (quizás de productores con menos recursos financieros… o desinformados) no se hicieron curas contra roya, una enfermedad provocada por un hongo.
La presencia de esa enfermedad en los montes ocasiona defoliación prematura; pérdida de producción y disminución de vigor para afrontar el siguiente ciclo (2025/26 en este caso) y, dado un eventual ataque muy severo y repetido, puede provocar la muerte del árbol.
Los síntomas se habían hecho muy evidentes sobre el final de la última campaña. Cuando no había terminado la cosecha 2025, en montes de ciruelos del sur mendocino había plantas con signos de defoliación, y comenzando a florecer (producto de la alteración fisiológica derivada de la presencia de la enfermedad).
Quizás no haya sido un factor relevante entre los que incidieron en la merma productiva (general) de la actual campaña, pero seguramente sumó…o restó, en todo caso.
Dicho sea de paso, también hacia fines del último noviembre (2025) hubo condiciones predisponentes para la aparición de roya (no habría que sorprenderse, entonces, si en plena cosecha aparecer estas señales.
Como al promediar la pasada primavera se evidenciaron esas condiciones, el INTA Rama Caída recomendó, en ese momento, aplicar fungicidas. Por aquí te dejamos el enlace que lleva al reporte en el que dábamos cuenta de esa comunicación.
De ahí, deberíamos pasar al invierno 2025. Algo escribimos en la segunda mitad de octubre sobre este tema (más abajo dejamos el link, también, por si alguien quiere darle una mirada).
Decíamos -por un lado- que la helada de larga duración, ocurrida allá por junio-julio, con un registro de entre 12° y 14° bajo cero según la zona, pudo haber dañado las yemas, cuando aún estaban dormidas.
Por otra parte, hubo una alteración en la secuencia de acumulación de frío durante la dormancia. Además (no está claro si relacionado con eso), la floración fue algo tardía e irregular, y demasiado extendida en el tiempo. Debido a ello, en muchos casos se solaparon la flor y la hoja, lo cual derivó en una cuaja despareja.
También dejamos por acá el enlace con otra de nuestras publicaciones (de la segunda mitad de octubre, en este caso), en la que abordamos este asunto desde distintas perspectivas.
La primavera, en tanto, aportó lo suyo. Aunque no llegó con heladas que ocasionaran daños de consideración, sí con vientos prolongados (algunos intensos) en floración-cuaje, que pudieron haber provocado deshidratación y dificultado la polinización.
El verano, como ocurre cada año, no se quedó atrás. Los intensos calores aceleraron el proceso de afectación por mancha roja, sobre todo (pero no únicamente) en explotaciones con deficiencias de nutrición y manejo.
Una, por no hacer lo que no cuesta tanta plata, como mantener el suelo en los espacios interfilares con cobertura vegetal (para atenuar el reflejo del sol sobre la tierra desnuda, y la refracción del excesivo calor).
Otra, por no poder hacer (por escasez de recursos financieros) lo que demanda cierta inversión. Lo básico, que es alimentar adecuadamente el cultivo; y lo no tan básico, pero -a esta altura- imprescindible como parte de un paquete tecnológico.
Nos referimos a la microaspersión subarbórea, que no sólo ayuda a atenuar el impacto de las heladas, sino también a compensar la extrema sequedad del ambiente que dejan los vientos de primavera (aunque no evite los efectos de su acción mecánica).
Aparte de todo eso, «Los Reyes» -como justamente un año antes- llegaron al mismo lugar y casi a la misma hora de este último 6 de enero con una tormenta de granizo que provocó daños en Real del Padre y distritos aledaños (una de las zonas relevantes del Oasis Sur de Mendoza en términos de producción de ciruela para deshidratar).
Lo cierto es que, mientras se inician las mediciones de grados Brix para ir siguiendo la evolución de la madurez de la fruta, se aceleran los aprestos para entrar a los montes a recoger la fruta, quizás a partir de la segunda semana de febrero.
Quienes están en condiciones de mecanizar la cosecha terminan de poner a punto las máquinas; y los que no, avanzan en los acuerdos con las cuadrillas que van a levantar la producción del año.
Al mismo tiempo (todos), miran de reojo el pronóstico del tiempo (porque el riesgo de granizo sigue presente), y el piso bajo los árboles… porque ha seguido cayendo fruta por mancha roja.
Lo admitía el ingeniero agrónomo Aquiles Lucchini, responsable técnico de los cultivos de Frutas Proa (del Grupo Álvarez) en San Rafael.
En diálogo con Campo Andino, el profesional (que también asesora a otros productores sureños) comentó que están teniendo algún problema por caída de frutos.
Pero aclaró que lo observan más en la finca ubicada en el distrito Cuadro Bombal (donde prevalece el suelo salino, y los montes son más viejos y tienen menos vigor) que en la propiedad situada en Cuadro Benegas, sobre la «Cuesta de los Terneros».
En cuanto a la producción propia de la firma (que concentra uno de los mayores volúmenes de la provincia), el ingeniero Lucchini reconoció que «estamos un poco abajo de lo que cosechamos el año pasado».
Calcula, en principio, que tienen alrededor de un 10% menos en «San Rafael Arcángel» -la finca de «La Cuesta»- y en torno a un 15% menos en «Finca San Francisco» de Cuadro Bombal.
Pero señala que «sigue siendo una muy buena producción para nosotros y supera ampliamente nuestras expectativas y nuestros objetivos».
Aclara, eso sí, que en otras propiedades que asesora, las caídas interanuales se situarían entre un 15% y un 20%.
En la zona de Bowen, «la merma ha sido generalizada» dijo el productor Miguel Cañadas, uno de los referentes de Campo Andino en ese distinto de General Alvear, el otro departamento que suma a la producción de ciruelas para deshidratar en el Oasis Sur de Mendoza.
Aseguró que, en su propiedad, tiene «como mínimo, un 20% menos que el año pasado» a pesar de que «no le he dejado faltar nada, ni nutrientes ni las curaciones que han sido necesarias».
Pero, al referirse a la totalidad de su zona, apuntó que «por lo que he estado viendo y por lo que me comenta gente que habitualmente recorre los cultivos», puede haber «entre un 30% y un 40% menos que el año pasado, salvo algunos pocos cuadros que han tenido menos pérdidas».
Aludió, como causas aparentes, a «los problemas que hubo con la acumulación de frío invernal y los vientos en la época de floración y cuaje, más las tormentas de granizo que hubo en Real del Padre».
Pero, en las semanas previas a la cosecha, y en su zona «el gran problema es la mancha roja, que ha estado haciendo mucho daño» aseguró el productor bowense.
Sobre esto, reconoció que «las plantas que no han sido adecuadamente fertilizadas son las que más sufren» la caída de frutos por mancha roja. Pero mencionó un detalle llamativo observado en su propiedad y en las de otros productores.
Aseguró que «al lado de una planta que ha tenido caídas del 1% ó 2%, hay otra que tiene el 30% de la fruta en el suelo (con verdeo abajo, la misma fertilización, etc.)». Es «algo muy raro, incomprensible» apuntó.
Miguel Cañadas recordó que «ya en el 2025 habíamos tenido algo de merma por heladas», en relación con la producción que había dejado el ciclo 2023/24. Y, como «con el resto de las producciones de este año hemos venido para atrás, hoy en día la única esperanza que nos queda para no perder totalmente el año… es la ciruela» reflexionó.
El Ing. Lucchini Adelantó que (en las propiedades de Frutas Proa) si bien han estado midiendo grado esporádicamente, esta semana comenzaban a hacerlo sistemáticamente para ver cómo va avanzando la madurez; y estima que van a empezar la cosecha en la segunda semana de febrero.
Pese a la extensa superficie en producción, la empresa puede posponer una semana (respecto de temporadas previas) el inicio de la recolección de frutos, porque ampliaron la capacidad de secado (hasta los 600.000 kg/día) así como la logística de cosecha y de transporte.
Todo eso (más la tranquilidad que da la cobertura de los montes con malla antigranizo) «nos permite esperar los grados Brix-porque, en definitiva, lo que nos interesa es tener una mejor conversión en el secadero– y terminar más temprano antes que haya caídas o que la fruta sobremadure o empiece a perder presión» comentaba el Ing. Lucchini en diálogo con Campo Andino.
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