AGUA & RIEGO
POLÍTICAS
Hay que bajar a tierra el conocimiento científico, para que sirva a los productores y apuntale políticas públicas que atiendan demandas territoriales.
La necesidad de repensar los sistemas de gobernanza del agua y de replantear el criterio de asignación de recursos financieros, junto con carencias de información y profesionales calificados, y las consecuentes dificultades para planificar, asoman como factores que condicionan el uso sostenible de los recursos hídricos.
Estas dificultades -pero también algunas fortalezas que invitan a mirar “la mitad llena de la copa”- fueron expuestas este miércoles por un panel de especialistas convocados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en el marco del Encuentro: “Agua, ¿un recurso en crisis? Cuatro miradas desde la Investigación, el Desarrollo y la Innovación”.
En la apertura, la presidente del INTA, Susana Mirassou, destacó la expectativa que generó la posibilidad de conocer la opinión de los expertos, en respuesta al interrogante acerca de si estamos ante un recurso en crisis; considerando “su importancia estratégica para la producción agropecuaria -y de alimentos en particular- y el compromiso del usarla de manera responsable, para el presente y para las generaciones futuras, aportando al desarrollo sostenible e inclusivo en los territorios”.
El vicepresidente de la Institución, Tomás Schlichter subrayó por su parte que “el agua es esencial para la vida” humana, como lo es “para la agricultura, la ganadería y la industria”; y “sin embargo, no siempre la usamos bien”. Apuntó que en algunas regiones tenemos agua no utilizada, y en otras, mal utilizada, con el consecuente impacto en la salinización de suelos, lo que induce “cambios en el uso de la tierra y altera los componentes del ciclo hidrológico, llevando a sequías o inundaciones”.
A su turno, el director nacional del INTA, Carlos Parera, puso sobre relieve que éste es “un tema estratégico para la Argentina, y en particular para la actividad agropecuaria”, por lo que “es responsabilidad, no sólo de la Institución sino también de cada uno de nosotros, trabajar y aportar para un manejo sostenible de este recurso, que es vital”.
Uno de los puntos en torno a los cuales giró el encuentro de este miércoles, está relacionado con las “áreas de vacancia” (o carencias) de conocimiento, en cuanto a la gestión sostenible de los recursos hídricos.
El ingeniero Luis Loyola, que se desempeña en la FAO en el área de Infraestructura Rural y Riego, enfocó el tema desde la perspectiva de las inversiones en ese ámbito, que es el de su incumbencia dentro del organismo internacional.
En ese sentido, el especialista aclaró que “la gestión del agua es un proceso complejo, que incluye planificación y gestión del recurso -en términos de calidad y cantidad- para todos los usos”, junto con aspectos de “manejo y gestión de los riesgos, particularmente las inundaciones y las sequías”.
Aclaró que, dentro de esta complejidad, “hay cuestiones institucionales, políticas, de infraestructura y de información”. Hizo foco en este último punto, al señalar que -en términos del uso del agua en la agricultura- “la mayor carencia está dada por la falta de conocimiento y de información de base para una gestión adecuada”, de manera que -mediante el buen el uso del agua- “la agricultura pueda proveer más producción, de mejor calidad”.
Según Loyola, (que en su momento trabajó en el Departamento General de Irrigación de Mendoza y fue consultor en varios países como especialista en Recursos Hídricos y Riego), esa información de base que estaría faltando, tiene que ver “tanto con la oferta, como con la demanda” del recurso.
Cuando habla de la oferta, se refiere a la disponibilidad hídrica de fuentes superficiales, pero también -y particularmente- las subterráneas, por lo que “disponer mayor información sobre los acuíferos es uno de los temas clave”. En cuanto a la demanda, mencionó la falta de planes de manejo y de gestión de recursos hídricos en función de los diferentes usos.
Sentenció, sobre este punto, que es necesario “generar mayor información para planificar y tomar decisiones sobre el uso del agua en la agricultura”. Cree que hay mucho por hacer en términos de uso de información calificada para la toma de decisiones y aplicación de esa información en el diseño de políticas, y de “garantizar -dentro de ese esquema- la institucionalidad y la participación de los actores y, fundamentalmente, asegurarse los mecanismos de financiamiento”.
El ingeniero agrónomo y doctor en Biología Esteban Jobbágy, que es investigador superior del CONICET, señaló como uno de los puntos críticos, en términos de la gestión sostenible de los recursos hídricos, un “conflicto de interface” entre la ingeniería hidráulica y de infraestructura por un lado, y el enfoque agronómico-ambiental por el otro (en realidad habló de “plomería” y “jardinería”), al momento de interpretar las múltiples formas de interacción de los ecosistemas con los ciclos hidrológicos.
Jobbágy, que hace unos años promovió un grupo de estudios ambientales en la Universidad Nacional de San Luis (donde trabaja junto a una veintena de científicos) advirtió en ese sentido que las obras hidráulicas -en general- además de tener costos muy altos, no siempre resuelven (o no de la mejor manera) problemas como los excesos hídricos en ciertas regiones de llanura, por ejemplo, que podrían encararse con estrategias de manejo de las áreas productivas. O en ecosistemas serranos como los de Córdoba, San Luis y algunos de La Rioja, que se nutren sólo con agua de lluvias (que son escasas), donde herramientas como el manejo del fuego o el pastoreo -entre otras- contribuyen a administrar mejor el recurso hídrico disponible.
Mencionó como otra debilidad, la falta de conocimiento sobre el impacto que pueden tener las acciones -de provisión o de regulación de los flujos de agua- aplicadas en un sector del territorio, sobre sectores aledaños, como podrían ser establecimientos agropecuarios vecinos, u otras áreas que exceden los límites de la cuenca y en algunos casos trasponen límites interprovinciales.
En ese sentido, puntualizó que se conoce mucho, desde la Agronomía, acerca de lo que sucede en un lote productivo, y mucho también, a través de las ciencias hidrológicas, acerca de lo que puede ocurrir en las cuencas, pero muy poco sobre el impacto “lateral” del agua en una escala intermedia. Como la afectación de establecimientos vecinos o de otras zonas que puedan sufrir el efecto de cualquier acción de regulación de inundaciones o de entrega de sedimentos.
“Esa lateralidad es crítica”, aseguró Jobbágy , “porque uno puede destruir la materia orgánica de un lote, y solamente se afecta ese lote; pero cuando uno genera excesos hídricos en una parte, termina afectando a otros establecimientos productivos, o inclusive a poblaciones vecinas”.
Por otro lado, advirtió que hay problemas de salinización que “son, por naturaleza, problemas de agua; y ahí tenemos muchos inconvenientes nuevos”, en estos casos “no relacionados con el riego, sino con la transformación del uso de la tierra”.
PENDIENTE. Expertos admiten que en Ingeniería Hidráulica aún hay mucho por aprender, incluida la Hidráulica de ríos. Sobre esto, consideran que una carencia importante está relacionada con el estudio y manejo de flujos muy concentrados en sedimentos, particularmente en ríos de montaña. (FOTO / ARCHIVO CAMPO ANDINO).

A su turno, el ingeniero Pablo Spaletti, presidente del Instituto Nacional del Agua (INA) de Argentina, puntualizó que “en Ingeniería Hidráulica, que es muy amplia, todavía hay muchas cosas por aprender, incluida la temática de Hidráulica de ríos”, que es su especialidad.
Considera que, sobre ese punto, “un área de vacancia importante es todo lo que tiene que ver con flujos muy concentrados en sedimentos, particularmente en ríos de montaña”. En Argentina, “más que la falta de conocimientos, el problema es que -en general- hay muy poca gente dedicada a investigar el tema de los recursos hídricos”. Por eso es que “vamos detrás de los problemas; no logramos anticiparnos”; y coincidió con el Ing. Loyola en que falta planificación.
Como fortaleza, destacó que “hoy, en la Argentina, se está reconociendo a la investigación aplicada, equiparándola con la investigación de base” y apuntó a la necesidad de “resaltar la importancia de las instituciones que realizan investigación aplicada, como pueden ser el INTA o el INA”. Cree necesario “que estos organismos crezcan, que capacitemos más gente y la volquemos a resolver los problemas de los recursos hídricos”.
El Ing. Agr. Walter Baethgen, director de Investigaciones Regionales del Centro de Investigación sobre el Clima y la Sociedad de la Universidad de Columbia -Nueva York- coincidió con los demás panelistas en varias de las carencias que puntualizaron, como factores limitantes de la gestión sostenible del agua.
Pero le preocupa particularmente la escasa incidencia que ha tenido el conocimiento científico-tecnológico acumulado a lo largo de los años, en decisiones concretas. Tanto a nivel de productores agropecuarios, como en la elaboración de políticas públicas.
Porque “se puede generar mucho conocimiento -dijo- pero para que tenga impacto, tiene que ser aplicado a la toma de decisiones de un productor de una hectárea, de una corporación que está trabajando en miles de hectáreas o en la secretaría de un ministerio donde se está diseñando una política pública que termine impactando en todo un sector productivo o en todo un país”, subrayó.
Señaló asimismo la necesidad de contar con un mayor número de profesionales formados en “enfoques de sistemas”, que no estén mirando “la molécula”, sino “preparados para analizar modelos hidrológicos a escala de cuenca”; y “gente capacitada para traducir el conocimiento generado en el ámbito científico, de manera tal que sea lo suficientemente entendible -y útil- para que ayude a tomar decisiones y genere acciones concretas”.
El Ing. Baethgen, que desde mayo es vicepresidente de la Junta de Directores del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) de Uruguay, abordó también el problema del cambio climático, otro de los tópicos que el INTA puso en la agenda de este encuentro virtual.
La consigna era que los panelistas se pronunciaran sobre cómo llegar con información sobre ese tema (y con qué información) para influir, efectivamente, en las decisiones del sector público y el privado respecto de las prácticas de manejo del recurso hídrico.
Sobre este punto, el experto empezó por cuestionar el gasto global de “miles de millones de dólares en adaptación al cambio climático”, sin que se haya avanzado mucho. “No creo que tengamos sistemas de producción agropecuaria mejor adaptados al cambio climático”, comentó.
Este magro resultado, “tiene que ver con la forma como se ha venido enfocando el trabajo”. Según él, “se ha vuelto una práctica común que un gobierno contrate a un grupo de consultores que utiliza uno o dos modelos y generan escenarios posibles de clima para dentro de 40, 50, 80 años y para un espacio geográfico muy acotado lo que, desde el punto de vista científico, es un disparate”.
Pero al margen de eso, “lo peor es que distrae la atención de cosas que podríamos estar haciendo hoy, para que nuestros sistemas de producción, incluyendo la gestión sostenible de los recursos hídricos, sean menos vulnerables a esa variabilidad, a esa alternancia de eventos extremos, de sequías e inundaciones”.
Entonces, “el mensaje que tengo sobre cómo encarar en tema del cambio climático, es no tratar de adivinar cómo será el clima en el 2080 o el 2100, sino mirando al 2020, y qué puedo hacer hoy para mejorar mi capacidad adaptativa a un clima cada vez más variable”, puntualizó Baethgen.
Para eso, “tenemos que contar con buena información, buenas alertas tempranas, buenas respuestas tempranas, buenas tecnologías que reduzcan la variabilidad de la producción y, como sabemos que aún haciendo las cosas bien igual nos van a pegar los fenómenos extremos, diseñar buenos instrumentos financieros para transferir los riesgos que no podemos manejar”; y todo eso requiere “un cambio de cultura” sentenció en funcionario del INIA uruguayo.
El Ing. Luis Loyola, de la FAO, se mostró de acuerdo con los planteos del Ing. Baethgen respecto de la necesidad de dar respuestas concretas para problemas inmediatos, pero aclaró que cuando se trata de evaluar la viabilidad económica, social y ambiental de inversiones como las que promueve la institución en la que se desempeña, es necesario recurrir -en muchos casos- a modelos climáticos de largo plazo.
Ahí entran fenómenos como la variabilidad de lluvias, incrementos de temperaturas, y en un contexto de previsible reducción de la disponibilidad hídrica y de mayor requerimiento de agua para la agricultura, por el incremento de la evapotranspiración a futuro. “Son todos aspectos que hay que considerar en las propuestas” que aspiran a recibir financiamiento de organismos internacionales, aclaró Loyola.
Además, “esto tiene mucho que ver también con lo que vamos a vivir en la pospandemia porque, debido a la afectación que está generando en el PBI de los países, vamos a tener que demostrar muy bien cuáles son los impactos esperables de esas inversiones desde el punto de vista económico, social y ambiental, porque los gobiernos -en muchos casos- van a tener otro tipo de prioridades al momento de decidir la asignación de recursos que, inevitablemente, van a ser más escasos”.

DESENCUENTRO. En la reunión se remarcó que “la ciencia de la gobernanza es el desafío” para la administración del agua; que “puede ser un punto de encuentro entre sectores económicos distintos, entre regiones o partes del territorio», aunque lo más común es que sea un punto de desencuentro”. Ejemplo de ello es el histórico conflicto que enfrenta a las provincias argentinas de Mendoza y La Pampa, por las aguas del río Atuel. FOTO / ARCHIVO CAMPO ANDINO.
Al hablar de las oportunidades que se abren para la gestión sostenible del agua, el Ing. Agr. Esteban Jobbágy, del CONICET, puntualizó que “tenemos una increíble disponibilidad de atajos -impensados hace una década- ante la falta de información”. Hoy “podemos monitorear el stock de agua en grandes regiones mediante sistemas satelitales, y seguir las inundaciones casi en tiempo real”. Entonces, “la pobreza de información base, que antes nos limitaba, nos limita muchísimo menos”.
Otra oportunidad, según interpreta, está dada por “el sistema federal de Argentina, que puede ser visto como un problema, porque tenemos cuencas inter jurisdiccionales, pero a mi modo de ver es una riqueza, porque cada provincia, de algún modo, es un laboratorio distinto.
Sobre los desafíos, está de acuerdo con Baethgen en que “generamos muchos conocimientos que rara vez se insertan como quisiéramos en los sistemas de toma de decisiones”. Cree que “ahí, el desafío es salir de la idea de la gestión integrada de los recursos hídricos, que era ‘la panacea’ hace 20 ó 30 años y entender que la gobernanza tiene que ser adaptativa”. Para él, “es difícil pensar que vamos a poder tener un comando centralizado; tal vez es lo menos deseable”.
Entiende que “la ciencia de la gobernanza es el desafío”, y que “el desafío general es entender que el agua puede ser un punto de encuentro entre sectores económicos distintos, entre regiones o partes del territorio, pero también lo más común es que sea un punto de desencuentro”, reconoció.
En ese sentido, precisamente, “vamos acumulando tensiones históricas, que se tienen que ir rompiendo”; y sobre esto “hay casos, que tenemos delante de las narices y todavía no los abordamos a la altura de lo que son esos problemas”. Por ejemplo, el Delta del Paraná. “Es una región enorme -dice Jobbágy -que opera en cuanto a calidad y regulación de caudales de una forma que todavía no entendemos del todo, pero ‘decide’ cómo es el agua que le llega a unos 17 millones de habitantes” mientras que, para ese caso, “no tenemos estructurado todavía un sistema de gobernanza”.
Otro ejemplo que puso es “el manejo del agua en la provincia de Mendoza, bajo un organismo que tiene un origen agrícola (refiriéndose al Departamento General de Irrigación) en una provincia donde 30 ó 40 años atrás la producción vitivinícola era el principal ítem en el Producto Bruto, pero ya no lo es”. Sin embargo “el comando del agua sigue bajo el sector agrícola, y eso genera una tensión enorme”, según su lectura. Mencionó también el caso del “Plan Maestro del río Salado, una visión ‘súper ingenieril’ del manejo del agua en la llanura que, aunque hoy está claramente está superada, sigue siendo la que empuja muchas de las acciones”.
Como ejemplo positivo de cómo enfrentar estos desafíos, “me parece que la provincia de Córdoba lleva la delantera y hay una integración de la gestión agrícola y de la gestión hídrica de la provincia, no vista en otros lugares de país, en donde se hacen diseños de manejo de cuenca, en conjunto con funcionarios de esas dos carteras”. Según él, “falta todavía insertar el sector Ambiente, pero se está en camino”. El Ing. Esteban Jobbágy concluye que “los desafíos, definitivamente, vienen de la mano de la gobernanza”.
El Ing. Pablo Spaletti (INA), por su parte, dijo que “la gestión del agua no es responsabilidad de un sector en particular, sino que es necesario trabajar en equipo, integrar las diferentes miradas, con la mente abierta, pero también con participación social y de los sectores productivos”.
Cree que ése es el gran desafío y va de la mano con el tema de la gobernanza del agua. “Si no lo hacemos, cada cual va a seguir haciendo lo que quiere. Porque las cosas -por sí solas- avanzan, van a seguir sucediendo”.
Por otra parte, coincide en que “hay que aprovechar la información disponible (que es mucha, aunque no sea suficiente)” y valora el hecho que haya “acuerdo en el ambiente científico-técnico y también en la sociedad, en que la gestión de los recursos hídricos tiene que ser sostenible… como hay consenso mundial en trabajar en los objetivos de desarrollo sostenible, algunos vinculados al agua”.
El Ing. Esteban Jobbágy, por su parte, sugirió como primera medida, “relevar demandas -o identificar necesidades- del territorio”; porque “si no hay una demanda sentida en el territorio, difícilmente las acciones lleguen muy lejos”. De lo contrario, el riesgo sería -según su análisis- “seguir en el paradigma del comando central donde, desde lo técnico, creemos que hay una solución para un problema que nadie siente” como tal.
“Hay que buscar los puntos de entrada para empezar a trabajar”, dice. Por ejemplo, “las tensiones generadas en ocasión de inundaciones”, cuando la apertura de canales rurales clandestinos se traduce en “el pase de factura de un vecino a otro; de un departamento a otro o de una provincia a otra, sin poner las cartas sobre la mesa”. Considera que ése puede ser un punto de partida. Finalmente, El Ing. Luis Loyola (de FAO) destacó el rol importante que le cabe al INTA para poder acercar la información a los productores, a través de su servicio de Extensión. En otro plano -y en esto incluye también al INA- cree que los organismos de investigación tienen que fortalecer los procesos de intercambio de conocimientos y promover propuestas para la implementación de políticas públicas.
CAMBIO CLIMÁTICO CARLOS PARERA CONICET CRISIS DEL AGUA ESTEBAN JOBBÁGY GOBERNANZA DEL AGUA HIDRÁULICA DE RÍOS INIA URUGUAY INSTITUTO NACIONAL DEL AGUA INTA LUIS LOYOLA MANEJO SOSTENIBLE DEL RECURSO HÍDRICO PABLO SPALETTI SUSANA MIRASSOU TOMÁS SCHLICHTER WALTER BAETHGEN
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