FRUTAS
PRODUCCIÓN
El daño por heladas dejará una magra zafra 2022. Será el cuarto ciclo consecutivo con producción diezmada por el clima, tras la “supercosecha” del 2018.
El clima volvió a golpear duro en plantaciones frutícolas de Mendoza. En el caso de la ciruela para deshidratar, que tiene a la provincia andina como única productora de verdadera relevancia en Argentina, las heladas tardías de la pasada primavera volvieron a frustrar la chance de recuperar lo mucho perdido en los últimos tres años.
El contador Juan Carlos Morillas, industrial-exportador de ciruela deshidratada de San Rafael (el territorio con mayor extensión cultivada), confirmó que “el daño provocado por las heladas fue muy importante, sobre todo en el Oasis Sur de Mendoza”.
Indicó que “quienes tuvieron la posibilidad de hacer riegos pasivos, subarbóreos (por aspersión), lograron salvar sus cosechas, pero el resto no”; y que el fenómeno impactó también “en zonas donde no estaban preparados porque regularmente no hiela… pero este año heló muy fuerte”.
En diálogo con Campo Andino Morillas recordó que ésta es la cuarta temporada con heladas importantes para esa producción. Indicó que los dos primeros años (2019 y 2020) no se sintió mucho el faltante “porque veníamos de una súper cosecha en el año ’18”.
En esa oportunidad la producción rozó los 150 millones de kilos, de los cuales probablemente no llegaron a cosecharse más de 130 millones por los problemas de tamaño que hubo en muchas fincas. De cualquier manera, el excedente de ese año permitió solventar los dos siguientes.
Pero “ya durante el 2021 la menor oferta de ciruela se hizo sentir de manera muy notoria, y creemos que el 2022 va a ser como este año… o peor”. Concretamente, para la cosecha de febrero próximo el instituto de Desarrollo Rural (IDR) de Mendoza pronostica que habrá poco más de 33.000 toneladas de ciruela en fresco lo que, traducido a fruta deshidratada, quedaría en alrededor de 10.000 toneladas.
En realidad, esas proyecciones tienen siempre cierto margen de error, y suele haber diferencias entre lo que pronostica el organismo y lo que estiman referentes del sector privado. En más o en menos. De hecho, para la cosecha 2021, calculaban que había menos que lo oficialmente pronosticado.
Para esta próxima zafra, en cambio, en algunas entidades creen que podría haber un poco más, en las quintas, que esos 33 millones de kilos. Morillas presume que esto se debe a que varios productores empezaron a ver plantas con frutos, en sectores de sus montes que inicialmente habían dado por perdidos en términos productivos, por efecto de las bajas temperaturas en primavera. “Aunque quizás no sea más que un deseo nuestro de que las pérdidas no hayan sido tan importantes”, se sinceró el dirigente.

Juan Carlos Morillas. El industrial-exportador de San Rafael, presidente del Cluster de Ciruela Industria de Mendoza, advirtió que se impone aplicar un paquete tecnológico que abra el camino de la mejora competitiva en todos los frentes, y para todos los actores de la actividad. FOTO/Campo Andino.
Así las cosas, el próximo será un año con muy poca cantidad de un producto cuyo destino casi excluyente son los mercados del exterior (se exporta no menos del 95% promedio -un año con otro- de la ciruela desecada).
Morillas, que en su momento fue presidente del Comité de Exportadores de Ciruelas de Mendoza (CECIM), entidad que opera bajo el paraguas de la Cámara de Comercio Exterior de Cuyo (CACEC), recordó que durante 2021 hubo poca ciruela en Argentina, pero también en Chile y en Estados Unidos.
En realidad, la producción norteamericana viene en baja, porque las explotaciones están siendo reconvertidas hacia otros cultivos. El empresario sanrafaelino recordó que “hace 15 años producían 200 millones de kilos secos, y ahora producen 70 u 80 millones”.
Es que “Chile irrumpió muy fuerte en el mercado internacional desde hace unos años, al pasar de 10 ó 20 millones a los actuales 70 millones secos”. En realidad, lo que plantaron Argentina y Chile en los últimos veinte años, o poco menos, no obedeció a un aumento de la demanda mundial, sino a que los productores sudamericanos vieron que era negocio y confiaron en que podían expandirse… y el mercado también.
Pero el consumo de ciruela deshidratada es relativamente inelástico; y a partir de las últimas cosechas escasas, “la oferta está igualada con la demanda”, señaló el referente sureño; y “es probable que el mundo se esté comiendo los saldos de un año para otro”, apuntó.
Por eso “los precios de venta han mejorado”, al punto que “este año el precio de la ciruela subió no menos del 80% respecto del 2020”, en el mercado internacional. Esto se reflejó también en los valores que pagó la industria por la materia prima. “De los $ 22 ó $ 23 el kilo que se pagó el año anterior, la última temporada (2021) pasó a $ 65 el kilo”, dijo Morillas.
El panorama productivo de la ciruela para industria de las últimas campañas, e independientemente de lo que pueda ocurrir en el mercado internacional durante 2022, evidencia la mayor amenaza para la actividad: la alta exposición de las zonas productivas de Mendoza a las condiciones adversas del clima.
En efecto, el negocio se caracteriza por fuertes fluctuaciones y falta de previsibilidad, dadas fundamentalmente por la marcada variabilidad de las producciones, con más años negativos que positivos, en términos de volumen disponible.
Esa “inequitativa” alternancia entre supercosechas y magras producciones está dada por heladas tardías (primaverales) en ciertos estados fenológicos del cultivo; la precipitación de granizo; y la presencia de una enfermedad como la Mancha roja, sobre cuyas causas no parece haber definiciones concluyentes, aunque podría estar relacionada con la incidencia de ciertos ciclos de actividad solar.
Pero también -esta amenaza afecta asimismo al resto de los cultivos- por la probable repetición, para la Región Centro-Oeste de Argentina, de otra década de escasas nevadas por efecto del cambio climático, y el riesgo de sobreexplotación de acuíferos subterráneos y el posible deterioro de la calidad del recurso hídrico contenido en esos reservorios.
Todo esto deja al desnudo, al mismo tiempo, la marcada debilidad del sector -en general- para hacer frente a algunos de estos fenómenos. Al menos a aquellos cuyo impacto podría al menos atenuar. Como las heladas y el granizo.
Es que la tecnología disponible para afrontarlos tiene un costo que no todos están en condiciones de asumir, y ése quizás sea uno de los grandes desafíos para todos quienes están involucrados en la actividad, incluidos los gobiernos municipales (de los departamentos con la mayor superficie productiva) y el de la Provincia de Mendoza.
Estos temas tienen un ámbito para el debate. Es el Cluster de la Ciruela de Industria de Mendoza, un espacio público-privado donde analizan escenarios de mediano y largo plazo, a fin de diseñar planes de mejora competitiva para el sector.
Juan Carlos Morillas, que preside la Comisión Ad Hoc de Cluster, dijo a Campo Andino que “al futuro hay que imaginarlo con plantaciones con riego por goteo que incluya la fertilización; con sistemas de riego subarbóreo por aspersión para mitigar el daño por heladas; con techo (malla) para proteger al cultivo del granizo y con una tecnología de manejo de las plantas que sea consistente con esa estructura de riego y de protección antigranizo”. Por otra parte, “en cuanto a los pequeños productores, van a tener que adecuarse de a poco, pero deberán hacerlo, porque sin dudas los fenómenos climáticos tienen una incidencia muy alta, como para vivir esperando el año próximo con la esperanza que no hiele o no granice”. Morillas admitió que han salido del sistema muchos agricultores y muchas hectáreas de ciruelas, y remarcó que la única manera de seguir, es incorporando -al ritmo que pueda cada uno- el paquete tecnológico adecuado.
CIRUELA PARA INDUSTRIA COMITÉ DE EXPORTADORES DE CIRUELAS DE MENDOZA COSECHA DE CIRUELAS JUAN CARLOS MORILLAS
08
abril
A CAMPO, EN BORDENAVE
«MÁS KILOS REALES EN EL
SUDOESTE BONAERENSE»
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