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SANIDAD

Crece la preocupación por avance de Podredumbre blanca en cultivos de ajo

19 de octubre de 2020

El tema surgió durante las jornadas técnicas del Proyecto Ajo INTA en La Consulta, Mendoza. Expusieron los resultados de diversos ensayos.

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Ante las acotadas expectativas de desarrollar variedades resistentes y todas “las fichas” puestas en la detección precoz como única forma de cerrarle el paso, el avance de Sclerotium cepivorum (Podredumbre blanca) en cultivos de ajo está preocupando a productores, asesores e investigadores de Mendoza y San Juan, las mayores zonas productivas de Argentina.

El tema surgió sobre el cierre de las Jornadas Técnicas de octubre, convocadas -desde la Estación Experimental Agropecuaria La Consulta del INTA- por la Coordinación del Proyecto Ajo de organismo nacional, que es referente por su nivel técnico, en todos los países productores.

La inquietud fue planteada hacia el final de la exposición del Ing. Agr. Pablo Caligiore Gei, quien mostró los avances de un ensayo sobre detección, evolución poblacional y control de la Podredumbre Blanca mediante la interpretación de imágenes térmicas, tomadas con la cámara de un drone, y la aplicación de un producto formulado a partir de nuevas moléculas, para evaluar su efectividad.

Sclerotium cepivorum es un hongo que produce toxinas con las cuales mata las células de la planta, para después alimentarse con su contenido. El daño lo produce en invierno, con bajas temperaturas. El Ing. Caligiore remarcó que “el 99% de las veces ingresa a la finca con la semilla”. De allí la importancia de “realizar análisis del material a sembrar, aunque se conozca su origen”; y recomendó analizar el suelo también, por las dudas.

Advirtó que “una vez que entró, es muy difícil erradicarlo”, y que “no hay muchas esperanzas de encontrar variedades ajo resistentes” a Podredumbre blanca. Recomendó, de paso, que no se usen como semilla para el siguiente ciclo, “esos dientes que se pueden llegar a ‘salvar’ de una producción infectada porque aparenten estar sanos”, ya que seguramente el hongo estará en ese material, aunque todavía no se vean sus efectos.

Para el caso que la propiedad esté infectada, es muy importante la detección precoz de Sclerotium y tratar de hacer al menos algún control. Precisamente en ese tema estuvo trabajando Caligiore durante este invierno. Aplicó distintas dosis de productos y en distintas combinaciones; e independientemente de los resultados preliminares sobre la capacidad de control, habrá que esperar a cosecha para ver cuál ha sido el impacto en términos productivos.

Iniciaron los vuelos del drone -para tomar imágenes del cultivo- en agosto, pero la próxima temporada comenzarán más temprano, y probablemente sectoricen más el control químico, en los lugares donde esté más concentrada la afectación.

FERTILIZANTES Y HERBICIDAS

Los ingenieros Marcelo Martinotti y Lucía Ciotti, en tanto, presentaron resultados preliminares de ensayos con herbicidas pre y post emergentes como alterativa a los herbicidas tradicionales. En el ensayo de preemergencia se destacó una línea de investigación bastante promisoria, por su muy buena respuesta, aunque falta ver el peso a cosecha, para verificar eventuales efectos fitotóxicos en el cultivo.

En el ensayo post emergencia evaluaron malezas presentes y resultados de cobertura. El banco de malezas era similar al ensayo anterior, porque el estudio se hizo sobre cuadros cercanos entre sí. En este caso, algunos productos que están en experimentación no dieron muy buen resultado, “pero hubo dos bastante efectivos, uno de ellos un pre emergente mezclado con una molécula en experimentación, y el otro, una mezcla de un pre emergente con un post emergente en experimentación”, precisaron los investigadores.

Un tercer ensayo fue realizado a partir de una inquietud que acercaron los productores al INTA La Consulta. En este caso, para tratar Fumaria officinalis (Palomita) en postemergencia. Una de las mezclas experimentadas controló bastante esa maleza, aunque produjo lesiones en algunas plantas. Pero “el daño visualizado en hoja no repercutió económicamente, porque el peso de la planta no varió”, afirmaron. Se aclaró que “todavía hay información por procesar y, además, falta ver el peso de bulbo a cosecha”.

Por otra parte, el Ing. Agr. Aldo López, coordinador del Proyecto Ajo del INTA, presentó ensayos con dos fertilizantes. Uno de ellos, aplicable vía foliar o radicular. Tiene certificación orgánica, y hace sinergia con fungicida y herbicidas. El otro, un producto formulado en base a materia orgánica, (un biofertilizante) en reemplazo del guano.

Aunque los resultados preliminares se podrán conocer después de la cosecha, el Ing. López subrayó que “dentro de los cultivos orgánicos hortícolas, el ajo es el más importante, y hay muy pocas alternativas de productos aptos y certificados para la producción orgánica”, por lo que genera expectativa el resultado que pueda surgir de estos estudios.

SIEMBRA DIRECTA DE AJO

A su turno, el Ing. Agr. Juan Pablo D’Amico, del INTA Ascasubi (en el Sudeste de la Provincia de Buenos Aires), dio detalles de un ensayo realizado para evaluar la calidad de la siembra mecánica, directamente sobre el rastrojo, por ejemplo, de trigo.

En una sola operación la maquina abre el surco, coloca la semilla y deja el surco cerrado. Hay una aplicación desarrollada por el INTA para detectar anomalías en la distribución de semillas, que es empleada en distintas siembras de “distribución monograno”, y que se está probando para el ajo.

Llevan cuatro ciclos completos en experimentación de cultivo de ajo sin labranza, para cuidar el suelo. Han tenido rendimientos similares todos los años. Fueron 10.000 kg de Ajo Colorado de calidad comercial, en plantaciones realizadas en surcos a dos caras, con un metro de distancia entre sí. Probaron también acortar esa distancia a 70 cm y verificaron mejoras proporcionalmente directas.

El Ing. D’Amico cree que la siembra directa de ajo puede dar buen resultado en Cuyo porque, además de aportar materia orgánica a los suelos, contribuye a reducir costos de producción y ayuda a retrasar la aparición de malezas. Por supuesto, es una tecnología que va de la mano de la siembra mecanizada. Por otra parte, reveló que trabajan con el INTA Castelar en el análisis de huella de carbono, por si se pudiera colocar el producto en mercados que exigen producir en determinadas condiciones ambientales.

CULTIVARES PARA AJO NEGRO

Silvana Fernández, en tanto, habló sobre la producción de “Ajo Negro”. Es, en realidad, producto de un proceso industrial, que consiste en someter al ajo a alta temperatura y humedad. Esto provoca una serie de reacciones químicas y enzimáticas que, además de oscurecerlo, dejan al ajo más suave, de sabor entre dulce y ligeramente ácido, y con una textura gomosa, similar a la de los frutos deshidratados y tiernizados, como puede ser la ciruela, por ejemplo.

Es un producto con valoradas propiedades nutracéuticas y reconocido con buen precio en los mercados. Pero no hay que “tentarse” con destinar a ese proceso al ajo de segunda o de descarte. “Hay que elegir los mejores bulbos, los de mayor calibre, sin defectos y totalmente sanos”, señaló la investigadora. Fernández ha venido evaluando el desempeño de una decena de variedades de ajo con ese destino industrial.

En principio, ha determinado que el Rubí INTA es el cultivar más aconsejado para la producción de Ajo Negro. Al final de la Jornada -y en otro orden- se adelantó que la semana venidera habrá un próximo encuentro de capacitación, en este caso sobre cosecha y postcosecha; y en diciembre, Silvina Lanzavecchia expondrá sobre “Control de calidad de ajo para exportación”.

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