SUELOS

CONSERVACIÓN

Desarrollan un protocolo que anticipa cambios en la capacidad del suelo para retener carbono

25 de julio de 2026

Un estudio del Instituto de Ingeniería Rural del INTA explora cómo incide, en esta dinámica, la intensidad en la secuencia de cultivos. Propone analizar si esa intensidad es compatible con la capacidad del ambiente para sostener la estructura del suelo, conservar materia orgánica y evitar procesos de degradación.

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LA INTENSIDAD NO ES INOCUA. Este trabajo no pretende afirmar que una mayor intensidad del uso agrícola del suelo sea necesariamente positiva o negativa por sí misma. Pero deja en claro -y por ahí avanza el trabajo- que el manejo que se haga no solo modifica la estructura y la cantidad de carbono presente, sino que también cambia la forma en que el carbono se organiza y queda protegido en la estructura del suelo. FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.


Identificar con mayor precisión en qué punto del proceso productivo el suelo empieza a perder capacidad de retener y proteger los distintos tipos de carbono permitiría realizar cambios en el manejo, antes de que esa pérdida se vuelva visible en los indicadores convencionales.

El manejo agrícola no solo modifica la estructura y la cantidad de carbono presente en el suelo, sino que también cambia la forma en que el carbono se organiza y queda protegido en la estructura del suelo.

Ésa es la principal conclusión –preliminar– de una investigación reciente realizada por el Laboratorio de Terramecánica e Implantación de Cultivos del Instituto de Ingeniería Rural (IIR) del INTA.

INTENSIDAD DE USO Y MANEJO

El trabajo, realizado por Marcos Roba -investigador del IIR- estudia cómo varía la estructura del suelo a medida que aumenta la intensidad del uso agrícola (cuantificada como número de cultivos en un año, y la proporción de gramíneas en la rotación).

Para eso, el especialista analizó, en tres suelos limosos y con cinco secuencias de cultivo distintas, dos tipos de agregados: los biogénicos, originados por la actividad de organismos vivos, y los fisicogénicos, formados por procesos físicos. La comparación permitió identificar de qué manera el suelo organiza y estabiliza su estructura.

EN FOCO. El estudio se focaliza en analizar si la intensidad del uso agrícola del suelo es compatible con la capacidad del ambiente para sostener su estructura, conservar materia orgánica y evitar procesos de degradación.

PROTOCOLO DE VALIDACIÓN      

Como parte de su proyecto de doctorado, Roba realizó una estadía en el Laboratorio Multiusuario de Ultraestructura de la UFRRJ (Seropédica, Brasil), donde trabajó junto al doctor Gervasio Pereira y el doctor Filipe Behrends Kraemer en las vías de agregación del suelo.

Como parte de ese trabajo, desarrolló un protocolo para aplicar microscopía electrónica de barrido combinada con espectroscopía de rayos X por dispersión de energía sobre agregados de 4 milímetros de diámetro sin disturbar.

La metodología permitió validar científicamente la clasificación visual de los agregados mediante imágenes de alta resolución y el análisis de la composición química superficial.

PARA ANTICIPAR LOS CAMBIOS

A diferencia de los indicadores tradicionales, que suelen enfocarse en la cantidad total de carbono, este enfoque posibilita observar una dimensión complementaria: la composición química superficial de los agregados.

Esto permite saber (porque interesa saberlo) no solo cuánto carbono hay en el suelo, sino también cómo aparece distribuido en distintas estructuras y qué señales pueden aportar, esas diferencias, sobre los procesos de agregación.

Además, sobre las mismas muestras fueron evaluadas la hidrofobicidad, la textura, la estabilidad estructural y distintas fracciones de carbono, integrando toda esa información mediante herramientas de estadística multivariada.


AL DETALLE. Se propone incluir, en la ecuación, información obtenida a partir de agregados biogénicos y fisicogénicos, lo que contribuiría a interpretar cambios (en el suelo) que no siempre son evidentes cuando sólo se consideran indicadores globales de carbono.


CONCLUSIONES PRELIMINARES

Los resultados permitieron, al investigador, establecer que el manejo agrícola influye de manera indirecta sobre el carbono, porque modifica la estructura del suelo y el tipo de agregación predominante.

A medida que aumenta la intensidad en la secuencia de cultivos, crece la presencia de agregados biogénicos, producto de la actividad de la fauna del suelo, los microorganismos y las raíces, una característica que condiciona la respuesta del carbono frente a las prácticas agrícolas.

En dos de los tres sitios sobre los cuales trabajó, los agregados biogénicos presentaron mayor C superficial, asociado al C particulado.

Sin embargo, aclara que estos resultados no deben interpretarse como una regla general, ni como una respuesta única del suelo frente a un disturbio. La diferenciación entre agregados varió según el campo y el grado de degradación inicial.

«Tanto la degradación como la agregación del suelo implican un cambio en cómo se organiza, se acumula y se protege el carbono» explicó Roba, al tiempo que destacó que las distintas intensidades de manejo modifican esos procesos de maneras diferentes.

PARA QUÉ SIRVE SABER ÉSTO

Ese hallazgo tiene implicancias concretas. Comprender los mecanismos de agregación, permite identificar con mayor precisión en qué punto del proceso productivo el suelo empieza a perder capacidad de retener y proteger los distintos tipos de carbono.

Tener esto en claro permitirá, al productor, implementar cambios en el manejo con mayores posibilidades de evitar que se agrave el problema.

Esto es así, porque este protocolo posibilita identificar un proceso de deterioro del suelo, antes que la pérdida de esa capacidad se vuelva visible en estudios basados en metodologías que evalúan indicadores convencionales.

QUÉ PRETENDE ESTE ESTUDIO

En este punto, surge una aclaración: «Este trabajo no pretende afirmar que una mayor intensidad agrícola sea necesariamente positiva o negativa por sí misma. Propone analizar si esa intensidad es compatible con la capacidad del ambiente para sostener su estructura, conservar materia orgánica y evitar procesos de degradación» .

La información obtenida a partir de los agregados puede ayudar a interpretar cambios que no siempre son evidentes cuando sólo se consideran indicadores globales de carbono.

El referente del Instituto de Ingeniería Rural del INTA en esta materia, considera que el valor principal de esta aproximación está en abrir una línea de investigación para, por un lado, estudiar la organización del suelo a través de sus agregados.

Por otro, explorar si la relación entre agregados biogénicos, agregados fisicogénicos y composición superficial puede presentarse como indicadores sensibles de cambios estructurales. Reconoce que todavía se trata de resultados en desarrollo, que requieren ser ampliados, contrastados y relacionados con otras mediciones físicas, químicas e hidrofísicas.

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