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El Niño podría potenciar producciones agrícolas y estabilizar sistemas ganaderos en Argentina

4 de julio de 2026

Especialistas del INTA destacan oportunidades que traería una (esperable) mayor disponibilidad de agua que, además, ayudaría a recuperar reservas hídricas. Recomiendan monitorear pronósticos y tomar decisiones inteligentes para aprovechar el escenario productivo que favorecería el fenómeno.

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SE VIENE. «El Niño» está en evolución. De acuerdo a la proyección más reciente, tendría una intensidad de moderada a fuerte y un desarrollo hasta -al menos- finales del verano de 2027, dicen desde el INTA. Pero advierten que más que preguntarse si un Niño intenso traerá más lluvia, el desafío consiste en comprender cómo responderán los sistemas productivos frente a escenarios crecientemente variables. FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.


La evolución del fenómeno climático El Niño vuelve a poner el agua en el centro de la estrategia productiva argentina, en este caso, por los mayores aportes hídricos que debería traer aparejado para esta región del Hemisferio Sur.

Especialistas del INTA señalan que «a diferencia de otros eventos que generan restricciones, estos ciclos suelen ofrecer condiciones favorables para gran parte de las regiones agrícolas y ganaderas del país».

Es que llegan con lluvias normales o por encima de lo habitual, y una menor probabilidad de déficits durante etapas críticas de los cultivos, señala un informe difundido por el organismo nacional de investigación y extensión agropecuaria.

SEGUIMIENTO PERMANENTE

No obstante, «el comportamiento del fenómeno debe analizarse con seguimiento permanente y sin apresurarse a conclusiones definitivas» dice Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA.

Por lo pronto, queda claro que «se está desarrollando el fenómeno climático El Niño que, de acuerdo a la proyección más reciente, tendría una intensidad de moderada a fuerte y un desarrollo hasta -al menos- finales del verano de 2027» afirmó.

Mercuri explicó que el impacto de El Niño no es uniforme a escala global, y que depende de la dinámica de los océanos y de cómo evolucionan las condiciones en cada región.

SALTO PRODUCTIVO. Según los especialistas, este contexto climático ofrece la posibilidad de identificar ambientes productivos con alto potencial y aprovecharlos con manejos específicos. Aseguran que es una oportunidad para ensayar, en ellos, esquemas o estrategias de producción de alto rendimiento.

HABRÁ RIESGO DE CRECIENTES…

En Sudamérica, especialmente en Argentina, Paraguay, Uruguay, el sur de Brasil y de Chile, los años Niño suelen estar asociados a mayores probabilidades de lluvias normales o superiores a las habituales.

Por eso, el investigador remarcó la importancia del monitoreo climático para comprender cómo puede comportarse el fenómeno en cada territorio.

Porque, por ejemplo, las lluvias intensas con las que suele manifestarse, pueden provocar anegamientos; especialmente en las grandes cuencas de la región, como la cuenca alta de los ríos Paraná y Uruguay.

Esta situación, que ocasiona el aumento de la altura y el caudal de esos cursos de agua, la sufren más las zonas bajas cercanas a ellos, las islas, y las riveras.

…Y OPORTUNIDADES PRODUCTIVAS

Al mismo tiempo, «son años en los que no tenemos limitación en la disponibilidad de agua para la producción», afirmó Pablo Mercuri.

Esa condición «se traduce en mejores posibilidades para la agricultura y también para la ganadería, sobre todo en regiones donde el agua suele ser un factor restrictivo».

En la actividad ganadera, el impacto positivo aparece rápidamente en la producción de pasturas y pastizales. Además, disminuye la probabilidad de atravesar veranos críticos, lo que mejora la disponibilidad forrajera y la estabilidad de los sistemas productivos.

En agricultura, este escenario también habilita estrategias de mayor intensidad productiva. Dice que las campañas durante años Niño y también las posteriores, suelen mostrar altos niveles de producción en importantes regiones agrícolas de Argentina.

La disponibilidad de agua permite, además, avanzar sobre esquemas agronómicos orientados a maximizar rendimientos, según el cultivo y la zona.

LA AGRICULTURA. En áreas bajo riego, la atención está centrada en la evolución de las cuencas cordilleranas, la acumulación de nieve, y la disponibilidad futura de agua en los embalses. En cualquier caso, es recomendable planificar y manejar adecuadamente cada sistema. Inclusive, aplicar prácticas de conservación de suelos en zonas con pendiente y considerar el comportamiento de lluvias intensas en períodos cortos.

DECISIONES INTELIGENTES

Ahora bien, según el especialista, para aprovechar estas oportunidades es necesario anticiparse a estos escenarios con decisiones «climáticamente inteligentes» . En esa línea, dio pautas de manejo que cobran especial relevancia cuando el agua deja de ser una limitante.

El general, recomienda ir pensando en «doble cultivo, o cultivos de cobertura; siembra de gramíneas en alta densidad; siembras (en general) más tempranas; fertilizaciones adecuadas…».

Mercuri subrayó, de paso, que este contexto climático ofrece la posibilidad de identificar ambientes productivos con alto potencial y aprovecharlos con estrategias específicas. «Es una oportunidad para ensayar, en ellos, esquemas de producción de alto rendimiento» .

RECUPERAR RESERVAS DE AGUA

El especialista destacó, por otra parte, que la disponibilidad hídrica no solo beneficia a la producción agrícola y ganadera, sino que tiene impacto directo sobre las reservas de agua destinadas a otros usos esenciales.

En efecto, las lluvias asociadas a El Niño permiten recuperar reservorios no sólo para abastecer a los sistemas agrícolas y bebida animal sino, en ciertas zonas, para consumo de la población.


EN GANADERÍA, el impacto positivo de mayores precipitaciones se evidencia rápidamente en la producción de pasturas y pastizales. En sistemas ganaderos de secano, pequeños cambios en el régimen pueden traducirse en mejoras o deterioros significativos en la disponibilidad forrajera. Pero, también en estos casos, no sólo importa cuánto llueve, sino también cuándo ocurre y en qué condiciones ambientales.


MANEJO ADECUADO DEL SISTEMA

Aun en un escenario potencialmente favorable para la producción (en términos de disponibilidad de agua), el especialista del INTA remarcó la necesidad de planificar y manejar adecuadamente cada sistema.

En particular, subrayó la importancia de aplicar prácticas de conservación de suelos en zonas con pendiente y de considerar el comportamiento de lluvias intensas en períodos cortos.

En este marco, Mercuri mencionó herramientas de manejo promovidas por el INTA como curvas de nivel, terrazas y distintos métodos de sistematización. Para él, la clave está en combinar el seguimiento climático con decisiones productivas oportunas.

LA CUENCAS CORDILLERANAS

En ambientes áridos y semiáridos como los que se extienden desde el norte patagónico hasta el Norte de Argentina, cualquier variación en la disponibilidad de agua puede tener efectos importantes sobre los sistemas productivos.

Cristian Musi Saluj -técnico del INTA Valle Inferior– aclaró, no obstante, que más importante que la cantidad de lluvia es su distribución en el tiempo y la interacción con otras variables climáticas.

En las áreas bajo riego, (incluidos, también, los sistemas productivos de todas las provincias del Oeste) la atención está centrada en la evolución de las cuencas cordilleranas, la acumulación de nieve, y la disponibilidad futura de agua en los embalses.

Por eso es que, en esos ambientes, una eventual mejora en la disponibilidad de agua dependerá más del comportamiento de cada cuenca que de la sola presencia del fenómeno El Niño.

LA GANADERÍA DE SECANO

En los sistemas ganaderos de secano, en tanto, pequeños cambios en las precipitaciones pueden traducirse en mejoras o deterioros significativos en la disponibilidad forrajera.

También en estos casos -remarcan los técnicos- no sólo importa cuánto llueve, sino también cuándo ocurre y en qué condiciones ambientales.

Además, un evento Niño intenso podría influir indirectamente sobre aspectos como el estrés térmico animal, la dinámica de los pastizales, la disponibilidad de agua para bebida y el comportamiento de plagas y enfermedades, señala el reporte del INTA que releva consideraciones de estos especialistas.

Mientras en otras regiones del país El Niño suele asociarse casi automáticamente con más lluvias, en la Norpatagonia la realidad es mucho más variable y depende de la interacción de múltiples factores atmosféricos y oceánicos.

«Más que preguntarse si un Niño intenso traerá más lluvia, el desafío consiste en comprender cómo responderán los sistemas productivos frente a escenarios crecientemente variables», concluyó Cristian Musi Saluj.

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