INVESTIGACIÓN

GENÉTICA

Enviarán semillas de quinua al espacio para ponerlas a prueba en condiciones extremas

20 de marzo de 2026

Es material desarrollado y conservado en Argentina, por investigadores del INTA. Irá en una cápsula experimental, en el marco de un acuerdo con organizaciones internacionales.

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Semillas de quinua obtenidas y conservadas en Argentina por el INTA serán enviadas al espacio para evaluar cómo responden a condiciones propias del ambiente orbital, como la radiación, la microgravedad y las variaciones térmicas extremas.

La elección de esta especie nativa de los Andes se debió a su capacidad de adaptación a ambientes hostiles y su valor nutricional, dos características que la convierten en un modelo para estudiar tolerancia biológica en condiciones de estrés extremo.

El objetivo es aprovechar los atributos de esta especie para comprender cómo responden los sistemas biológicos al ambiente espacial, y generar información sobre su aprendizaje adaptativo, para aplicarla luego en el desarrollo de cultivos más resistentes para la producción agrícola en la Tierra.

UN PROYECTO INTERNACIONAL

Según surge de un reporte de INTA Informa (uno de los canales de comunicación del ente estatal) el material argentino se integra a un proyecto internacional que empezó por investigar el comportamiento de semillas expuestas a irradiación energética comparable con procesos que ocurren en el espacio.

Para esta nueva fase del estudio, Argentina aportará material genético de quinua variedad Morrillos (Chenopodium quinoa), desarrollado y conservado por investigadores del INTA, tras más de diez años de trabajos de caracterización agronómica.

Las semillas serán «embarcadas» (durante el segundo trimestre de este año) en una cápsula diseñada para registrar variables ambientales durante el vuelo y poder, luego, evaluar la respuesta del material biológico a esos cambios.

COLABORACIÓN CIENTÍFICA

El Dr. Ing. Agr. Claudio Galmarini, director del Centro Regional MendozaSan Juan del INTA, destacó que la participación del ente estatal se inscribe en «su extensa trayectoria en la caracterización de recursos genéticos, así como en programas de mejoramiento genético» de distintas especies vegetales.

El referente regional del INTA (quien, dicho sea de paso, es reconocido como obtentor y mejorador de genética hortícola en La Consulta, Mendoza) destacó que «poder participar en esta iniciativa internacional (…) representa todo un desafío y abre las puertas a oportunidades insospechadas de colaboración» .

«Este acuerdo -agregó- nos permite aportar material vegetal con trazabilidad científica y asegurar que su utilización se limite estrictamente a investigación. Además, posibilitará desarrollar estudios fisiológicos, genómicos y experimentos tanto en laboratorios terrestres como durante la misión espacial» señaló Galmarini.

POR QUÉ ELIGIERON LA QUINUA

Las semillas fueron provistas por el equipo del INTA San Juan integrado por Lucas Guillén, Gonzalo Roqueiro y Nadia Bárcena, en el marco del Proyecto de Mejoramiento Genético de Cultivos Industriales coordinado por Paola Fontana, y en articulación con profesionales de otras unidades del organismo a través de la Red Quinua.

De acuerdo con Guillén, la elección de la quinua responde a sus cualidades biológicas y a su valor estratégico como cultivo. Apuntó que, comprender la respuesta de las semillas a ambientes de alta radiación y estrés, puede generar información clave para la agricultura del futuro.

«Es una especie extremadamente resiliente» explicó. «Puede crecer en ambientes con salinidad, sequía y amplitudes térmicas importantes», por lo que es «un modelo para estudiar cómo responden las plantas frente a condiciones extremas» .

GENÉTICA PUESTA A PRUEBA

El investigador añadió que «el objetivo es generar conocimiento sobre los mecanismos de tolerancia de las plantas» y que «ese aprendizaje puede trasladarse luego al desarrollo de cultivos más resistentes para la producción en la Tierra» .

El espacio funciona como un laboratorio natural de condiciones límite: alta radiación, escasez de agua, suelos minerales pobres y variaciones térmicas extremas.

Estudiar cómo reaccionan las semillas frente a estos factores, permite identificar mecanismos de adaptación que luego pueden ser aprovechados en programas de mejoramiento genético.

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