TECNOLOGÍA
PROTAGONISTAS
Claudio Galmarini, director del Centro Regional Mendoza-San Juan del INTA, valora el rol de los procesos de integración vertical con asistencia tecnológica para alcanzar ese propósito, aunque admite que en muchos casos será difícil salvar las diferencias. Extenso diálogo con Campo Andino, con definiciones sobre su agenda para abordar un nuevo período de gestión.
CLAUDIO GALMARINI. El referente regional del INTA dejó definiciones sobre -entre otros temas- el problema del agua y la energía; la necesidad de asegurar la sostenibilidad de los sistemas productivos; el desafío de las nuevas tecnologías y el rol del organismo nacional como custodio del patrimonio genético de la agricultura argentina. FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.

Al promediar el año inició un nuevo período como Director del Centro Regional Mendoza – San Juan del INTA, aunque el acto protocolar de puesta en funciones tendrá lugar, en Luján de Cuyo, en poco menos de diez días.
El Dr. Ing. Agr. Claudio Galmarini da continuidad a su gestión en un escenario de nuevos desafíos, pero sosteniendo lineamientos que orientaron su trabajo previo (como, por ejemplo, la necesidad de dar respuestas tecnológicas al problema de la crisis hídrica) y redoblando esfuerzos en el abordaje de otros como -por mencionar algunos- la energía y la intensificación sostenible de los sistemas productivos.
Galmarini mantuvo un extenso diálogo con Campo Andino, en el que abordó éstos y otros temas considerados prioritarios en la agenda regional, en función de las demandas del Campo y la Agroindustria del Centro Oeste de Argentina. En los párrafos que siguen, las partes más salientes de la charla.
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– El problema del agua, su disponibilidad y la gestión (en el sentido más amplio) del recurso hídrico, sigue ocupando los primeros lugares en la agenda del INTA en la Región. ¿Cómo ve el escenario hacia adelante?
– El año pasado y éste tuvimos buenas nevadas en Mendoza. En San Juan (después de un período complicado como el anterior) este último invierno hubo buen nivel de precipitaciones también. Por eso es que, en términos de disponibilidad de agua para riego agrícola, no visualizamos problemas para el ciclo 2024-2025.
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– Habría que ver si esto preanuncia un cambio de tendencia, luego de tantas temporadas en situación de crisis hídrica. ¿Qué proyecciones hay sobre lo que cabe esperar a futuro?
– Las prospectivas que hacen los investigadores del Inanigla (por ejemplo) especializados en Glaciología, en Nivología… dicen que en los próximos diez años vamos a tener más episodios de mega sequía que de buenas nevadas. Entonces, la situación hídrica sigue siendo prioritaria. Tenemos que trabajar para seguir mejorando la forma en que usamos el agua.
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– Claro que, en la medida que esa mejora pase por aumentar el área regada con sistemas presurizados y… antes que eso, en zonas donde hay que extraer el recurso de los acuíferos subterráneos, el costo de la energía eléctrica pasa a ser un factor condicionante…
– Ese punto nos preocupa. Tenemos reuniones muy frecuentes con gente que está en el desarrollo de sistemas que permiten generar energía a partir de fuentes alternativas. La extracción de agua mediante bombas accionadas por energía solar, por ejemplo, permite reducir sensiblemente los costos…
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– ¿Habrá riesgo de que esa baja de costos hiciera perder de vista el objetivo de aplicar el recurso hídrico de manera más racional?
– Es una pregunta que suelen hacerme. Por eso no falta quien proponga colocar caudalímetros en los pozos. Son temas para considerar… entre otros. Porque, por poner un caso, si bien sabemos cómo se recargan los acuíferos, no hay buenos balances que nos permitan conocer cuál es el volumen de agua que llevan, en un momento determinado, como para decidir -por ejemplo- la habilitación de nuevos pozos…
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– En el caso de Mendoza, esto debería estar contemplado en el Código de Aguas que, desde hace meses, es materia de debate en toda la provincia…
– Claro, pero al margen de poder aportar a ese debate, eso no es competencia del INTA. Sí nos corresponde dar a conocer cuánta agua necesita un cultivo; en qué momento hay que regarlo más… y en qué momento puede tolerar condiciones de déficit hídrico; qué variedades requieren menos agua para producir el mismo volumen…
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– Además de eso, las técnicas de manejo del riego…
– Es así. El productor que adquiere un equipo de riego por goteo (aunque la empresa que lo provea le indique cómo manejarlo) no siempre lo usa en función de la demanda real del cultivo. Eso muchas veces deriva en un uso ineficiente del agua y la energía y en mayores costos, y no necesariamente se refleja en mayor productividad.
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– Al margen de conocer (o no) el requerimiento de cada cultivo, ¿habrá suficiente número de operarios calificados para manejar esos equipos?
– Ése es un punto interesante. En San Juan (trabajando con la Universidad), y en Mendoza también, hemos hecho cursos destinados a chicos de escuelas agrotécnicas, para capacitarlos en manejo de la tecnología del riego por goteo. Algunos formaron empresas de servicios, y están asistiendo a productores de su zona.
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– … ¿Con la idea de seguir el día a día del sistema productivo?
– Claro, porque un ingeniero agrónomo generalmente no está en los detalles operativos, y si el productor tiene alguien que esté controlando los caudales aplicados, y -en general- la eficiencia del equipo que tiene instalado, el sistema productivo va a mejorar y… le está dando trabajo a los chicos. Esto, de paso, contribuye con el arraigo de la gente en el campo, que es uno de los puntos críticos de la ruralidad.
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– En ese plano de la capacitación, ¿han dado continuidad a los cursos para operar maquinaria agrícola?
– Seguimos con eso. Este año estamos trabajando con la tercera cohorte, en convenio con la firma Agromaq, de Mendoza (que pone la maquinaria), la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo; la Municipalidad de Luján de Cuyo; Bodegas de Argentinas… y otros socios, para formar operarios de maquinaria (tractores, vendimiadoras) …
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– La tecnología que tienen incorporada plantea un desafío adicional a quienes vayan a sentársele a uno de esos equipos…
– Hace cuarenta años, cuando estábamos estudiando, nos enseñaban a manejar un tractor. Hoy, yo podría manejar un tractor, pero dudo que pudiera usar todo el instrumental que tiene incorporado y que permite hacer el trabajo de manera más eficiente.
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– ¿Qué respuesta ha tenido esta iniciativa de capacitación?
– Para la primera cohorte, en 2022, habíamos puesto 28 años como límite de edad y un cupo acotado, porque el curso tiene mucha actividad práctica. Teníamos dudas sobre la respuesta que tendría esa convocatoria. Pero, para nuestra sorpresa, la gente interesada superó ese cupo. Venía de zonas rurales de otros departamentos inclusive, algunos muy alejados de Luján de Cuyo… como La Paz.
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– ¿Han podido evaluar resultados, luego de las dos primeras promociones?
– Algunos ya venían con actividad en alguna finca. Otros no. Pero todos tienen trabajo. Es que, esta propuesta de capacitación, como está concebida, tiene un valor adicional en ese sentido. Partamos del hecho que no cualquiera puede manejar un tractor… o una cosechadora de uvas; y cuando la empresa (la que pone la maquinaria para las prácticas) vende una unidad, es muy probable que vaya a recomendar a alguien para operarla… porque ese operario ha sido formado por su personal técnico.
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– Algo así como una fórmula con la ganan todos…
– Claro, porque el operario tiene trabajo y quien compró la máquina se asegura de tener quién sepa operarla. Desde la perspectiva del proveedor, es un servicio adicional para su cliente; pero también una forma de asegurarse, básicamente, que quien va a manejar ese equipo sabrá aprovechar sus prestaciones y lo hará de forma que no afecte su vida útil… No hay que olvidar que hay una garantía de por medio, y eso pesa también.
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– Y no hemos hablado todavía del uso de drones en la agricultura…
– Bueno, esto amplía el panorama de oportunidades y de desafíos también. Son tecnologías que llegaron para quedarse. Habrá que incorporarlas según las posibilidades, pero -como ocurre con otros equipos- no cualquiera puede pilotar un dron y aprovechar todas sus prestaciones… que van asociadas a desarrollos tecnológicos que involucran a distintas disciplinas.
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– No es para cualquiera… y no en cualquier lugar se puede aprender.
– Vale la misma consideración: hay nichos para la capacitación de jóvenes rurales que no están en el sistema formal de una escuela técnica o en la universidad, sino que están en otras estructuras más flexibles, más dinámicas, que agregan valor a la producción y le ayudan a la gente a conseguir trabajo.
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– Hablamos de ciertas herramientas tecnológicas y de recurso humano capacitado para operarla, pero la realidad es que no todos los productores tienen acceso a esas herramientas…
– Es un problema; porque deriva en ineficiencias que se traducen en una brecha productiva que en algunos casos es difícil salvar. Pero es posible -en muchos otros- achicar la brecha productiva dada por problemas de escala. Hay iniciativas exitosas, de las cuales somos parte. Como el programa de transferencia de tecnología Tomate 2000, en el que estamos involucrados junto con todo el sector del tomate de industria y sus proveedores.
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– ¿Cómo dimensionar el éxito de Tomate 2000?
– En términos de brecha productiva, precisamente. Los productores integrados en el Programa están logrando rendimientos de entre 120 y 150 toneladas, mientras que quienes están fuera del Programa andan (según los años, y considerando una media) entre 40 y 50 toneladas por hectárea.
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– ¿Por qué tanta diferencia?
– Quizás no hacen cosas tan distintas (aunque algunas diferencias hay). Pero me refiero a que, lo de mayor impacto, es hacer esas cosas bien. Hacerlas a tiempo y con asistencia profesional; aplicando una buena dosis de racionalidad a todo el proceso productivo y, en general, a la visión del negocio.
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– ¿Ocurre algo similar en otros sectores de la producción?
– Bueno… –aunque no exactamente con el mismo perfil de integración que el sector del tomate de industria- es sobradamente conocido el caso de la cadena vitivinícola, con su Plan Estratégico, en el que también tenemos participación a través de distintas unidades del INTA. Pero ponemos atención, también, en otros ámbitos de producción y con otras maneras de aportar a su mejora competitiva.
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– ¿Con qué herramientas y hacia qué producciones está orientado ese aporte?
– La contribución (a través de la investigación y la transferencia de tecnología) con la diversificación y el agregado de valor a la producción primaria, estuvo siempre entre nuestros objetivos prioritarios. Por mencionar un ejemplo: el deshidratado de hortalizas. El mejoramiento genético de zapallo y de cebolla, realizado en el INTA, ha permitido dar respuestas a necesidades de la industria de optimizar sus procesos y ha permitido que los productores se integren y puedan trabajar con contratos, y que todo el sistema funcione.
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– Hablando de sistemas que funcionen. La producción de alimentaos, en general, parece estar ante el desafío de asumir el paradigma de estos tiempos: la sostenibilidad.
– Es un eje fuerte de trabajo para nosotros; como lo es para cualquier producción en el mundo. No sólo la sostenibilidad económica y la social, sino -sobre todo- la ambiental. El mundo está preocupado por el cambio climático, por las emisiones de carbono, por el uso eficiente del agua…
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– Esto involucra directamente al productor…
– … Y en particular si lo que produce va a tener por destino ciertos mercados del exterior. En esos casos, podemos tener productos de muy buena calidad, pero si no se cumplen determinadas condiciones ambientales, el problema ya no es cuánto vale mi producto, sino que no voy a poder venderlo.
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– En esa misma línea, suena mucho el concepto de agricultura regenerativa…
– Para simplificarlo, podríamos decir que implica producir imitando a la naturaleza en la manera de utilizar los recursos. Por ejemplo, con determinado manejo del suelo, manteniendo una buena flora microbiana, con más materia orgánica que pueda fijar nitrógeno. El hecho de no agregar demasiados químicos al suelo, favorece los procesos naturales…
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– ¿En qué medida es posible imitar a la naturaleza para producir, en la Región, como en Mendoza, en San Juan, en La Rioja…?
– Es difícil aplicarlo de manera estricta en una agricultura como la nuestra. Esto es un desierto; lo cual determina la mayor dificultad (aunque no es la única): el agua que reciben los cultivos es la que les entregamos a través del riego. Es muy diferente a la lógica de un productor de la Pampa Húmeda, donde -si bien se reemplaza la vegetación nativa por un cultivo, obviamente, y aunque en algunas zonas se riega- el agua es la que naturalmente aporta la lluvia. Pero estamos buscando la manera…
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– ¿Hay alguna iniciativa relacionada con esta manera de producir?
– La firma Unilever (con la cual tenemos un convenio importante) les está pidiendo a sus proveedores de hortalizas para su planta de deshidratado, que apliquen este criterio de agricultura regenerativa… Somos parte de ese convenio, y estamos aprendiendo junto con los productores. Además, hay otros dos convenios relacionados con prácticas sustentables en al menos dos cadenas: viticultura y tomate para industria. Hay financiamiento del Banco Credicoop a los productores, y nosotros tendremos a cargo la parte técnica.
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– Para no salirnos del tema, ¿trabajan también en agroecología, en economía circular… en esas otras formas de producir que podríamos englobar en el concepto de la sostenibilidad?
– Hablamos de intensificación sostenible; de usar menos insumos con el objetivo de producir al menos lo mismo que venimos producimos de manera tradicional. En vid, por ejemplo, funciona bien. Estamos trabajando en convenio con la bodega Bonfanti que, a partir de un manejo agroecológico de sus viñedos, está produciendo vinos de buena calidad, que tienen un nicho de mercado diferente al convencional.
Lo de la economía circular está relacionado con eso. Se trata de usar los residuos de la actividad agrícola para producir bioinsumos. En este caso, tenemos un convenio fuerte con la empresa Devinsa (Derivados Vínicos), que usa restos de orujo o de poda, para producir sobre todo compost, y sustratos que terminan siendo abonos orgánicos para los cultivos.
Además, estamos con un proyecto con el Departamento General de Irrigación y la Municipalidad de Las Heras para darle un uso distinto a las aguas servidas del Acre de Paramillos. Hace tiempo que son utilizadas para la producción forestal, pero creemos que pueden ser aplicadas a cultivos de consuno directo. Estamos trabajando en la calidad de esas aguas, evaluando algunos tratamientos y siguiendo la trazabilidad desde el punto de vista bacteriológico, de inocuidad… para garantizar que se pueden producir alimentos sanos.
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– Mencionó, durante la charla, el tema del mejoramiento genético. El INTA tiene desarrollos (o introducciones) en varias regiones, que son custodiados en los bancos genéticos de distintas Experimentales, según su especialidad. ¿Cuál es ese patrimonio genético preservado en la Región?
– Es una de nuestras prioridades. La Colección de recursos genéticos de Vid que tenemos en la Experimental Mendoza (en Luján de Cuyo); la Colección de Olivos que tenemos La Experimental San Juan (en Pocito), que es la más grande del Hemisferio Sur; el Banco de Germoplasma de Hortalizas de la Experimental La Consulta (en el Valle de Uco) …
Esto es muy importante para nosotros. No por el sólo hecho de tener esos materiales, por ser custodios de esos recursos genéticos, sino también para poder caracterizarlos y usarlos… y enriquecerlos, porque nuestros programas de mejoramiento genético terminan en variedades diferentes, que se adaptan mejor al cambio climático, que son tolerantes a algunas enfermedades, a algunas plagas… o tienen mejor rendimiento o calidad. La custodia y ampliación de los recursos genéticos siempre ha sido una función esencial del INTA, y la sostenemos.
CENTRO REGIONAL INTA MENDOZA-SAN JUAN CLAUDIO GALMARINI
08
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