HORTALIZAS
PRODUCCIÓN
Suman incertidumbre algunos errores al inicio del cultivo, la debilidad de la “macro” argentina y lo que ocurra hacia fin de ciclo con la demanda brasileña.
En un contexto signado por la emergencia hídrica; errores propios (de al menos una parte) del sector productivo; condiciones macroeconómicas imprevisibles; y un escenario comercial cargado de incertidumbre por las secuelas de la recesión económica derivada de la crisis sanitaria global, el negocio del ajo es, hoy, “una moneda arrojada al aire”. A medida que empiece a “caer”, y cuando (hacia mediados de octubre) esté a punto de clavarse en el suelo -quizás polvoriento por entonces- de las chacras andinas, tal vez tengamos el panorama un poco más claro.
Esta es la idea que nos quedó como resumen de la conferencia que, organizada por el Proyecto Ajo del INTA con apoyo de las entidades privadas sectoriales de Mendoza, San Juan y Brasil, se realizó hace unos días a través de plataformas virtuales.
Aunque habrá que ver en qué medida las buenas noticias contrapesarán el impacto de las peores, empecemos por las positivas… para soportar mejor el “mal trago”. Una de las que ayudará -y mucho- ya había circulado en el sector, pero la ratificó, desde Brasil, Rafael Corsino.
El dirigente de ANAPA (la entidad que nuclea a los productores brasileños de ajos) confirmó que la Justicia de su país rechazó los amparos que habían interpuesto empresas importadoras para eludir el pago de la tasa antidumping que grava el ingreso de ajo chino a Brasil.
Esto es crucial, porque ni los productores brasileños que están “a un paso” del mercado (cuanto menos los exportadores argentinos, que deben transitar algunos miles de kilómetros) pueden competir, en precio, con el ajo que llega de Oriente. Son valores que, llamativa e invariablemente, se sitúan por debajo de los costos razonables de producción.
La otra positiva es que España (que al igual que China, cosecha en mayo) no parecería muy interesada este año, por las pérdidas que ha sufrido, en apuntar al mercado brasileño.
Por otra parte, aunque en este caso seguramente no tendrá impacto directo en la próxima temporada comercial, Guillermo San Martín, de ASOCAMEN (la entidad que representa al sector ajero de Mendoza), destacó la importancia de haber avanzado, junto con el Gobierno de esa provincia, en la puesta en marcha del FIDA, un fondo que -capitalizado básicamente con aportes del sector privado- financiará la investigación en el ámbito de la producción primaria, y el desarrollo de mercados.
A comienzos de este mes se firmó el convenio para la creación del Consejo de Administración y se avanza en el texto que reglamentará la operatoria del Fondo, que dispondrá -en la etapa inicial de su actividad- de unos 2 millones de pesos.

GUILLERMO SAN MARTÍN, ejecutivo de ASOCAMEN (Mendoza), confió en que la constitución del FIDA permitirá comenzar a canalizar recursos de ese fondo hacia trabajos de investigación y acciones de desarrollo de mercados, e instó a mantener los estándares de calidad del producto argentino. (FOTO DE ARCHIVO / CAMPO ANDINO).
Lo cierto es que, aunque parece haberse “conjurado el riesgo” de tener que competir en condiciones desventajosas con ajo “extra zona” en el mercado brasileño, la situación igual muestra facetas muy preocupantes para el negocio.
Por un lado, la escasez de agua. Es un problema que no debería sorprender, al menos a quienes regularmente acceden a la versión impresa de Campo Andino. El año pasado, ya, en la edición de septiembre-octubre, referentes mendocinos del sector advertían que el ciclo 2020 iba a empezar con falta de agua para los cultivos de ajo.
Esto quedó ratificado en la conferencia de la semana pasada. Desde San Juan, el ingeniero agrónomo Luis Kulichevsky, de la Agencia de Extensión Rural Pocito del INTA, aseguró que “vamos a tener un año muy duro, por la falta de agua”. Adelantó, de paso, que para el ciclo 2020 fueron sembradas alrededor de 1.500 ha con ajo en esa provincia. Esto es, unas 300 más que el año pasado… “pero la mitad” de la superficie destinada a ese cultivo “en las mejores temporadas”, aclaró.
Kulichevsky estimó que, otros años, las reservas en diques superaban -a veces holgadamente- la necesidad anual de riego (más las pérdidas contempladas) de la totalidad de los cultivos hortícolas en la provincia del Norte cuyano. Pero este año, el agua contenida por las represas sanjuaninas equivale más o menos a un tercio del volumen necesario. De manera que, la diferencia debería completarse “con la nieve de este invierno” que, a priori, no parece que vaya a ser muy abundante.
El profesional del INTA de Pocito advirtió: “Vamos a tener que prepararnos para un escenario muy duro…en San Juan y en Mendoza también”. Apuntó que “si falta agua en los últimos 60 días del cultivo vamos a estar en problemas…porque sabemos que el ajo se vende por calibre”.
A todo esto, desde la Estación Experimental Agropecuaria La Consulta (en San Carlos), el coordinador del Proyecto Ajo del INTA, ingeniero agrónomo Aldo López, detalló lo que, efectivamente, es un problema muy serio también para Mendoza.
López expuso material generado por los ingenieros agrónomos Débora Lavanderos y José Portela, que permitió cotejar el volumen de agua necesaria para atender el requerimiento de los cultivos, y las proyecciones sobre la disponibilidad del recurso hídrico.
Baste señalar que, según lo expuesto -tomando como referencia datos del Departamento General de Irrigación- transitamos “un año hidrológico seco”. En el mejor de los casos (el del río Mendoza, puntualmente) la disponibilidad de agua no superaría el 60% de un año promedio.

En este escenario, será prudente “afinar” al detalle el manejo del sistema de riego. Partiendo de premisas básicas, como tener presentes, al momento de formular la ecuación, variables tales como la nivelación del suelo y su textura, y el largo del surco a regar, para el caso de sistemas no presurizados (“a manto”; con uso de lonas y sifones; o con mangas).
Todo ello, considerando (también en las opciones de riego por goteo o por aspersión) los requerimientos del cultivo a lo largo del ciclo; la disponibilidad de agua; y la eficiencia del sistema utilizado. En este último sentido, se estima que la eficiencia de un sistema de riego por goteo puede rondar el 90%, pero el riego por surco, generalmente no supera el 50%.
El abordaje de este tema se apoyó en material del ingeniero agrónomo Víctor Lipinnsky; y de él se desprende, asimismo, una advertencia: El ajo también necesita agua en invierno. Por eso preocupa (dicho sea de paso) la “corta” que cada invierno dispone el Departamento General de Irrigación para facilitar la limpieza de cauces. Hay temor por el impacto que pueda causar en los cultivos de ajo, la falta de agua durante 30 ó 60 días.
Mientras en Brasil esperan buena performance en términos de volumen y calidad (a pesar de la afectación por sequía en algunas zonas y problemas sanitarios por exceso de humedad en otras) en Cuyo la situación es variable, pero con la amenaza de la sequía como factor de riesgo, en común.
Desde San Juan, el Ing. Kulichevsky señalaba que, en esa provincia “los cultivos vienen bien”, pero “el problema puede llegar a partir de agosto, si faltara agua”. Sobre todo porque “disminuyó la superficie regada por goteo”.
Por otra parte, adelantó que el ajo Blanco ocupa la mitad de la superficie cultivada, y el resto es Morado”; que no hubo cambios en la densidad de siembra; y que el productor usó semilla propia esta temporada.
Estos últimos puntos son motivo de preocupación también en Mendoza, donde escaseó la semilla y el costo fue muy alto.Es que, debido al buen precio que tuvo el ajo la última temporada, lo poco que no se vendió fue lo de menor tamaño, y el chacarero que no hizo reserva de semilla de la cosecha propia, tuvo que salir a comprar ese “remanente comercial”, por así decirlo. De manera que una parte (no se sabe cuánto) de la oferta mendocina del ciclo comercial ’20/’21, será producto de una genética que no favorecería un desarrollo con aptitud comercial de primera línea.
Aparte de eso, hubo siembras demasiado tempranas (a principios de febrero), apuntó el Ing. Aldo López; de modo que ese ajo no tuvo el tiempo adecuado de “dormición”…o no estaba todo lo “despierto” que hubiese sido conveniente. Asimismo, se terminó de sembrar demasiado tarde.
Estos últimos fueron, particularmente, esos casos de productores que tuvieron que salir a comprar “lo que quedó” para poder iniciar el nuevo ciclo agrícola. Por otro lado, el referente del INTA La Consulta advirtió que se hicieron muy pocos análisis de semillas este año; al tiempo que admitió que habrá algunos cultivos con problemas sanitarios.
ALDO LÓPEZ, coordinador del Proyecto Ajo del INTA, advierte que las dificultades que se esperan para este año, en lo productivo y en lo comercial, podrían agravar el proceso de concentración de la producción de ajo en un número menor de agricultores. (FOTO DE ARCHIVO/CAMPO ANDINO).

RIESGOS A LARGO PLAZO
También apuntó como una debilidad (y esto ya es tendencia, porque se viene notando en los últimos años) el hecho que el productor de Mendoza se incline por el cultivo de una mayor superficie de ajo Morado y menos de Colorado… habiendo relegado al ajo Blanco a un área cada año menos relevante en términos relativos. En ese punto advierte que el sector se está metiendo en “un callejón sin salida”.
Porque, si bien el “Morado” puede entregar mayores rindes y permite tener plata en la mano antes que con los demás tipos comerciales, descuidar el Blanco es renunciar a la fortaleza competitiva de poder ofrecer un ajo diferenciado respecto del que obtiene el resto de los países productores que participan en la disputa del mercado global.
Por otra parte, hizo un llamado de atención acerca de la creciente concentración del área cultivada en un número menor de productores. Entiende que es un proceso que, a la larga, no va a favorecer la expansión del negocio. De todos modos, dicho sea de paso, no hay estimaciones (como no sea alguna proyección del sector privado no institucional) sobre el número de hectáreas destinadas al cultivo de ajo en la provincia. Es que el relevamiento oficial, en Mendoza, lo hace el Instituto de Desarrollo Rural; y el IDR da a conocer el resultado de sus relevamientos recién hacia el mes de octubre de cada año.
EL DESAYUNO DE RAFAEL
Pero el panorama productivo es sólo parte de problema. Hay otros factores de incertidumbre que sobrevolarán el escenario hasta el inicio del nuevo ciclo comercial del ajo. Por supuesto, el panorama económico de Argentina que, si ya era previsiblemente complicado, sin necesidad de “ayuda externa”… con la “nueva realidad” -desconocida aún- muy probablemente será más difícil todavía.
¿Quién sabe cuántos pesos van a recibir los exportadores por cada dólar facturado? y ¿Cómo quedará la cuenta cuando comparen ese número con el que surja de multiplicar los pesos que en realidad tuvo que poner cada eslabón de la cadena por cada dólar necesario para proveerse de insumos en la chacra y en el empaque?
Claro que resta saber, también, cuántos dólares van a percibir por cada caja puesta en Brasil. Eso dependerá del precio con el que entre el ajo chino (incluyendo la tasa antidumping) y, sobre todo, de la fuerza que pueda tener la demanda… y de la capacidad de compra del consumidor brasileño.
Es que las noticias que llegan del hemisferio Norte no son alentadoras. Si bien España -mayor productor europeo y uno de los jugadores fuertes en el mercado global- ha tenido notables pérdidas por lluvias en época de cosecha que podrían llegar al 50% en La Mancha (la región de mayor producción) y de hasta el 20% en otras, en China las cosas han sido distintas. Observadores internacionales aseguran que el gigante oriental cosechó 20% más este año que el anterior, y que la calidad de su producción es buena.
Este tema le planteamos, durante la conferencia de la semana pasada, al referente de ANAPA, Rafael Corsino; y su respuesta no hizo más que ratificar que ése es el punto clave. “Es una pregunta que me hago todos los días”, respondió. Reveló que hoy, “los precios son interesantes porque la oferta es baja, pero cuando empiece a entrar el ajo nuevo…”.
No es para sorprenderse que Rafael “se desayune” todos los días con esa pregunta, en tiempos en que -según reveló- la crisis sanitaria tiene semiparalizadas las cadenas hortícolas en su país.

RAFAEL CORSINO, dirigente de ANAPA (Brasil) comparte la incertidumbre sobre cuál será la situación del mercado brasileño cuando comienza a ingresar la producción de ajo nuevo, desde fines de octubre-principios de noviembre. “Es una pregunta que me hago todos los días”, aseguró. (FOTO DE ARCHIVO/CAMPO ANDINO).
El Ing. Aldo López adelantó que habrá otras jornadas (que serán canalizadas también a través de plataformas virtuales), sobre temas agronómicos relacionados con el cultivo de ajo.
Esta modalidad de vinculación con distintos sectores productivos se ha potenciado como herramienta de transferencia tecnológica desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria hacia distintos sectores productivos, en todo el país.
De hecho, el ingeniero Claudio Galmarini, director del Centro Regional Mendoza-San Juan del INTA, destacó el “alto impacto” que viene teniendo cada convocatoria, y remarcó que “esta virtualidad llegó para quedarse”. En otro orden, y en relación directa con la preocupación de los sectores productivos del Centro-Oeste de Argentina ante un nuevo ciclo signado por la escasez de agua (Mendoza lleva una década en situación de emergencia hídrica), Galmarini reveló que el Centro Regional que dirige, acaba de firmar un convenio con el Departamento General de Irrigación de esa provincia, para trabajar sobre temas vinculados con eficiencia de riego y cuestiones estrictamente agronómicas.
AJO DE MENDOZA AJO DE SAN JUAN DEMANDA BRASILEÑA DE AJO PRODUCCIÓN DE AJO