GANADERÍA

COYUNTURA

Ganaderos del semiárido esperan lluvias estivales que perfilen un mejor año productivo

30 de septiembre de 2024

Hay campos degradados y «se necesitan sí o sí buenas precipitaciones de las que definen el ciclo ganadero» dijo el referente técnico del sur mendocino, Dr. Eduardo Naldini. Sobre cómo vienen este año las pariciones… Bueno, mejor «entrar» y leer.

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EDUARDO NALDINI. El veterinario alvearense admitió que las precipitaciones de otoño favorecieron el rebrote de algunas especies forrajeras. Pero apuntó que en su mayoría son anuales, mientras que «lo que define la carga estable» en un campo del secano semiárido «es la cantidad de plantas de especies perennes». FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.


Los ganaderos del Sur de Mendoza, donde se concentra la mayor parte del rodeo bovino de cría de la provincia andina, aguardan con expectativa las lluvias de primavera-verano que reencaucen el próximo ciclo productivo.

Luego de 3 ó 4 años de clima adverso, con precipitaciones escasas y pese a que este año el invierno fue duro, «el hecho que hayamos tenido un otoño húmedo favoreció el despegue de algunas especies forrajeras de invierno» dijo el Dr. Eduardo Naldini, asesor de productores con campos en General Alvear y zona de influencia.

En diálogo con Campo Andino, el profesional (médico veterinario de reconocida trayectoria y valorada solvencia en gran parte del semiárido del Oeste de Argentina), señaló que «esas especies han rebrotado con los calores de primavera y los campos empiezan a verse más verdes».

Reconoció que «esto significa un aporte nutricional muy bueno» pero advirtió que «es efímero, porque en su mayoría son especies anuales, que a fin de noviembre ya dejan de estar».

QUE LLUEVA… Se necesitan lluvias aceptables de verano poder destetar buenos terneros pero, fundamentalmente, para que se preñen de nuevo las vacas en este próximo servicio, dijo Eduardo Naldini.

LAS QUE CUENTAN SON…

Naldini subrayó que, en realidad, «las lluvias de primavera, o las de inicios del verano son las que van definir el ciclo ganadero próximo».

O sea que, «entramos bien a la primavera, pero como los campos están un poco degradados, se necesita sí o sí una lluvia aceptable de verano para que el ciclo ganadero sea bueno, para poder destetar buenos terneros… pero, fundamentalmente, para que se preñen de nuevo las vacas en este próximo servicio».

El veterinario alvearense admitió que «estamos mejor que en las primaveras pasadas, con una situación positiva, pero dependemos mucho de las lluvias de verano, que son las que dan el volumen mayor de forraje anual» .

EL CAMPO VIENE GOLPEADO

Para definir el manejo del rodeo bovino de Mendoza, «hay que asumir que acá, las lluvias que cuentan son las de noviembre, diciembre enero… hasta marzo», indicó. «En ese período tiene que llover para tener un mejor ciclo productivo».

Recordó que «el año pasado llovió mucho el otoño, pero nada en el verano, entonces no se acumularon pastos de verano y los campos, en general, quedaron desprovistos de comida» . Así es que, «lo que se necesitaría es que lloviera como es lo típico acá, sobre todo en noviembre, diciembre y enero» .

LA PROGRAMACIÓN de cada ciclo ganadero, en el secano semiárido, es conveniente hacerla con las especies perennes de verano y las perennes de invierno.

LAS ESPECIES QUE «PESAN»

En cuanto a las especies forrajeras que prevalecen en primavera-verano y en otoño-invierno, «depende de la zona» dijo Naldini. «Se encuentran casi todas, en todos los campos; lo que pasa es que cambia la proporción en la que están presentes».

«Lo que hay que tener claro -advirtió- es que la programación del manejo debe hacerse con especies perennes, porque las anuales pueden estar un año y al siguiente no. Lo que define la carga estable en un campo es la cantidad de plantas de especies perennes», sentenció.

«Lo que se da anualmente, es bienvenido… pero, por mejor que sea, no es recomendable programar el manejo del pastizal (y del rodeo) en base a esas especies» enfatizó. «Por ejemplo, en esta primavera apareció una anual, a la que llamamos peludilla, una especie de buena calidad, que se ve como un almácigo en los campos…».

«Pero hacía como 5 ó 6 años no se veía, y ahora apareció porque llovió en el otoño. Por eso es que, aunque es bueno que estén, porque suman a la oferta forrajera, uno no puede contar con estas especies para programar el manejo».

Enfatizó que «la programación de cada ciclo es conveniente hacerla con las especies perennes de verano, como la flechilla crespa; cola de zorro; en los campos que tienen suelos un poco más arcillosos o mezcla aparece el pasto de hoja; el tupe en las zonas muy arenosas… digitaria… etc. que rebrotan en primavera-verano y, junto con ellas, las especies perennes de invierno como la flechilla fina y el unquillo (o pasto hilo) entre otras».

MIRANDO EL ALMANAQUE

Los ganaderos del secano miran de reojo el calendario, con una expectativa que crece a medida que transcurren las semanas, y parece que el ánimo no es el mejor.

El Dr. Eduardo Naldini dijo a Campo Andino que los productores de la región están inquietos, «porque vienen apaleados por el clima» . Es que… «los precios van y vienen -reflexionó- pero el problema de fondo es que con tres o cuatro años de seca la gente se ha descapitalizado de vientres, y cuando venga a tomar mejor precio es cuando va a tener que reponer».

Lo cierto es que todos están pendientes del almanaque… y mirando para arriba. Porque «la oferta forrajera está disponible en el verano, y en esa época es cuando ocurren las cosas más importantes, que es el nacimiento de los terneros, el crecimiento y la preñez», remarca Naldini.

MÁS TERNEROS, PERO «COLEROS»

Este año, las pariciones -en general- también vienen demoradas. Normalmente, los terneros nacían a partir de septiembre-octubre, pero «como estos años no fueron generosos en cuanto a disponibilidad de pasto, hubo un corrimiento de los nacimientos» recordó el referente de la ganadería del semiárido.

En efecto, estos años pasados hubo muchos nacimientos en noviembre-diciembre, por lo que los terneros han salido un poco más livianos, con las condiciones propias de las crías que son «cola de parición» .

En ese sentido, parece que este año no será muy distinto. El corrimiento de los nacimientos responde, lógicamente, a que, al momento del último servicio, las vacas demoraron la entrada en celo porque venían con baja condición corporal.

Lo que podría cambiar es que cabe esperar un mayor número de terneros porque, aunque los servicios arrancaron tarde, las mencionadas lluvias de otoño que mejoraron las pasturas invernales, ayudó a que los vientres pudieran llevar de mejor manera sus preñeces.

Por eso es que el Dr. Eduardo Naldini cree que podría darse una próxima zafra con mayor número de terneros, aunque la mejora, en general, no alcanzaría como para reacomodarse en el calendario ganadero ya que es probable que buena parte de los nacimientos terminen concentrándose en la «cola de parición» . Aparte, habrá que ver qué ocurrirá con el peso que tendrán esos terneros al nacer.

Por otra parte: Esto, si fuera así -e independientemente de lo generoso que pudiera ser el clima con las lluvias de este próximo verano- ya podría estar determinando (no sabemos en qué medida) una nueva demora en el servicio 2024/2025 y, consecuentemente, impediría que llegáramos a la zafra 2026 con los tiempos productivos reubicados en las fechas que podríamos considerar históricas.

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