FRUTAS FRESCAS
NEGOCIOS
Esto normalizaría el abastecimiento, trabado por una medida del Senasa que provoca pérdidas económicas y alienta la suba de precios y el comercio informal.
Operadores mendocinos del comercio frutihortícola mayorista, proponen que los mercados de concentración instalados en el Norte de su provincia sean un segundo punto de control sanitario de los cítricos que llegan desde las zonas de producción, que complemente el trabajo de las Barreras del Iscamen.
El esquema planteado como eje de esta propuesta -que, según trascendió, tendría consenso en el ámbito oficial de la Provincia y entre otros actores de la cadena- permitiría restablecer la operatoria comercial, normalizar el abastecimiento de esa mercadería y frenar las pérdidas económicas; garantizando -con un sistema de doble control- las condiciones exigibles en materia fitosanitaria.
La iniciativa surgió como respuesta a una resolución del Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria (Senasa) que restringe movimientos con los citrus que ingresan desde el Norte argentino y el Litoral a la provincia cuyana, para garantizar el estatus sanitario del Valle de Uco y el Oasis Sur de Mendoza y la Región Patagónica, en su condición de áreas libres de Mosca del Mediterráneo.
El asunto repercutió muy fuerte. De hecho, el jueves último el sitio oficial del Gobierno de Mendoza en Internet daba cuenta de una reunión en la que fue analizada «una serie de medidas nacionales relativas a la comercialización de cítricos, tanto en Mendoza como Patagonia» que «generó tensiones entre quienes comercializan y redistribuyen cítricos».
Se informaba que asistieron «representantes de las cámaras de tratamientos cuarentenarios, de los mercados concentradores y técnicos del Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria Mendoza (Iscamen)», con el propósito de «trabajar una propuesta consensuada para elevar al organismo nacional».
La idea es buscar una vía «que destrabe la situación y garantice la seguridad y trazabilidad de la fruta que ingresa a las áreas libres de mosca del Mediterráneo tanto de Mendoza como de Patagonia, pero que no excluya a los mercados concentradores y los intermediarios en la comercialización de cítricos», dice el reporte oficial.
En efecto, fuentes inobjetables del sector privado aseguraron a Campo Andino que la medida del organismo nacional -a la que consideran injustificada- causó mucho malestar.
Es que está provocando un daño económico muy importante, debido a que en los hechos cortó la cadena de comercialización y, consecuentemente, el trabajo de mucha gente, y «lo peor –afirman- es que traerá aparejado un aumento del riesgo sanitario».
Fundamentan esta última observación en que, al haber alterado los circuitos formales de comercialización, hay una situación de desabastecimiento y de demanda insatisfecha, que probablemente ya esté siendo aprovechada por quienes operan al margen de la formalidad.
Una de las fuentes de referencia para la Redacción de Campo Andino reflexionaba que «la clandestinidad viene de la mano de las prohibiciones o de las complejidades de algunas medidas, por mejor intencionadas que pudieran ser».
Los cargamentos de cítricos, por el hecho de ser uno de los hospederos naturales de la Mosca del Mediterráneo, una plaga que provoca daño económico en los cultivos (de frutas, en este caso) deben ser fumigados en origen para poder ingresar a áreas libres, esto es, Valle de Uco y Oasis Sur de Mendoza, y la Región Patagónica.
Desde que esa estrategia sanitaria está vigente, esas cargas podían pasar directamente hacia a su destino (cualquiera fuere), o podían ser desconsolidadas en Mendoza y su contenido repartido en distintas remesas, junto con otras frutas y hortalizas, hacia diversas regiones. Incluido el vasto territorio que se extiende desde el Valle de Uco hacia el Sur del país.
Al parecer, en Patagonia detectaron, el año pasado, alguna larva viva (de Mosca) en una remesa de pomelos. Esa mercadería, en teoría, debió haber sido fumigada previo a consolidar esa carga (en el Norte de Argentina), que antes de ir al Sur pasó por Mendoza. De hecho, iba con documentación de trazabilidad donde constaba que había sido tratada en cámara.
En este punto, un paréntesis para señalar que en el sector privado de Mendoza valoran el trabajo del Iscamen, «que -dicen- hace un 20% de muestreo (altísimo en términos de parámetros internacionales)», en las Barreras Sanitarias instaladas en los límites interprovinciales, en distintos puntos de ingreso al territorio mendocino. Pero, al parecer, la carga donde iba esa fruta con alguna larva de Mosca, pasó sin ser advertida.
Lo cierto es que, ante la detección de esa larva de Mosca del Mediterráneo en la Barrera Patagónica, el Senasa dispuso -a fines de diciembre- que toda carga de cítricos con destino a las áreas libres de la plaga, debía ir de manera directa, sin escalas, desde el punto de origen. Es decir, sin posibilidad de reenvío desde la Zona Norte de Mendoza hacia el Valle de Uco o el Sur provincial, ni a Patagonia.
Un mes después, el organismo nacional aceptó que permaneciera en Mendoza, siempre que tuviera por destino un galpón/burbuja. Una opción que -aparte de no resolver el problema, según dicen- parece que todavía no se pudo poner en práctica.
No pudo aplicarse en primera instancia -según trascendió- porque no estaba bien definido el procedimiento a seguir en las cámaras fumigadoras instaladas en las zonas de origen de la fruta.
Luego, con ese punto más claro, los Centros de Tratamiento Cuarentenario (donde funcionan esas cámaras) suspendieron la actividad, aduciendo imposibilidad de cumplir algunas exigencias y en rechazo al incremento de aranceles que habría dispuesto el organismo nacional.
Lo cierto es que ahora, no hay cítricos, porque ni siquiera las dos o tres empresas que operan con galpones-burbuja en Mendoza tienen la posibilidad de cargar con destino a la provincia cuyana.
En el sector del comercio frutihortícola mayorista mendocino reconocen, primero, la existencia del problema. Pero advierten que «la zona a cuidar no debe ser solamente Patagonia; también es Mendoza».
Advirtieron, de paso, que «en Patagonia ya venían con inconvenientes; de hecho, tuvieron que cuarentenar una zona y hubo algún empaque que no pudo trabajar durante un tiempo», por problemas sanitarios originados en la propia región.
Al margen de eso -y aunque dicen entender la posición del Senasa- el problema (y ese es el otro motivo de malestar) es que el organismo nacional, con la intención de dar una solución, «salió con una medida (la opción de los galpones/frigoríficos burbuja) que exige un procedimiento muy complicado y costoso por la dinámica que tienen los cítricos y el volumen importante que se mueve». Esto «provocó la ruptura de la cadena comercial -aseguran- y, lo peor, es que no va a resolver el problema».
En el ámbito privado dicen que la medida impuesta no se justifica, porque Mendoza no es productora de cítricos. Explican que «lo que quiere el Senasa es hacer un sistema de burbuja, como tiene actualmente la fruta de carozo».
Reconocen que esto último tiene su razón de ser, porque Mendoza es productora de carozos (como así también de pimiento, que es otro hospedero de Mosca del Mediterráneo). Pero no produce cítricos, de manera que «no hay riesgo que una mercadería fumigada se mezcle con otra que no haya sido tratada».
Por otra parte, limitar el movimiento de la fruta (en el Norte mendocino) a los galpones/frigoríficos burbuja, traería aparejado un procedimiento extremadamente lento y costoso.
En esa zona hay sólo tres establecimientos con esas características. A uno de ellos, no hay que contarlo. Es de Cencosud y trabaja sólo para las sucursales de sus cadenas de hipermercados distribuidas en las áreas libres de Mosca. Otro está dentro del Mercado Cooperativo de Guaymallén y hay un tercero, en Godoy Cruz.
De manera que habría disponibles solo dos establecimientos, cuya dimensión puede ofrecer una operatoria ágil… pero para lo que fueron pensados, que es la logística (sanitaria) de frutas de carozo y pimiento.
Estas son especies -también hospederos de Mosca- de las cuales se mueven cantidades mucho menores que la de cítricos. Los operadores aducen que, si en esos galpones tuvieran que procesar adecuadamente ese volumen extra, el flujo de mercadería sería tan lento, y el costo adicional tan alto, que no resolvería el problema.
Ni pensar en montar nuevos galpones burbuja. Suponen inversiones muy importantes… para quedar en el mismo punto, porque el proceso seguiría siendo lento y caro.
Por otra parte, están convencidos de que, así, no se va a resolver un problema (el fitosanitario) que -insisten- pasa por fuera del circuito formal. Lo explican con el siguiente razonamiento.
«Mientras más compliquen la operatoria con prohibiciones, restricciones y cualquier medida que implique mayores costos -como las ahora impuestas- se altera el circuito normal de los negocios y -al margen del daño económico provocado a los operadores, en general- se limita sensiblemente el abastecimiento».
Eso «dispara los precios y, con una oferta extremadamente acotada a través de los canales formales, algunos se verán tentados a comerciar en la informalidad», y «ahí sí, las condiciones fitosanitarias de las zonas protegidas van a estar en riesgo». Porque «nadie sabe en qué condiciones se encuentra esa mercadería que viaja camuflada«.
Por todo esto, entienden que es necesario resolver el problema en forma urgente, y tienen una propuesta que, al parecer, tendría alto nivel de consenso entre los actores mendocinos de la cadena.
La premisa es que el procedimiento sea sencillo de implementar y eficaz en sus resultados… y que no excluya a nadie. Porque aseguran que la medida vigente «rompe la cadena normal de comercialización, es costosa y excluye a mucha gente». Hasta podría ocurrir que el comercio patagónico dejara de comprar en Mendoza, lo implicaría un daño comercial que podría ser difícil de revertir.
Entonces, lo que proponen, es que -aparte del control que hacen los inspectores del Iscamen en las Barreras Sanitarias instaladas en los puntos de ingreso a la provincia de Mendoza- los mercados de concentración frutihortícola sean un segundo nivel de control.
Que no permitan que ingresen a sus establecimientos, cítricos que no vengan acompañados de la documentación que acredite trazabilidad. Eso, si es que por alguna razón hubiesen logrado sortear los controles en Barreras. Por ejemplo, habiendo ingresado a Mendoza por algún camino alternativo, si los hubiere.
Según la propuesta, los mercados concentradores de Mendoza -que deberían inscribirse en categoría de zona segura– ejercerían controles administrativos; mientras que el Iscamen debería asignar inspectores que controlen, en cada mercado, el ingreso y el egreso de las cargas. Esto le daría respaldo administrativo, técnico e institucional al procedimiento. Aseguran que es una alternativa efectiva y de bajo costo.
Esto -entienden en el sector- garantizaría, por un lado, que la fruta que ingresa a Mendoza, llegó fumigada. Es decir, sometida a un procedimiento de prevención sanitaria que, dicho sea de paso, está parametrizado internacionalmente.
Además, como la iniciativa contemplaría -además- que sólo pueda ir a las áreas libres de Mosca la fruta que salga de esos centros comerciales, los operadores mendocinos entienden que están planteando un esquema doblemente seguro desde el punto de vista fitosanitario.
Por otra parte, restablecería la fluidez de la oferta y el equilibrio del mercado y, junto con ello, frenaría la sangría de ingresos que en este momento lo siente toda la cadena de comercialización, desde los grandes operadores hasta los comercios minoristas de cercanía.
Asimismo, acotaría notablemente el margen de maniobra de quienes transitan circuitos comerciales informales que, en este escenario, probablemente estén moviéndose rápidamente para abastecer -a su manera- una demanda que no tiene respuesta por la vía formal.
Afirman que la propuesta tiene sustento técnico y consenso de las partes involucradas, aunque hasta la noche de este viernes desconocíamos mayores precisiones, y no estaba claro cuándo sería puesta a consideración del Senasa.
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