GANADERÍA
ESCENARIOS
Aun así, se saldrá más rápido que de la sequía 2007-2009, según el análisis del consultor y ganadero Víctor Tonelli. Factores que aceleran el proceso actual.
VÍCTOR TONELLI destacó que “el productor entendió que, sacando del campo las vacas improductivas mejoraba significativamente la eficiencia de su rodeo de cría y la tasa de destete”. FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.
La incorporación de tecnologías de manejo del rodeo de cría, y el oxígeno financiero que aporta el mercado chino como destino de los vientres que fue necesario resignar, deberían acelerar la recomposición del rodeo, menguado por la seca, apenas empiece a mejorar la oferta de forraje en primavera.
Es la proyección que hace Víctor Tonelli, consultor y productor ganadero en la provincia de Buenos Aires, luego de comparar las condiciones en las que ocurrió -y el impacto que tuvo sobre el sector- esta última sequía, y la que diezmó el rodeo nacional hace quince años.
Durante un extenso diálogo con Campo Andino, Tonelli dejó -de paso- alguna consideración sobre los presupuestos que deben darse para validar su optimismo sobre lo que cabe esperar.
Por un lado, que la mejora en la oferta forrajera dependerá de las lluvias de invierno, aunque confía en la creciente precisión de los pronósticos que anticipan un inminente escenario de neutralidad al que debería seguir la llegada de El Niño, en fenómeno asociado a lluvias más frecuentes y, probablemente, copiosas.
Por otra parte, deslizó, durante la charla, que «si todo va bien, y cambia la política y la gente está entusiasmada…» la recuperación podría ser relativamente consistente a partir del servicio 2024.
En este punto, una consideración (que no es de Tonelli): Para el entore del 2024 falta algo más de un año y medio, de manera que, a pesar del desafío que plantea el cambio climático, probablemente sea más fácil (o menos difícil) saber qué va a pasar con el clima que lo que pueda ocurrir con la política, en la Argentina.
En cualquier caso, Tonelli plantea que habrá que esperar un par de años para que la mejora en el clima impacte en la recuperación del estado corporal del disminuido plantel de madres (por lo menos 1,5 millones más de vientres vacíos, que los que tenemos habitualmente, según su estimación).
Lo cierto es que, para encontrar el antecedente más reciente del fuerte impacto de una sequía en la ganadería nacional, habría que remontarse al 2008/2009. Eso sí, «fueron dos sequías muy diferentes, en dos contextos políticos distintos, y con el productor en situaciones también diferentes, con lo cual la comparación no puede ser lineal», aclaró Tonelli.
Sobre la del 2008/2009 («que arrancó en el 2007», apuntó) señaló, en primer lugar, que «fueron tres años muy duros», aunque «no en todo el país». Pero recordó que «en algunas regiones las condiciones fueron tremendamente graves».
Puso como ejemplo «el sudeste y sudoeste de la provincia de Buenos Aires, donde los campos se volaban por falta de cobertura … y en La Pampa también, con un efecto que fue letal, al punto que se perdió entre 15% y el 20% del stock de esas provincias».
De manera que aquella sequía «fue muy intensa en algunas zonas, pero no tuvo la misma magnitud en todo el país, y si bien el impacto fue duro, no fue la sequía el único factor que hizo que retrocediéramos 10 millones de cabezas».
Al clima «se sumó la política, y el desestímulo que provocaron los bajísimos precios del ganado, frente a los altísimos costos de sostenerlo dentro del campo». Así, el sector se encontró con «la peor ecuación». Recordó que «en aquella instancia, resultaba más barato malvender la vaca al precio que fuera, antes que comprar un rollo de pasto para poder sostenerla».
Esta última sequía, en cambio, tuvo más alcance territorial y con particular afectación en el rodeo de cría. «No va a tener la gravedad de la del 2007/2009 -dijo Tonelli- pero sí ha tenido un impacto muy duro, muy fuerte», a partir de una situación de «sequía intensa a extrema en las zonas donde está entre el 75% y el 80% de las vacas de cría».
Detalló, sobre este punto, que «el 75% o más, de los 23 millones de vacas que debieron haber entrado a servicio (desde mediados de septiembre del 2022 en las zonas templadas, y un poco más tarde en las zonas más externas a la Región Pampeana, donde el forraje está disponible más tarde), estuvieron de muy afectadas, a extremadamente afectadas».
Ahora bien, «esta situación se dio en una circunstancia… no política -porque la política siguió más o menos igual o peor que en aquellos años- de mejores precios para el productor y cierta fortaleza financiera» y una mayor capacidad para acceder a insumos críticos en esta instancia. Por ejemplo, «en esta última sequía se justificaba comprar un rollo para salvar una vaca… y el productor, en general, lo hizo».
Entonces, tras el episodio de 2008/2009 «perdimos 10 millones de cabezas, se perdió una cantidad enorme de terneros, retrocedimos varios casilleros … nos costó diez años recuperar apenas el 60% del stock que llegamos a tener en el 2006». Eso «ya lo sabemos, ya ocurrió, pero en circunstancias muy diferentes a las actuales».
En la actualidad, «lo primero que vemos (y en esto coincidimos muchos) es que el gran perjuicio que se va a ver como consecuencia de esta sequía, es que el servicio estuvo afectado en todas las zonas productivas».
Tonelli remarcó, sobre este punto, que «desde la zona templada pampeana hasta las más extremas del Oeste semiárido y árido y, sobre todo las del NOA y NEA, estuvieron afectadas desde el inicio hasta el final de la temporada de servicio».
«Eso, que ya ocurrió, inexorablemente nos va a pasar una factura muy grande. Podemos incluso hasta imaginar la cuenta; y la cuenta de esta sequía ya nos está anticipando que vamos a tener un número mucho mayor de vacas vacías. Van a ser entre 1.500.000 y 1.800.000 más que las que habitualmente tenemos», dijo el especialista. Esto equivale a «una pérdida cercana al 7% u 8% de las preñeces».
Ahora bien, «como entre preñez y marcación, a nivel país, hay un diferencial del 10% aproximadamente (a un nivel de preñez del 90% le correspondería una marcación de, más o menos, el 81%, por poner un ejemplo), ya podemos contabilizar una pérdida que podrá fluctuar entre 1,2; 1,3 ó 1,4 millones de terneros, que no van a nacer este año y que no van a estar en la zafra del 2024».
Esos números «pueden variar en 200.000 más o 200.000 menos (que no es poco), pero nos dan un marco de magnitud del problema», y subrayó: «Eso ya ocurrió, ya es irreversible. Lo que no se preñó no se va a preñar, y los terneros que no van a nacer, no van estar. Hasta ahí las diferencias, y los rangos de magnitud más impactantes de esta sequía».
Si en esta oportunidad el criador tuvo más resto financiero, fue debido a la demanda de China, «un mercado que no teníamos en el 2007/2008/2009, porque se abrió en el 2018», recordó Tonelli. «Esa vaca vacía, y la que hubo que sacar forzadamente de los campos por la sequía, tuvo una salida de mercado a un valor razonable. No digo ideal, ni bueno, ni el deseado… pero sí razonable. Es decir, que la vaca vacía que tuviste que sacar del campo la pudiste vender, te la compraron, te la pagaron razonablemente bien, y en un plazo razonablemente corto. Entonces, tu solidez financiera de antes de la sequía no se vio tan afectada como si hubieses tenido que malvender esa vaca», razonó.
«Lo que de alguna manera quiero marcar -dijo Tonelli- es que, entre las dos sequías, la comparación lineal no es válida, porque las circunstancias del productor fueron muy distintas». Remarco que «en la sequía anterior estuvo mucho más desfinanciado y sin estímulo respecto de lo que cabía esperar a futuro».
Ahora, además de la salida comercial que ofrece el mercado chino, que aporta una cuota de oxígeno financiero, cabe esperar un cambio positivo en las condiciones del clima. «Los pronósticos meteorológicos, que cada vez son más precisos, están indicando que La Niña ya se fue, que viene la neutralidad, y que en poco tiempo debería llegar El Niño» (y con él, las lluvias más frecuentes).
Entonces, «habrá que afrontar las consecuencias de la sequía, pero se acaba La Niña y empezará una paulatina recuperación». Eso «cambia las circunstancias», indicó, de manera que, en general, es dable pensar que «será posible iniciar una recomposición del sistema productivo ni bien se resuelva el problema de la escasez de forraje».
Víctor Tonelli destacó que, al –relativo– alivio financiero que implicó la apertura del mercado chino para la vaca y la inminente llegada de las lluvias, se suma un tercer factor que podría acortar los tiempos de recuperación del stock bovino a la salida de esta sequía, respecto de la del 2007-2009.
Esa variable que entró a terciar («y que es muy destacable», dijo) es que «el productor entendió que, sacando del campo las vacas improductivas -ésas a las que les daba un año más, porque como no valían nada no las quería liquidar- mejoraba significativamente la eficiencia de su rodeo de cría y la tasa de destete».
Eso «ya lo aprendió el productor, y también se enlaza con la aparición del destino China», analizó el consultor y ganadero bonaerense. Porque «China te dio un mercado para esa vaca de descarte, con un valor entre bueno y razonable y, además, te obligó a cumplir con el Plan de Brucelosis, sin el cual no es posible entrar» a su territorio.
Tonelli explicó que «el Plan de Brucelosis también tuvo un impacto positivo en la marcación», de manera que «no solamente hay una mejora en la productividad de los rodeos por depuración, sino que la mejora en sanidad reproductiva y otras incorporaciones tecnológicas ya ocurrieron, ya se metieron en la cultura del criador».
Por todo ello entiende que el proceso de salida de esta sequía va a ser más corto que el de hace quince años, porque «deberíamos tener una primavera con mucho forraje después de un invierno que -se espera- será lluvioso, y el criador ya incorporó la tecnología que le permitió mejorar los resultados».
Claro que… «eso lo vamos a ver en la zafra 2025, y una recuperación del rodeo a pleno (si cabe la expresión) recién la vamos a tener en el destete del 2026». Porque «en el 2023 nos vamos a encontrar, como mínimo, con 1,5 millones menos de vacas en servicio, porque no van a ser suficientes -para reemplazarlas, las vaquillonas que puedan estar listas» para entorar.
En resumen, «vamos a tener muchos menos vientres; y aunque en 2023 tengamos un buen servicio, van a ser las pariciones del 2024 y la zafra del 2025». Después, «el servicio pleno -si todo va bien, y cambia la política y la gente está entusiasmada- se va a reflejar en el entore del 2024, que van a ser las pariciones del 2025 y los destetes y la zafra del 2026». De manera que «esto nos va a llevar dos años; pero eso es mucho menos que los 10 años que nos llevó recuperarnos de la sequía anterior», finalizó Víctor Tonelli.
SEQUÍA STOCK BOVINO EN ARGENTINA VÍCTOR TONELLI