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ANÁLISIS
Productores y exportadores registraron uno de los peores cierres de temporada en años recientes. Sufrieron el triple impacto del cambio de las reglas del comercio con Brasil; la presión (de compradores de otros mercados) sobre los precios; y lluvias y calor durante la cosecha.
INTERROGANTE. El autor del artículo desliza el temor que la reestructuración del mercado brasileño -el comprador más importante del ajo argentino- termine condicionando de manera permanente las estrategias comerciales de los actores locales del negocio. FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.

El cierre de la campaña comercial y de producción de ajo en la provincia de Mendoza dejó un sabor amargo, con una temporada 2025/2026 que acumuló adversidades en todos los frentes.
Primero llegaron los cambios en las condiciones del mercado externo más importante de la región; luego, los efectos en cadena sobre el precio interno; y, finalmente, una cosecha castigada por el clima en sus dos variables más temidas: el calor excesivo y las lluvias fuera de tiempo.
El primer golpe llegó desde el principal destino de las exportaciones argentinas de ajo, específicamente el 1° de octubre del 2025. Brasil modificó la metodología de cálculo de la tasa antidumping que aplica sobre el ajo de origen chino, una medida que, en la práctica, alteró significativamente las condiciones de competencia en ese mercado.
Con el producto asiático en una posición menos penalizada arancelariamente, el espacio que históricamente ocupaba el ajo mendocino en las góndolas y distribuidoras brasileñas se redujo de forma notable.
El resultado fue previsible pero no por eso menos doloroso: los volúmenes que no lograron ingresar al mercado brasileño quedaron retenidos en Argentina, generando un excedente de oferta que presionó a la baja sobre los precios hacia otros mercados.
La sobreoferta interna no pasó inadvertida para los compradores internacionales. Los mercados con capacidad de pago, destinos, como USA o Europa -que en circunstancias normales abonan precios más elevados por la calidad y el posicionamiento del ajo mendocino- detectaron rápidamente la situación y actuaron en consecuencia: compraron, pero negociando valores apenas por encima de los deprimidos precios que pagó Brasil.
En la jerga común, «se negoció con el cuchillo en el cuello» . Los exportadores se vieron obligados a aceptar condiciones que no reflejaban la calidad real del producto, simplemente porque no había alternativa: se vendía a ese precio o se corría el riesgo de no colocar el ajo. El margen comercial, ya estrecho, prácticamente desapareció.
La cosecha 2025/2026 enfrentó dos problemas climáticos bien diferenciados que afectaron la calidad del producto de manera directa.
El primero fue el calor extremo registrado hacia el final del ciclo productivo. Las altas temperaturas aceleraron el proceso de maduración del ajo, adelantando el estado fenológico del cultivo más allá de lo esperado.
En términos prácticos, esto significó que, cuando se llegó al momento de cosechar según el calendario habitual, el ajo ya había superado su punto óptimo de madurez.
Las consecuencias se hicieron evidentes en la etapa de empaque: un porcentaje significativo del producto llegó a las líneas de selección sin catáfilas -las capas externas que recubren y protegen el bulbo-, lo que popularmente se denomina «ajo pelado» .
Este problema redujo el rendimiento comercial y aumentó el «ajo de segunda» que tradicionalmente se comercializa a mucho menor precio.
El segundo inconveniente climático vino por el lado opuesto: las lluvias. Si bien no fueron generalizadas, sí resultaron puntuales e intensas en determinadas zonas productoras.
Este favoreció la aparición de carbonilla, un hongo que mancha la superficie del bulbo y lo devalúa notablemente en los mercados de exportación, donde la presentación visual del producto es determinante para su cotización.
Cuando se hace el recuento de la temporada, el diagnóstico es unánime entre los actores del sector: la campaña 2025/2026 no fue buena ni para el productor ni para el exportador.
Los primeros debieron lidiar con costos crecientes, una cosecha de calidad comprometida por el clima y precios finales que en muchos casos no alcanzaron para cubrir gastos.
Los segundos operaron con márgenes mínimos en un contexto donde los mercados compradores llevaron la delantera en la negociación.
La confluencia de factores externos -las modificaciones en la política antidumping de Brasil y el comportamiento oportunista de otros mercados- con problemas propios de la producción local, configuró una tormenta perfecta que la cadena «ajera» mendocina deberá analizar en profundidad de cara a la próxima campaña.
Para muchos productores, la pregunta que queda abierta es si la próxima temporada traerá condiciones más favorables o si la reestructuración del mercado brasileño -el comprador más importante- dejará una huella permanente en las estrategias comerciales del ajo argentino.
BALANCE CAMPAÑA DE AJO MENDOCINO 2025/2026 ING. AGR. ALDO LÓPEZ - INTA LA CONSULTA