FRUTICULTURA
LA CAMPAÑA
Así se desprende de la estimación que difundió el Gobierno de Mendoza (única provincia productora en Argentina). En el sector privado creen, inclusive, que los montes tienen menos fruta que la indicada en el pronóstico oficial.

Luego de una cosecha que podría considerarse completa en el verano austral de 2024 (tras cinco años de producción diezmada por contingencias climáticas) los montes mendocinos van a entregar menos ciruelas para deshidratar al cierre del ciclo agrícola 2024/2025.
A esta altura del año comienzan a cotejarse las distintas proyecciones del volumen que estará disponible al momento de la cosecha, que -según la zona y la realidad de cada explotación- deberá dar inicio en el mes de febrero.
Esta semana se apuró el ritmo en esta danza de números, sobre todo a partir del anuncio de los resultados del relevamiento que hizo la Dirección de Agricultura, dependiente del Ministerio de Producción de Mendoza, que concentra toda la producción argentina de ciruela para deshidratar.
Es que, según apreciaciones coincidentes que pudimos recoger en el sector privado, la estimación oficial sería demasiado generosa, y habría -según algunos- bastante menos fruta que las 97.728 toneladas frescas consignadas en ese pronóstico.
Muchos de los consultados dicen tener aproximadamente la mitad de la producción del ciclo anterior; y otros aseguran que sus montes no van a entregar más del equivalente al 60% o 70% de la fruta que cosecharon el último verano.
Claro que, al tomar como referencia la pasada cosecha, hay que ver de qué número estamos hablando. Un número era el del pronóstico de cosecha 2024 (elaborado entonces por el Instituto de Desarrollo Rural de Mendoza, disuelto este año por el Gobierno de la Provincia), que estimaba 121.245 t frescas.
Pero ese volumen, cuando la fruta terminó de entrar a los secaderos, habría quedado en alrededor de 107.000 toneladas. La diferencia no es menor, pero esos datos sirven para ensayar una estimación.
Hace unos años, un economista mendocino (cuando reconocía no tener precisiones sobre el tema por el cual era consultado) advertía -irónicamente- que estaba dando datos obtenidos mediante la «metodología de los dígitos oscilantes» mientras extendía su mano y la inclinaba hacia un lado y el otro. Ese más o menos, es el recurso al que podemos apelar nosotros para hacer algún cálculo de entrecasa.
Si nos remitimos al número de máxima, y tomamos las 121 mil y pico de toneladas que daba el pronóstico del IDR del ciclo anterior… y nos quedamos (partiendo diferencias) con un 60% menos de fruta para esta cosecha, llegaríamos a un número cercano a las 72.000 toneladas frescas.
Claro que, si consideramos las 107.000 (+/-) que terminaron entregando las quintas la campaña previa, ya estaríamos bajando a poco más de 64.000 t. En ambos casos, sin contar lo que pueda seguir perdiéndose por mancha roja (que ya está haciéndose sentir) ni por alguna otra contingencia.
La estimación de producción de ciruela industria del ciclo 2024/2025 (presentada en el sitio web del Gobierno provincial como «pronóstico de cosecha») tiene un par de detalles que llaman la atención. En realidad, es más que un par.
Uno es el universo de la muestra. A los efectos de esta estimación, fueron relevados 90 cuarteles, distribuidos entre los oasis Este y Sur de Mendoza. Esto es menos de la mitad que los 197 cuarteles relevados al momento de realizar la estimación del ciclo 2023/2024.
Lo otro, es que se siguen proyectando los datos obtenidos (número de frutos por árbol y peso estimado de los frutos a cosecha, por ejemplo) sobre las 9.657 hectáreas surgidas del Censo de 2021.
En realidad, a los efectos de la estimación de la campaña anterior, el (entonces) IDR había hecho el cálculo sobre la misma superficie, pese a que su informe incluía un gráfico (aquí lo compartimos), donde ya mostraba el declive que venía teniendo la superficie efectiva.

DE ARCHIVO. En el informe de estimación de cosecha 2024, el Instituto de Desarrollo Rural de Mendoza (ahora disuelto) ya incluía material gráfico donde mostraba el persistente declive de la «superficie efectiva» cultivada con ciruela para deshidratar.
Por otra parte, esa estimación de la cosecha 2024 tenía «incorporado el ajuste por pérdida por mancha roja que se estimó (decía el reporte) en un 29,7%, es decir que las 121.245 toneladas frescas es la producción esperada a cosecha teniendo en cuenta las posibles pérdidas por mancha roja».
Este fenómeno, dicho sea de paso, estaría causando daños de consideración, esta temporada (24/25), en varias explotaciones. Habrá que ver cómo sigue y, por otra parte, esperar que pasen al menos las dos primeras semanas de enero, como para evaluar si la amplitud térmica de esas jornadas ha sido la ideal para la fisiología de la especie en esta instancia del ciclo.
Es cierto que al momento de la presentación de la estimación de cosecha 2025 (que fue a través de una plataforma virtual) aclararon, en más de una oportunidad, que «la producción final puede verse afectada por factores como temperaturas extremas, déficit hídrico y eventos climáticos adversos, que serán monitoreados continuamente hasta el momento de la cosecha», como también consigna el reporte difundido en el sitio web oficial.
Un párrafo (o dos) aparte, merece la información difundida en el sitio del Gobierno de Mendoza. Hay por lo menos dos puntos que llaman la atención.
Uno, sobre el final del texto, que nos permitimos reproducir: «Desde la temporada 2014/15, solo en cinco campañas se ha superado el promedio histórico, lo que destaca la solidez de la presente estimación».
¿Realmente alguien cree que una cosa tiene relación con la otra? Da la impresión que era necesario justificar «la solidez de la estimación». Pero… ¿a nadie se le ocurrió apelar a otra premisa para llegar a esa conclusión?
El otro punto está al comienzo de la publicación. Bajo el título «Mendoza presentó el pronóstico de cosecha de ciruela para industria para la temporada 2024/25» (inocuo, pero incuestionable de nuestra parte), sigue una frase donde se indica el volumen de producción estimado, al que se pondera como «un incremento sobre el promedio histórico de la última década».
En realidad, no hace falta mucho para superar (si es que finalmente termina superándolo) el promedio histórico de una década que ha dejado más rojos que azules en el balance productivo. Pero lo relevante es que esta temporada se va a cosechar menos ciruela que la anterior
El texto dice (y estamos de acuerdo): «Este pronóstico es una herramienta fundamental para productores, industriales y autoridades, ya que permite prever la oferta disponible y diseñar estrategias comerciales y productivas».
Partiendo de esa premia, cabe preguntarse ¿qué pesará más? ¿Llevar el (cuestionado) número 97.000 en un título y decir que es más que el promedio (como ya lo hemos visto en algunos medios, que replicaron casi textualmente el reporte oficial), o decir que este año habrá menos fruta para cosechar?
Al margen de la eterna puja entre productores primarios e industriales (que de ninguna manera es un tema menor), habrá que ver, por ejemplo, con qué dato se quedan (y cuánto lo hacen valer en la negociación) los exportadores chilenos que cada año venden más ciruela fresca a China y, cuando se quedan cortos para cumplir compromisos con la deshidratada propia cruzan la cordillera para proveerse de la producción mendocina.
¡Claro que «el pronóstico es una herramienta fundamental (…)»! Es -o debería ser- una herramienta de precisión, pensada para ser aplicada (junto con otras, claro está) en un trabajo delicado, como es terminar de cerrar un capítulo (que es cada ciclo productivo y comercial) y definir cómo se sigue… o si conviene dedicarse a otra cosa.
Hay mucha plata en juego cada temporada y, si bien hay innumerables factores que condicionan estas decisiones, disponer de información calificada y oportuna ayudará a tomar las mejores decisiones, a hacer el trabajo de mejor manera.
Pero si la herramienta que la provee no está bien calibrada, podemos malograr la tarea realizada hasta el momento, y continuarla, la siguiente temporada, por el camino y de la manera que podrían no ser los más convenientes para el negocio.
Dejando de lado este asunto de la eventual intencionalidad implícita en el mensaje que contiene el informe de Prensa… Admitimos que no es tarea sencilla realizar este tipo de relevamientos. Hacen falta muchos recursos humanos y financieros. Ni hablar si hubiera que mantener actualizada la superficie productiva (de distintas especies) en una agricultura tan diversa como la mendocina.
Aun entendiendo esto, la información que nos llega nos merece observaciones que consideramos importante compartir con nuestros lectores. De hecho, en más de una oportunidad hemos tenido objeciones para con lo realizado por el IDR (mientras existió) pese a que -a priori- esos trabajos parecían más sólidos que el que fue difundido esta semana.
Mendoza probablemente sea una de las provincias con más historia en materia de relevamiento, análisis y difusión de información económica. Lo reconocemos y lo valoramos. Pero uno tiende a exigir más, cuando sabe que hay para dar más. Por eso es que queremos más… y mejor. En el contenido y en la forma.
Eso sí: el sector privado no deberá estar ajeno a la responsabilidad de promover y de financiar la generación de información. Partiendo de la premisa que el negocio, para que sea sostenible en el tiempo, tiene que ser negocio para todos, y que en la medida que la información fluya, será una meta menos difícil de alcanzar.
Quizás habría que ir pensando en ayudar a madurar a las instituciones (que las tiene, al igual que otras producciones de Mendoza), como espacio para, realmente, canalizar de manera más orgánica sus objetivos estratégicos.
CIRUELA INDUSTRIA 2024/2025 COSECHA DE CIRUELA EN MENDOZA ARGENTINA