GANADOS & CARNES

PERSPECTIVAS

Los buenos números del negocio abren el camino a la mejora competitiva de toda la cadena bovina

12 de julio de 2026

Proyectan un cierre de año con menos animales faenados que en 2025, pero más pesados. Esto debería ayudar a sostener la producción de carne y, al mismo tiempo, contribuir a estabilizar el rodeo.

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EL SOTCK A FUTURO. Un análisis del Rosgan señala que, para este año, aun suponiendo una tasa de destete similar o incluso ligeramente superior a la de 2025, el potencial de crecimiento de la producción de terneros se encuentra limitado por una menor cantidad de vientres en servicio. Con unas 500.000 vacas menos, difícilmente el número de terneros destetados resulte significativamente superior al del ciclo anterior.  FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.


Los datos que deja el balance de la Cadena de Ganados y Carnes al cierre del primer semestre permitirían proyectar, para todo este año, la faena de un número menor de cabezas bovinas que en 2025 y, al mismo tiempo, esperanzarse con un salto competitivo del sector.

Los márgenes del negocio deberían ser incentivo suficiente para agregar eficiencia productiva -a toda la cadena– en un esquema que, sin restringir la producción de carne, contribuya a estabilizar el rodeo vacuno argentino.

Así surge del último reporte del Rosgan, cuya edición coordina María Julia Aiassa, analista del mercado ganadero que opera bajo el paraguas institucional de la Bolsa de Comercio de Rosario.

El informe señala que, en los primeros seis meses de este año, la faena bovina habría sumado 6.025.000 animales, tras haber cerrado junio con un traslado de 1.081.077 cabezas hacia ese destino, según los DTe.

Comparado con los 6.613.000 vacunos sacrificados en enero-junio de 2025, la primera mitad de este año dejaría un retroceso interanual de 9% y se situaría como el registro más bajo en los últimos diez años.

LA FAENA de ganado bovino durante el primer semestre, en Argentina, habría dejado un retroceso interanual de 9% para situarse en el punto más bajo de los últimos 10 años. Algunas señales sugieren que una mayor proporción de los animales actualmente en producción saldrán, terminados, entre julio y diciembre. Aun así, el 2026 no llegaría a equiparar los números del año pasado… pero con un incremento en el peso de faena que –dicho sea de paso- alcanzó su máximo histórico en mayo.

PROYECTANDO LA FAENA ANUAL

Pero Aiassa señala que «más allá del dato parcial, el aspecto más relevante es proyectar cuál podría ser el total del año, a fin de evaluar su eventual impacto sobre el ciclo ganadero» .

Recuerda que, «si bien la faena mensual presenta una relativa estabilidad a lo largo del año, las estadísticas muestran una estacionalidad consistente: la actividad registrada durante el primer semestre suele representar una proporción ligeramente inferior a la de la segunda mitad del año».

Apunta en ese sentido que, sobre la base de los últimos 25 años, el primer semestre concentró, en promedio, el 49% de la faena anual, con un máximo del 51% y un mínimo del 46%.

Observa que, «en términos generales, los años en los que el ritmo de faena fue más acelerado en el primer semestre (es decir, cuando más del 50% se concentró en la primera mitad) terminaron registrando un volumen anual relativamente bajo de animales».

En cambio, «los años en los que el acumulado enero-junio fue inferior al promedio, tendieron a cerrar con niveles de faena más elevados» .


SUGIEREN seguir de cerca la evolución de los feedlots, debido a su creciente participación en la oferta total de animales destinados a faena (más del 37% en el primer semestre). Es que siguen con buenos márgenes, porque pesa más la relación favorable entre el costo del alimento y el valor del novillo terminado, que el costo (relativamente alto) de reposición de la hacienda.


PERSPECTIVA DEL SEGUNDO SEMESTRE

Según interpreta Aiassa, «la creciente participación de la recría dentro de los sistemas de engorde con destino a faena, sumada al fuerte incentivo económico para agregar kilos antes de la terminación, está desplazando hacia adelante la oferta de animales terminados».

Dice que este proceso «ya comenzó a reflejarse en el incremento del peso de faena: en mayo, el peso promedio de la res en gancho alcanzó un máximo histórico de 240 kilos, con un aumento interanual de 7,5 kilos por res».

Interpreta que este comportamiento sugiere que una mayor proporción de los animales en producción llegará a faena durante la segunda mitad del año, reduciendo la participación relativa del primer semestre sobre la faena anual.

ESTE AÑO DEBERÍA CAER LA FAENA

En este punto, Aiassa propone extrapolar el volumen faenado hasta junio y convenir que el primer semestre representará entre el promedio histórico (49%) y el mínimo observado en la serie (46%) de la faena anual.

Partiendo de ese supuesto, arriesga que «los poco más de 6 millones de animales faenados hasta la fecha permitirían proyectar una faena total de entre 12,4 y 13,1 millones de cabezas» .

Si así finalmente se confirmara, «implicaría una reducción de entre 500.000 y 1,2 millones de animales respecto de la faena registrada el año pasado», cuando se había situado en los 13,6 millones, recuerda la analista del Rosgan.

Más aún, especula con que esa diferencia (en menos) podría ampliarse hasta 1,5 millones, si se incluye en la ecuación el (esperable) menor número de terneros destetados que el ciclo pasado (por menos vientres en servicio), lo que podría impedir un aumento sustancial de la oferta de reposición.

BUENOS TIEMPOS. «El sector -dice el reporte del Rosgan- atraviesa una de las combinaciones más favorables para la producción ganadera: precios firmes para la hacienda y costos relativos más bajos, tanto del maíz como de otros insumos necesarios para intensificar los sistemas de producción».

QUÉ VARIABLES HAY QUE MIRAR

Apunta que, en adelante, «será clave seguir de cerca la evolución de los feedlots» debido a su creciente participación en la oferta total de animales destinados a faena.

Partiendo de los datos del primer semestre, la referente del Rosgan estima que «más del 37% de los animales remitidos a faena proviene de corrales de engorde, cuando cinco años atrás esa participación apenas superaba el 30%» .

Asegura que durante los próximos meses seguirán teniendo un rol protagónico en la oferta de hacienda. Lo deduce a partir de «la elevada ocupación de los establecimientos de engorde a corral (más de 2,17 millones de animales en stock al 1º de julio, según Senasa)» que es «la segunda mayor de la serie» de 25 años.

EL BUEN MARGEN DEL ENGORDE

Explica que «este incentivo no solo responde a la favorable relación entre el costo del alimento y el valor de la hacienda terminada, sino que -además- se presenta en un contexto de precios históricamente elevados para la hacienda en general».

Reconoce que «el precio de la invernada viene mostrando desde el año pasado una relación de reposición relativamente cara respecto de su promedio histórico (habitualmente entre 1,2 y 1,3)».

Pero subraya que «durante el mismo período el costo del maíz medido en kilos de novillito llegó a ubicarse entre un 40% y un 45% por debajo de su promedio histórico, fortaleciendo significativamente los márgenes del engorde».

LO IDEAL. En este análisis, el mejor escenario para el sector sería cerrar el año con una faena moderada en número de animales, pero con mayor eficiencia productiva por incremento del peso medio de faena. Esta ecuación permitiría sostener la oferta de carne y, al mismo tiempo, contribuir a estabilizar el stock bovino.

PUERTA ABIERTA A LA EFICIENCIA

Resume que «el sector atraviesa una de las combinaciones más favorables para la producción ganadera: precios firmes para la hacienda y costos relativos más bajos tanto del maíz como de otros insumos necesarios para intensificar los sistemas de producción».

Por eso, María Julia Aiassa enfatiza que «esta mejora en la relación insumo-producto redunda en mayores incentivos para agregar eficiencia y productividad a lo largo de toda la cadena» .

En este contexto, considera que «el mejor escenario para el sector sería cerrar el año con una faena moderada en número de animales, pero con una mayor eficiencia productiva, reflejada en un incremento del peso medio de faena y, en consecuencia, en una mayor producción de carne por cabeza» .

Finaliza diciendo que, de este modo, «la menor extracción de animales no necesariamente implicaría una caída proporcional en la producción de carne, al tiempo que contribuiría a estabilizar el stock bovino».

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