AGROINDUSTRIA
NEGOCIOS
Complejo escenario internacional ralentiza operaciones y mantiene precios planchados. Hoy, en Argentina, queda más fruta que en septiembre de 2021.
Con demanda internacional retraída y precios quietos en el mejor de los casos, el negocio de la ciruela deshidratada, vieron frustradas sus expectativas de comienzos de un año que auguraba mejor suerte.
Un ambiente enrarecido en todo el mundo -en lo político y en lo económico- con derivaciones cuyo alcance no es posible pronosticar sin temor a equivocarse, viene castigando también a un sector agroindustrial que muy poco puede hacer que verdaderamente incida en su destino.
Para simplificarlo, podríamos decir que -en el segmento de la producción primaria- los cultivos argentinos de ciruela con destino a industria están enclavados en regiones que deben soportar -como pocos lugares en el mundo- la furia de fenómenos como el granizo, las heladas tardías o el calor extremo en momentos críticos para esa especie. Mendoza es la única provincia productora; y el Sur o el Sudeste de su territorio y en menor medida una parte del Este (donde se concentran las explotaciones con ese destino) son las que ostentas los suelos más aptos para el cultivo, pero las de clima más hostil.
En lo comercial, Argentina (Mendoza) exporta no menos del 95% de lo que produce. El sector depende de sus ventas al exterior. Pero su participación relativa en el negocio global es menor, comparada con la de otros “jugadores”. De modo que no influye en la formación de precios. Nunca mejor dicho que “no somos dueños de nuestro destino”. Por eso es que, circunstancias como las actuales, aportar una cuota adicional de incertidumbre.
Francisco Araujo, productor de ciruelas en San Rafael, reconoce que “al momento de la cosecha veníamos con la expectativa de un buen año”. Este optimismo se basaba, “sobre todo en que, a nivel mundial, las cosechas habían equilibrado los niveles de stock y nosotros veníamos con un pronóstico de baja cosecha, sólo quedaba algo en existencia en Francia y en Estados Unidos. Argentina y Chile estaban prácticamente en cero”.
Por eso es que “al comenzar la temporada el precio de la materia prima fue alto, y el productor que pudo vender la ciruela en fresco tomó la decisión más acertada” si se tiene en cuenta cómo siguió el año comercial”.
En diálogo con Campo Andino, Araujo (que coordina el Cluster Ciruela Industria de Mendoza) identificó como las razones de esta nueva frustración para el sector, a la guerra en la que derivó la invasón de Rusia a Ucrania; las devaluaciones en los países que son los principales destinos de la ciruela argentina, la inflación a nivel mundial; el aumento del costo del transporte marítimo de cargas… “Al cliente le está costando importar”, resumió.
Todo eso se fue sumando, y “hoy tenemos un mercado tibio…por no decir frío; las operaciones son contadas, muy esporádicas, en bajas cantidades y con precios moderados”. Entonces, “lo que todo el sector tenía como idea por allá por febrero-marzo, el mercado no lo ha convalidado y estamos transitando por aguas más bien tranquilas en este momento”.
Cabe recordar, en este punto, que la industria había pagado al productor primario un promedio de $100 a $ 110 por kilo de ciruela en fresco de la cosecha 2022 (con algunas operaciones a $120, mientras que el 2021 el precio había promediados los $65/kg (siempre hablando de fruta en fresco).
En el mercado internacional, “los precios tendieron a sostenerse o incluso en algunas categorías a bajar” este año en relación con los valores logrados a lo largo de 2021, según comentó Araujo.
En este punto cabe un paréntesis para señalar que algunos productores, que tenían más espaldas, decidieron esperar para vender su ciruela seca. Pero por el momento, “los precios no están convalidando una suba que les permita tomar una renta adicional, porque si salen hoy a vender esa ciruela seca el negocio es peor que haberla vendido en fresco, una situación extraordinaria, porque normalmente no se da, pero es lo que está ocurriendo”, puntualizó Araujo.
En cuanto a la demanda global, “probablemente haya alguna retracción y esté un puntito abajo”, estimó Araujo. “Es difícil calcularlo”, aclaró. “Estamos viendo, sí, que en Brasil hay retracción; en Rusia y en todos los países de su periferia que consumen ciruela deshidratada, hay retracción como consecuencia de la guerra… pero es difícil precisar todavía si las ventas a Europa, Estados Unidos, Canadá y Méjico alcanzan a compensar” aquel retroceso.
“Probablemente estemos un paso abajo en la comparación interanual de la demanda mundial”, presume. “Lo cierto es que en los países que son destino de la producción argentina, la retracción es evidente. Cuánto, no sabemos. Pero está claro que falta dinamismo, no hay fluidez en las ventas…”.
La decepción por lo que se perfila claramente como un año comercialmente mediocre, se alimentó con los datos de la última cosecha argentina. Es que, aunque quedó en volúmenes muy por debajo de lo normal, terminó siendo mucho más que lo inicialmente pronosticado. Algunos arriesgan que quizás un 50% más.
Es que, frente a una estimación preliminar de 12.000 toneladas secas (más o menos), referentes del negocio creen que terminaron siendo no menos del equivalente a 18.000 toneladas lo que dejó la producción del ciclo agrícola 2021/2022.
Esto, que no hubiera representado un problema en un mercado global fluido, preocupa en este escenario de retracción en las plazas comerciales abastecidas con producción de Mendoza. De hecho, “hoy, en Argentina, hay más stock que en los primeros días de septiembre de 2021”, aseguró Francisco Araujo.
Eso es un problema. Pero, si le sumamos que los montes están transitando muy bien esta fase de pre-floración (y aunque las plantas recién están “calentando motores” y hay mucho riesgo climático por delante), es inevitable imaginarse el escenario de una cosecha apenas “normalita” con mercados que no se sacudan la modorra en el 2023.
Sobre este punto, Araujo dejó su impresión, en su condición de productor. “Por un lado -dijo- considerado cómo vino el invierno y la transición hacia la primavera, seguramente la acumulación de horas de frío ha sido suficiente”.
Por otra parte, “en la cuenca del río Atuel y una parte del Diamante hemos tenido nevadas… no sé si abundantes, pero seguramente mayores a las de años anteriores, lo que nos hace prever que la disponibilidad de agua al menos no va a ser menor y probablemente resulte mayor, y eso nos hace pensar que estamos entrando a la temporada en condiciones normales”. Por otra parte, “la floración todavía no comienza… y es también es normal”.
Pero, además de los problemas de coyuntura, Francisco Araujo pone la lupa sobre una situación que ha quedado en evidencia (y con números) como resultado de algunos trabajos que ha venido haciendo en el Cluster Ciruela Industria de Mendoza. “Mi mayor preocupación -dijo- es que aproximadamente el 60% de la superficie cultivada con ciruela para industria tiene bajo -o muy bajo- nivel de laboreo y cuidado. El estado de esos montes, la acumulación de reservas de las plantas, el nivel de fertilización… es malo o muy malo. Esto me hace pensar que, si tuviéramos una temporada que climáticamente nos acompañara, probablemente podamos tener una cosecha normal en volumen, pero que difícilmente los calibres o la calidad sean altos. Es que, debido a los problemas de los últimos cuatro años, muchos productores no han podido realizar todos los trabajos que hay que hacer, fertilizar, podar… mi preocupación va en ese sentido”, remarcó el coordinador del Cluster.
CIRUELA D'AGEN CIRUELA DESHIDRATADA CLUSTER CIRUELA INDUSTRIA DE MENDOZA FRANCISCO ARAUJO