HORTALIZAS

MANEJO

Cuáles son las claves de una producción rentable de tomate para industria

29 de agosto de 2021

Hay tecnología que permite lograr altos rindes. Se avanza en la investigación de cultivo bajo malla antigranizo. Casos de integración con la industria.

Comparte esta publicación |

Es momento de ir definiendo el cultivo de tomate para industria con vistas a la próxima campaña, y hay algunas premisas a tener presentes y tecnologías que indefectiblemente deberán aplicarse, para llegar a cosecha con mayores posibilidades de éxito.

El tema fue abordado esta semana por el ingeniero agrónomo Cosme Argerich, referente en esta materia como investigador y extensionista de la Estación Experimental Agropecuaria La Consulta del INTA.

Fue durante una charla técnica que propuso, desde el Sur de Mendoza, la Agencia de Extensión Rural General Alvear, dependiente de otra de las Experimentales de la Región, la de Rama Caída (San Rafael).

BUSCANDO ALTERNATIVAS

Los sureños están particularmente interesados en este tema (entre otros) buscando alternativas a sus producciones agrícolas que, en las últimas décadas, vienen muy castigadas por condiciones climáticas adversas y bruscas fluctuaciones en las condiciones de mercado.

Quizás la opción de una producción anual como la del tomate para industrializar (para la cual se ha desarrollado durante más de veinte años un paquete tecnológico y un esquema de organización exitosos), podría aliviar -al menos en parte- los quebrantos que sufren regularmente producciones plurianuales como la de vid y ciruela para industria, por ejemplo, de las que no se puede «salir» de una temporada para otra.

Pero, al margen de eso (porque uno «entra» para producir y ganar plata, y no pendiente del momento en que vaya a tener que «salir» del negocio) el tomate para industrializar podría resultar una variante a tener más en cuenta por otros buenos motivos, en zonas donde el cultivo supo tener cierta presencia, hace décadas, pero dejó de tenerla por el clima y por vaivenes del mercado y hasta cierta falta de transparencia en las relaciones comerciales.

ALGUNAS COSAS CAMBIARION

En efecto, hay un par de razones que podrían ayudar a rescatar la «memoria chacarera» del Sur mendocino, y volver “poner en el radar” a esta producción.

Una -que quizás necesite más tiempo de evaluación todavía, no lo sabemos- es que hace dos años se empezó a investigar, en parcelas experimentales del INTA La Consulta (en el Valle de Uco) sobre el cultivo de tomate para industria bajo tela antigranizo. Con plantación y cosecha mecanizada inclusive. Esto podría ser una alternativa a explorar en tierras del Sur mendocino.

Las otras dos no son novedad -porque en esto se viene trabajando desde hace más de veinte años- pero tal vez sea momento de mirarlas con más atención.

Básicamente, tiene que ver -por un lado- con el desarrollo de un paquete tecnológico específico para el cultivo de tomate de industria en la Región Centro-Oeste de Argentina, que permitió a través de los años incrementar muy significativamente los rendimientos por hectárea. Esto no es menor porque, tratándose de un commodity, la diferencia se hace en el volumen y la productividad.

Por otra parte, yendo a las variables del mercado (básicamente oferta, demanda y precio) el escenario parece interesante.

De hecho, ante nuestra consulta -sobre el cierre de su exposición- el ingeniero Argerich ratificaba que Argentina consume el equivalente a unos 750 millones de kilos, mientras que el año pasado, la producción (que fue buena) se ubicó cerca de los 600 millones de kilos.

De manera que, en el mercado interno, habría todavía un margen de alrededor del 25% para crecer. Un punto importante, entonces, es que estamos hablando de un producto que tiene mercado. Se vende todo.

Otro asunto es en qué condiciones. En qué términos se da el vínculo comercial con la industria que, en definitiva, es el destino que va a tener esa materia prima.

Aquí hay dos o tres cuestiones por ver. «Es muy importante que el productor esté integrado», admitió Argerich, y destacó -refiriéndose al esquema de la Asociación Tomate 2000, que integran productores, industriales, proveedores y el sistema académico-científico-tecnológico- el plus que aporta tener el asesoramiento técnico semanal de un especialista, de manera tal de poder aplicar ese paquete tecnológico de alta productividad.

Valoró asimismo que, en ese esquema de integración, el productor «tiene aceitado el mecanismo de comercialización a través de un contrato de compra-venta de materia prima» con la empresa industrial.

Así, antes de la plantación, ya conoce el precio que va a tener su tomate. Ese precio «está establecido en dólares -a la cotización oficial- como se ha implementado en los últimos tres años», apuntó el profesional. 

ALGUNAS PREMISAS

En realidad -y al margen de la variable comercial del negocio, que nos permitimos plantear durante la charla técnica- el expositor centró su intervención en el plano estrictamente productivo.

Así, el ingeniero Argerich, que es reconocido como promotor de la profesionalización y la integración de la cadena agroindustrial del tomate, remarcó la importancia de seguir algunas premisas para alcanzar objetivos de producción que superen la media histórica, y lograr rentabilidad.

Fue claro al indicar que el productor que obtenga 60.000 kilos por hectárea, considerando los costos actuales, prácticamente estará cambiando el dinero invertido…siempre y cuando sea propietario. Pero si alquila, va a necesitar entre 75.000 y 80.000 kilos para no perder plata. Por eso es que el objetivo no debería bajar de 100.000 kilos de rendimiento promedio por hectárea.

En una muy clara y relativamente breve exposición, el referente del INTA en esta materia dio precisiones sobre cada una de las variables a tener en cuenta al momento de encarar el cultivo.

Los detalles técnicos pueden ser consultados (de hecho, es recomendable hacerlo) en unidades del INTA o con profesionales del sector privado especializados en el tema. De todos modos, consideramos oportuno reseñar aquí, algunos de los puntos sobre los que puso particular énfasis.


COSME ARGERICH. Desde la Estación Experimental Agropecuaria La Consulta, el referente nacional del INTA en esta materia destacó que el consumo del producto industrializado sigue creciendo en el mercado interno. FOTO/CAMPO ANDINO.


EL AGUA Y EL SUELO

Hay un par de temas al que los productores (de cualquier cosa y de cualquier zona, pero particularmente los del Sur de Mendoza) deben prestar especial atención. Antes de iniciar el cultivo -en realidad, antes de iniciar la preparación de la tierra- hay que saber cuál es la calidad del agua disponible y las condiciones del suelo donde se piensa instalar el tomate.

Argerich señaló que la conductividad del agua debería ser inferior a 1.400 micromhos (o 1,4 decisiemens), y la del suelo, inferior a 4.000 micromhos (o 4 decisiemens). Es que, con valores superiores, sobre todo en el caso del agua para riego, «la planta va a estar en un estrés hídrico continuo, y eso es grave», advirtió. «Además, será difícil lavar el suelo si tiene más de 4.000 micromhos».

GESTIÓN DE MALEZAS

Aclaró, en otro orden, que no será posible lograr un alto rendimiento de tomate si hay una competencia muy fuerte de malezas. Sobre todo, si son perennes, porque no podrán ser tratadas en conjunto con el cultivo. En el caso de las anuales, podría superarse el problema con algún herbicida. Pero sería imposible llevar adelante un cultivo con una alta población de malezas perennes.

PREPARACIÓN DEL TERRENO

El especialista del INTA dejó en claro que no alcanza con rastrear y plantar, o eventualmente hacer una preparación común (con rastra y cincel). Subrayó la importancia de hacer una labranza profunda, con subsolador.

Explicó que «la buena preparación del suelo apunta a corregir los problemas de compactación o anegamiento, a fin de generar condiciones más adecuadas para el desarrollo del cultivo».

Precisó que los subsoladores son muy necesarios cuando hay capas compactadas. Para saber si ése es el caso, «lo ideal es hacer una calicata; un pozo que puede ser de 2 metros por 1 o por 2, y una profundidad de 1,5 ó 2 metros, para verificar que no haya piedras o zonas compactadas». Remarcó que es imposible hacer un cultivo exitoso (de cualquier especie), si se desconoce cómo está el suelo, abajo.

En general, los suelos francos exigen una pasada de subsolador cada año, de manera tal de asegurar un buen desarrollo radicular, para que la planta pueda producir esos más de 100 frutos, necesarios para que “cierren los números”.

MATERIA ORGÁNICA

El ingeniero Argerich destacó, por otra parte, la importancia de los abonos verdes (como un centeno, por ejemplo) para mejorar los suelos de la región cuyana y obtener altos rendimientos de tomate.

 De paso, al tener que regar -para promover la germinación y el crecimiento- se lava el suelo. Esto, para dejar la salinidad en un techo de 4.000 micromhos (si fuera superior) y siempre y cuando el agua disponible no supere los 1.400 micromhos. Si está por encima de ese valor, sería como tratar de «apagar el fuego con nafta», más o menos.

Argerich señaló que los abonos verdes son muy interesantes como herramienta porque, además de aportar materia orgánica, ayudan a eliminar nematodos y a detectar zonas donde el cultivo no desarrolle bien. Esto último será indicio de suelo compactado, pedregoso o muy salino (o un poco de todo), y da lugar a efectuar las correcciones necesarias antes de implantar el tomate.

Como aporte al suelo, en la fase de preparación, también se utilizan guanos, como cama de pollo parrillero por ejemplo. Eso sí, si la industria que va a recibir el tomate exigiera la aplicación de Buenas Prácticas Agrícolas, «hay que hacer una buena compostación al momento de bajar el guano del camión», recomendó el especialista. Es un procedimiento que requiere cuidados, pero hay suficiente información sobre el tema en las unidades del INTA.

ARMADO DE CAMAS

Las “camas” sobre las que irán los plantines, “tienen que estar bien planas arriba, pensando ya en facilitar la cosecha mecánica, que es la opción más conveniente de resolver la falta creciente de mano de obra para recolección”, apuntó el especialista.

Añadió que hay rotocultivadores que, además, dejan un tamaño de partícula muy apto para el desarrollo inicial de las raíces, una vez trasplantado el tomate.

SISTEMA DE RIEGO

Si bien es posible seguir regando por gravedad, las complicaciones que trae aparejadas para obtener altos rendimientos, hacen recomendable implementar riego por goteo. Esto permitirá darle agua al cultivo en el momento que lo necesite. De lo contrario, entre turno y turno siempre estará en situación de estrés hídrico.

Además, tener riego por goteo facilitará la mecanización de la cosecha, porque el paso de la máquina se verá favorecido por la ausencia de surcos (que serían necesarios si se aplicara agua por gravedad). Cuando llega el momento de cosechar, simplemente se retiran las cintas de riego, antes que ingrese la máquina.

Arrancando con este sistema, se pueden hacer riegos previos a la plantación para alentar la germinación de malezas y controlarlas anticipadamente para evitar que compitan con el tomate, por los nutrientes. Sólo se pueden utilizar herbicidas foliares. No hormonales, porque dejan residuos. Sobre este punto en particular, hay que asesorarse muy bien.

Con el riego por goteo, una semana antes de la plantación, se puede incorporar algún fertilizante, sobre todo a base de Fósforo, que es el elemento que más necesita el tomate para iniciar su desarrollo.

CUIDADO AL PLANTAR

El ingeniero Cosme Argerich dio precisiones, asimismo, sobre el correcto posicionamiento del plantín (que deberá quedar con la raíz recta, bien perpendicular a la superficie) para asegurarse el desarrollo de un sistema radicular vigoroso, capaz de explorar en profundidad el suelo en busca de nutrientes y de agua fundamentalmente.

Esto puede marcar la diferencia entre tener una planta muy productiva y otra con pocos frutos…o directamente perder ese ejemplar mal plantado.

Ese riesgo se resuelve con la plantación mecánica. Porque la máquina no solamente pone la cantidad exacta de plantas por hectárea, sino que deja todos los plantines con la raíz derecha.

Esto garantiza cultivos más uniformes y de buen crecimiento inicial (lo que se ve favorecido también por el riego por goteo), «que es el secreto para obtener un cultivo de más de 100 tomates por planta».

Regando por surco, el cultivo queda inundado y queda muy poco oxígeno en la zona de la raíz, y la planta entra en floración con un volumen muy pequeño y no va a poder cargar, con suerte, más de 30 frutos.

Eso ubicaría el rendimiento por hectárea en menos de esos 60.000 kilos que se necesitarían como mínimo para apenas «salvar la plata», cultivando en tierra propia.

ASEGURARSE UN «BUEN ARRANQUE»

En resumen, hay que asegurarse un muy buen crecimiento durante los primeros 30 días del cultivo, para entrar a floración con plantas bien desarrolladas. Esas plantas van a poder cargar más de 100 frutos, y llevar los rendimientos a más de 100.000 kilos por hectárea, aseguró Cosme Argerich.

Dio precisiones, también, sobre el plan de nutrición del cultivo. Qué aplicar, cuándo, y en qué cantidades en cada caso. Por supuesto, la fertilización también se ve facilitada y resultará más eficiente en todo sentido, si se riega por goteo.

Mencionó asimismo las variedades que ocupan la mayor superficie cultivada en la región (porque son las que demanda la industria, según el destino final del producto). Aunque relativizó la relevancia de este punto y remarcó, en cambio, la importancia de aplicar el paquete tecnológico disponible para llevar a buen término un cultivo exitoso.

Comparte esta publicación |

COMENTARIOS


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*
*

Lo más leído

AGENDA
AGENDA COMPLETA