HORTALIZAS

TECNOLOGÍAS

El tomate de industria tuvo su día de campo, con más de 400 participantes

20 de febrero de 2023

El encuentro se realizó en la Experimental La Consulta del INTA, en medio de una temporada complicada por la variabilidad del clima y la escasez de agua.

AVANCES logrados durante el último año en ensayos varietales y de riego programado; de enmiendas orgánicas y uso de microorganismos para control de patógenos; estrategias para el control de malezas y cultivo de tomate bajo malla antigranizo, fue parte de lo que pudo ver en el Día de Campo del Tomate de Industria. FOTO/Revista Campo Andino & Agroindustria.


La Estación Experimental Agropecuaria La Consulta del INTA (en Mendoza) fue escenario del Día de Campo del Tomate para Industria, que este año reunió a algo más de 400 asistentes en el predio ubicado en el corazón del Valle de Uco.

Como cada año, en febrero, confluyeron productores, industriales, técnicos, y proveedores de insumos, maquinaria y servicios, ávidos por conocer -y compartir- información sobre las herramientas tecnológicas disponibles para el sector.

El clima acompañó durante un encuentro en el que pudieron verse los avances logrados durante el último año en ensayos varietales y de riego programado; de enmiendas orgánicas y uso de microorganismos simbióticos para el biocontrol de patógenos; o estrategias para el control de malezas, entre otros temas que están en la agenda de los investigadores.

POR QUÉ TANTO INTERÉS

Algunos de los asistentes creen que ésta ha sido una de las ediciones más concurridas. Pero lo cierto es que el Día de Campo, desde sus inicios, siempre tuvo una llamativa convocatoria.

Esto se debe a una sencilla razón. El tomate para industria es uno de los cultivos hortícola más rentables. Hay mercado, y no hay que ir muy lejos para vender, porque Argentina no se autoabastece. De manera que, aquí podríamos cerrar la nota, todos contentos, y cada uno seguiría con lo suyo.

Pero, como estamos empeñados en no hacerles la vida tan fácil a nuestros lectores, quisiéramos comentar un par de cuestiones por lo que, lamentablemente, deberemos retenerlos algunos minutos más.

En el negocio del tomate, la rentabilidad es un objetivo alcanzable, pese a las complicaciones a las que sistemáticamente están sometidas las inversiones productivas en Argentina.

Eso sí, siempre y cuando se aplique un paquete tecnológico que permita eficientizar la inversión mediante la obtención de cierto piso de rendimiento por hectárea. Porque, al fin y al cabo, estamos hablando de una materia prima básica, de un commodity.

El asunto es que hay un paquete tecnológico probado (y una estrategia de transferencia al productor), que está siendo permanentemente ajustado al detalle para hacerlo aún más eficiente.

Como también hay una organización (en los hechos, un cluster, que es la Asociación Tomate 2000) en la que interactúan todos los sectores vinculados con la actividad, tanto del ámbito privado como del ámbito público. Hasta aquí, todo bien.

SIEMPRE HAY UN «…PERO»

Pero este negocio tiene una debilidad (que la comparte con el resto de las actividades agrícolas de la región). Es que la producción primaria se desarrolla en un entorno extremadamente complejo por sus condiciones naturales.

Básicamente, por la incidencia de fenómenos como granizo, heladas o elevadas temperaturas, y una escasez de agua que viene acentuándose en los últimos años.

Otro inconveniente (que persiste, en particular para quienes producen por fuera de la Asociación) es la disponibilidad y el costo de la mano de obra para cosecha.

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En resumen, hay que producir muchos kilos por hectárea (hoy, idealmente un piso de entre 90.000 y 100.000); elegir para ello las variedades que mejor se adapten al suelo y al clima de cada zona; y sistematizar el riego para aprovechar mejor la poca agua disponible.

Un par de condiciones más: preservar la sanidad del suelo -y del cultivo- en el marco de las Buenas Prácticas, exigibles desde hace un par de años para producciones hortícolas; pensar el cultivo sabiendo que, al momento de cosechar, van a entrar las máquinas y, si no es demasiado pedir, buscar la forma de proteger el cultivo para conjurar el riesgo de una granizada que termine llevándose todo.

Probablemente se nos escape algo, pero lo enumerado ya es suficiente para dejar en claro que estos pre-supuestos, desde lo financiero, demandan inversiones considerables que hay que amortizar; y desde lo productivo, plantean numerosos desafíos que los investigadores y técnicos están focalizados en resolver.

Precisamente, en torno a estas cuestiones gira la actividad de quienes cada año, en febrero, nos convocan para mostrarnos hasta dónde han podido avanzar, y qué nuevos caminos tecnológicos están empezando a transitar.

LA AGENDA DEL ANFRITRIÓN

En este punto, un paréntesis, para señalar que, quien primero llegó al encuentro de La Consulta (como corresponde) fue el anfitrión.

El ingeniero agrónomo Daniel Pizzolatto, director de la Experimental del INTA, repartía su tiempo entre recibir a los asistentes y ordenar el resto de su agenda del día (almuerzo de camaradería incluido) … y la de los días que vienen, que está bastante cargada.

Es que el mes próximo, la Experimental cumplirá 75 años; y también en 2023 cumple años (el número 50 en este caso) la Cooperadora del INTA La Consulta.

En diálogo con Campo Andino, Pizzolatto aprovechó para ponerle marco a los preparativos de esas celebraciones destacando, precisamente, la historia de la Unidad que dirige como referente nacional e internacional en el desarrollo de genética hortícola (la del tomate, entre otras varias especies).

De paso, destacó la estrategia de interacción público-privada, que se pone de manifiesto en un esquema de integración como es la Asociación Tomate 2000, un ámbito donde se desarrollan estrategias de manejo de cultivo y criterios de evaluación de variedades de tomate de industria obtenidas por el INTA y aquellas que las semilleras tienen en el mercado, e inclusive las que están en proceso de prueba.

Pizzolatto puso sobre relieve, asimismo, la relevancia de «otras vinculaciones históricas con el sector privado, con resultados también muy positivos». Entre ellas destacó «por ejemplo, la que permitió obtener variedades de hortalizas especiales para la industria del deshidratado, como zapallo y cebolla, con altos sólidos solubles».

En este caso se refería al trabajo del equipo técnico que hace 30 años lideró el Dr. Ing. Agr. Claudio Galmarini (hoy director del Centro Regional Mendoza-San Juan del INTA, y también presente en esta edición del Día de Campo), en el marco de una alianza entre el INTA y -por entonces- Refinerías de Maíz S.A (hoy Unilever). Algo escribimos, no hace mucho, sobre este tema. Por aquí dejamos el enlace.

De vuelta al tomate para industria, y para dimensionar los logros de estos esquemas de cooperación, el Ing. Pizzolatto apuntó que «es el cultivo que en mayor proporción mejoró su rendimiento en las últimas tres décadas, debido al nivel de tecnología incorporado y a su forma de organización».

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EL PADRE DE LA MUCHACHA

Quien fue protagonista en la génesis de esa organización, justamente, también estuvo desde temprano en el encuentro de La Consulta. El ingeniero agrónomo Cosme Argerich impulsó, hace más de 25 años, la iniciativa de integración que desembocaría en la conformación de la Asociación Tomate 2000.

Es referente histórico del INTA en esta materia, y si bien le dejó la posta a al Lic. Patrick Smith, sigue como profesional asociado en la Experimental La Consulta, una figura creada por la Institución para no dejar ir del todo a sus referentes, y que ellos encuentran como excusa para nunca irse del todo. Tiene que ver con eso de llevar la camiseta pegada a la piel.

Fue extensa, también, la charla con Argerich, que sigue de cerca y al detalle cada uno de los ensayos anuales expuestos en este encuentro anual, así como el proceso de transferencia de tecnología a los productores y, en general, la evolución del sector.

EXPANSIÓN PRODUCTIVA

Pero nos interesa hacer foco en un punto. Es el referido a la evaluación del comportamiento del cultivo bajo tela antigranizo, «para lograr una producción segura y totalmente mecanizada» dijo, y el impacto económico que podría tener en zonas de Mendoza donde hay poco margen para inversiones previsibles.

Claro que, la pregunta del millón, en este caso, es si se puede hacer tomate sobre tomate durante el tiempo (15 años) de vida útil de la malla antigranizo, preservando la sanidad del suelo -y del cultivo- y asegurando cierto piso de rendimiento para poder amortizar la inversión.

Es un desafío enorme, con diversas facetas que seguramente abordaremos en próximas publicaciones. «Vamos por el cuarto año consecutivo», por lo que «no podemos salir a recomendar el uso de la tela», aclaró Argerich, «pero seguimos con estos estudios».

Pero el punto, aquí, es que «en la medida que los resultados de estos ensayos se mantengan en sucesivas temporadas, además de aportar soluciones a quienes hoy están cultivando, estaría más cerca la posibilidad de introducir a la agricultura rentable a departamentos de Mendoza donde hoy es imposible hacerlo, como el caso de La Paz, Santa Rosa, Este de Rivadavia, San Rafael, General Alvear, que hoy están postergados debido a la incidencia del granizo».

Esta posibilidad, les abriría las puertas a «una agricultura 100% previsible, lo cual transformaría a Mendoza en uno de los lugares más seguros del mundo», para producir tomate de industria, imaginó Cosme Argerich.

DANIEL PIZZOLATTO destacó que, el tomate para industria, «es el cultivo que en mayor proporción mejoró su rendimiento en las últimas tres décadas, debido al nivel de tecnología incorporado y a su forma de organización». FOTO/GENTILEZA Santiago Centeno – Comunicación INTA.

QUÉ SE VIO EN LA CONSULTA

El licenciado en Administración Agraria Patrick Smith, responsable de Investigación en Tomate para Industria del INTA; destacó la respuesta del sector a esta nueva edición del Día de Campo, que reunió a «más de 400 asistentes y 54 expositores», dijo, que instalaron sus stands sobre los callejones, a los lados de las parcelas donde podían verse los ensayos varietales de este año.

Sobre este punto, precisamente, Smith -quien, además, es coordinador de Investigación Aplicada de la Asociación Tomate 2000- dijo a Campo Andino que en estos ensayos pudieron corroborar el buen desempeño de «una variedad de tomate que venimos probando hace 3 ó 4 años –Nun 507– que ya se destacó el año pasado en los ensayos regionales que hicimos en La Rioja, en San Juan, en el Norte de Mendoza y en el Valle de Uco».

Este año «también se notó que, en todas las repeticiones, las plantas estaban sanas, cargadas, y bajo la tela también fue la variedad que demostró más resistencia natural a enfermedades como Fusarium y Fitóftora, en comparación con otras, que resultaron más afectadas».

CHIQUITOS, PERO PODEROSOS

Aparte de los estudios que permiten seguir el desempeño de distintas variedades-que son muchas, y seguramente serán motivo de un informe final que podremos conocer oportunamente- Smith mencionó los ensayos con enmiendas orgánicas, herbicidas y bioestimulantes, incluidas las pruebas con microorganismos simbióticos, porque algunos tienen, precisamente, la capacidad de estimular el crecimiento de la planta.

De todos modos, el estudio de esos microorganismos -que lleva algunos años ya- está más centrado en «su capacidad para el biocontrol de otros patógenos, como Fitóftora o Fusarium«, porque «es donde más resultados concretos hemos tenido, en comparación con el testigo absoluto y el testigo químico», precisó el referente del INTA.

ENMIENDAS ORGÁNICAS

Con el mismo criterio de acompañar la tendencia hacia un manejo amigable con el ambiente (y en atención a la normativa vigente), continúan evaluando la respuesta al uso de enmiendas orgánicas, que se complementa con la incorporación de centeno al suelo.

Todo esto apunta a prevenir eventuales problemas (como la acumulación de patógenos en el suelo) derivados de hacer sucesivos cultivos de tomate en la misma parcela.

La decisión de hacer tomate sobre tomate se justifica en explotaciones donde, habiendo instalado sistemas de riego presurizado, es necesario amortizar la inversión en varios ciclos productivos. Ni qué hablar si ese cultivo estuviera cubierto con malla antigranizo, una opción que sigue en proceso de experimentación en el INTA La Consulta.

PATRICK SMITH admitió que, producir tomate bajo tela antigranizo, es un gran desafío. La cuestión es «determinar si se puede hacer tomate sobre tomate durante 15 años consecutivos (el tiempo de vida útil de la tela), sin que enfermen las plantas ni prolifere el tomate guacho y, básicamente, sin que decaiga el rendimiento». FOTO/GENTILEZA Santiago Centeno – Comunicación INTA.

MALEZAS EN LA MIRA

El tomate es la peor de las malezas para el tomate, aseguró el Lic. Patrick Samith. Parece una contradicción, pero tiene su explicación. Semillas del tomate que queda en la parcela después de la cosecha, germinan en el ciclo siguiente, después del nuevo trasplante.

Este año hicieron un ensayo de herbicidas para controlarlo este tomate guacho. Salieron casi 100.000 plantas no deseadas por hectárea en el testigo (la parcela que no había sido tratada), cuando intencionalmente se plantan entre 20.000 y 30.000 plantas por hectárea.

La cuestión está en cómo frenar el avance de esas otras (100.000 en este caso) que surgen de las semillas que se dispersan luego de la cosecha previa.

Para esto, «hay dos tecnologías que probamos este año y que funcionaron muy bien; por un lado, un mulching biodegradable, porque el acolchado plástico no es compatible con una cosecha mecánica», explicó Smith.

Aseguró que «ese mulching funcionó muy bien, porque genera (debajo) un ambiente de mayor temperatura y más humedad, que son condiciones óptimas para que germine la semilla de tomate guacho… y luego muera, por falta de luz».

Por otra parte, «un herbicida, que venimos probando desde el año pasado con diferentes dosis». Ahora están tratando de determinar «hasta dónde podemos reducir la dosis sin que pierda efectividad». Para la próxima temporada habrá precisiones sobre esto.

TOMATE BAJO MALLA

Este es uno de los mayores retos. «Lo que estamos haciendo –dijo Smith a Campo Andino- es una simulación de cómo amortizar la inversión que demanda la instalación de tela antigranizo».

La cuestión es «determinar si se puede hacer tomate sobre tomate durante 15 años consecutivos (el tiempo de vida útil de la tela), sin que enfermen las plantas ni prolifere el tomate guacho y, básicamente, sin que decaiga el rendimiento».

Parte de ese paquete tecnológico es la siembra de centeno, de manera que la misma parcela tiene tomate todos los veranos, y todos los inviernos tiene centeno.

«Estamos viendo la aparición de Fusarium, de Fitóftora de razas que son comunes en el mundo, pero no en esta zona… Por eso están surgiendo el estudio de opciones de control biológico», comentó. «Son problemas que, llevando el cultivo fuera de la tela para dejar descansar un año el suelo, quizás podamos resolver…».

Para amortizar la tela, «nos dio aproximadamente 13 toneladas por año… si se pudiera hacer tomate sobre tomate durante 15 años». Por lo pronto, «pasamos el cuarto año; pero no sabemos cuánto tiempo podremos seguir», sin que la presión de enfermedades y malezas empiece a resentir los rendimientos.

UN AÑO COMPLICADO

En los corrillos y la sobremesa (tras el almuerzo con el que cerró esta edición del Día de Campo) no podían estar ausentes los comentarios acera de cómo se ha desarrollado la temporada productiva.

Para ese momento (estamos hablando de 3 ó 4 días), a San Juan y a La Rioja les quedaba por cosechar entre el 20% y el 30% de la superficie cultivada. Al Norte y al Este de Mendoza, más o menos la mitad; y en el Valle de Uco prácticamente no habían arrancado.

Fue un año complicado por el clima, lo que parece haber ocasionado cierto retroceso en los rendimientos en comparación con temporadas anteriores. Lo conversamos con el propio Smith, y también con Orestes Nomikós presidente de Tomate 2000.

El productor mendocino, que desde hace un par de meses está al frente de la Asociación, recordó que en distintos momentos del ciclo productivo «hemos tenido heladas y excesos de calor», mientras que «el viento afectó algunos cultivos en San Juan».

Pero sobre este tema volveremos en un par de días, para comentar algún detalle sobre el desarrollo de la temporada productiva, y el ingreso de materia prima a las plantas procesadoras.

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