CIENCIA & TECNOLOGÍA

ESCENARIOS

«En 2026 tendremos que ser muy juiciosos para priorizar acciones en el INTA»

12 de diciembre de 2025

Al cierre de un 2025 al que consideró signado por «la incertidumbre», el Dr. Ing. Agr. Claudio Galmarini -director del Centro Regional Mendoza-San Juan del organismo nacional- destaca (no obstante) resultados positivos «producto de la continuidad de un trabajo planificado y sostenido».

Comparte esta publicación |

CLAUDIO GALMARINI. El director del Centro Regional Mendoza-San Juan del INTA reconoce que la institución se enfrenta al desafío de sostener proyectos de investigación, y transferir tecnología en el territorio, pese a las limitaciones financieras y, sobre todo, de recursos humanos. FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.


Hace una semana se cumplieron 69 años de la fundación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, la institución que, a partir de aquel 4 de diciembre de 1956 vino a vertebrar una estrategia de investigación, desarrollo de tecnología aplicada y transferencia de esa tecnología innovadora, al sector agropecuario y agroindustrial de La Argentina.

Ostenta un claro liderazgo en ese plano, sustentado en dos o tres pilares que le han permitido (en algunos momentos con menos dificultades que en otros, es cierto) mantenerse al margen del recorrido pendular de la política argentina.

Entre esos pilares podemos destacar su sistema de gobernanza multisectorial, lo que ha venido aportando una buena dosis de legitimidad a la definición de sus lineamientos estratégicos, a partir del conocimiento de lo que cada región necesita.

Otra cosa para destacar es que -por esto último, precisamente- es la institución más federal de Argentina. No sólo por su alcance territorial (tiene presencia desde los extremos Noroeste y Noreste del país hasta la Antártida). Sino -también- porque, en el diseño de la hoja de ruta de cada una de sus unidades territoriales, participan productores, instituciones del sistema académico – científico – tecnológico y decisores políticos locales.

—                                                                                                                       

Pero hubo cambios últimamente. El 2025 fue un año de duros e indiscriminados embates desde el Poder Ejecutivo Nacional contra gran parte de la estructura del Estado argentino; y el INTA no fue la excepción.

En efecto, fuertes restricciones en materia de recursos financieros y al sostenimiento de su planta de investigadores, extensionistas y personal de apoyo, marcaron nuevos límites a su desempeño.

Así como ocurrió en todo el ámbito nacional, en el Centro-Oeste de Argentina la Institución termina este año con sus capacidades operativas acotadas (en términos de financiamiento y de recurso humano disponible).

Por eso -con mayor razón- consideramos oportuno el momento para intentar un balance, aprovechando el cierre del año calendario. Para ello convocamos a Claudio Galmarini, director del Centro Regional Mendoza – San Juan del INTA.  Aquí, los tramos salientes del extenso diálogo con el referente regional de la Institución.

***

Campo Andino. – Evaluar este año de claroscuros… podría ser casi tan difícil como haberlo transitado.

Claudio Galmarini. – Este año ha sido muy complicado. La palabra que define al 2025 es: incertidumbre. A nivel nacional, en el INTA hemos tenido cambios en la gobernanza institucional. En un momento dejaron de funcionar el Consejo Directivo, la Dirección Nacional y los Consejos Regionales. Y eso, inevitablemente, trajo consecuencias no deseadas en la gestión.

***

– ¿Cuál es hoy, la situación de esas instituciones dentro de la gobernanza del INTA?

– Actualmente están nuevamente en funciones. El Consejo Directivo Nacional, con las mismas instituciones que lo conformaban (pero con nuevos representantes en algunos casos); los Consejos Regionales y la Dirección Nacional, que es un cargo por concurso, están funcionando con normalidad.

***

– ¿Cómo impactaron durante este año las restricciones de recursos en la capacidad operativa del INTA?

– Limitándola. El mayor impacto se siente por el lado de los recursos humanos. Nos condiciona fuertemente la imposibilidad de reponer las vacantes que se dan por jubilaciones, por renuncias… Sumado esto a las bajas que tuvimos en 2024 debido al programa de retiros voluntarios.

***

– ¿Es posible ponerle números a ese déficit en materia de recursos humanos?

– Y… a nivel nacional, nuestra planta de personal disminuyó en alrededor del 18%, y a nivel regional estamos más o menos en ese orden… en torno al 16% promedio, con diferencias entre estaciones experimentales. Esto, claramente, restringe nuestra capacidad de dar respuesta a las demandas que tenemos desde el sector agropecuario y agroindustrial.

VISIÓN ESTRATÉGICA. «Esperemos que se tome conciencia que sin innovación y sin un sector científico y tecnológico fortalecido es muy difícil desarrollar el país». Claudio Galmarini.

– Pero, en medio de este escenario incierto (y no hemos hablado todavía de recursos financieros) lo cierto es que -por lo que hemos visto- los investigadores han seguido con sus proyectos; los extensionistas trabajando con los productores…

– Es verdad; y hay muchos resultados positivos para mostrar. En materia de investigación, esos resultados son producto de la continuidad de un trabajo planificado y sostenido… que se ejecuta desde hace tiempo, con una mirada puesta en la innovación.

***

– Sí, pero la continuidad no se logra por «inercia financiera» (si cabe la expresión). Hace falta plata…

Con respecto al financiamiento, por suerte, en la región, contamos con recursos extrapresupuestarios. Cerca del 40% del financiamiento necesario para encarar proyectos de investigación y de transferencia de tecnología provienen del sector privado -a través de convenios- o de financiación internacional o nacional de agencias que promueven estas iniciativas.

***

– ¿Qué han ofrecido al sector productivo -en el último tiempo- las unidades de investigación que dependen del Centro Regional Mendoza-San Juan?

– Entre las contribuciones más relevantes, hay que mencionar la Zonificación Agroclimática para el Cultivo de Pistacho en Argentina, un trabajo que desarrollaron nuestros investigadores más allá de los «límites» de nuestra Región, porque abarcó desde Catamarca hasta Viedma, en Río Negro, pasando por La Rioja, San Juan, Mendoza y La Pampa. 

***

– ¿Por qué habría que poner particular atención en un trabajo referido a esta producción?

– Por el crecimiento exponencial que tenido en el último tiempo; por su valor como opción de diversificación…. pero también para mitigar el riesgo de tomar decisiones equivocadas.

***

– A ver, a ver… Aclaremos un poco cada uno de esos puntos.

– Sobre el primer punto, hay un par de números interesantes: en el 2016, entre Mendoza y San Juan había alrededor de 1.000 hectáreas de pistacho. Hoy los registros indican que estamos cerca de las 7.000 ha.

Esto, claramente, responde a la búsqueda de opciones productivas; ya sea para volcar excedentes de otras actividades o como alternativa a la crisis del sector vitícola y de parte de las cadenas frutícolas y hortícolas. Uno de los sectores que ha crecido en los últimos tiempos es el de los frutos secos, y dentro de los frutos secos, particularmente el pistacho.

***

– ¿Dónde encaja lo del «riesgo de tomar decisiones equivocadas»?

– En que no todas las decisiones de inversión (que dieron lugar a ese crecimiento del cultivo) han estado fundadas en el conocimiento de la aptitud (del suelo, del clima…) de la zona donde se decide desarrollar el cultivo. Porque el pistacho empieza a producir a los 7 años de implantado; y llegar al séptimo año para darse cuenta de que no va a dar su máximo potencial es, por lo menos, temerario.

***

– ¿Esto último los llevó a «trazar» el Mapa del Pistacho?

-Así fue. Ante esa realidad -y motivados por la demanda del Cluster de Frutos Secos de Mendoza- decidimos conformar un grupo de investigación regional (con base en la Experimental La Consulta, y la participación de productores e instituciones académicas y de investigación de otras provincias), para elaborar este mapa de aptitud para el cultivo de pistacho, no solo de la región de Mendoza y San Juan, sino de la Argentina.

A partir de ahora, quien quiera invertir en este cultivo, cuenta con información básica para desarrollar el proyecto para que, al menos desde la aptitud del suelo y el clima de la zona, la inversión tenga chances de ser rentable.

***

– En el ámbito de la vitivinicultura hubo un hecho relevante también. Precisamente, en el capítulo de insumos para vinificación. Algo comentamos en Campo Andino…

– Sí, el caso de la levadura «Lalvin Tango», también conocida como Tango Malbec, es otro de los logros que trasciende los límites de la Región… y las fronteras nacionales, inclusive. Fue obtenida hace años por el grupo de microbiólogos de la Estación Experimental Agropecuaria Mendoza. Son investigadores de gran nivel que trabajan, sobre todo, en la caracterización y en la valoración de levaduras (muchas de ellas nativas) utilizadas en la industria del vino.

En este caso, después de obtenida hicimos un convenio con la empresa Lallemand y salió al mercado con el nombre «Lalvin Tango», la primera levadura argentina para vinificar Malbec. El producto tiene una presencia creciente en el mercado enológico argentino y a nivel internacional. La novedad es que los últimos registros indican que las exportaciones de esta levadura se han más que duplicado y se comercializa en 14 países del mundo.

***

***

– El INTA, en la Región, tiene numerosos antecedentes en obtención de nuevas variedades de distintas especies. ¿Han concluido algún desarrollo en el que hayan venido trabajando?

– En la Estación Experimental Agropecuaria San Juan, este año, pudimos culminar con el proceso de inscripción de un cultivar de quinua, que se llama Morrillos INTA.

Al mismo tiempo, con apoyo del Gobierno de San Juan, del Gobierno nacional y en conjunto con el INTI, pudimos montar en el mismo predio (en Pocito) una planta para la desaponificación de quinua, que amplía los usos de esta especie. La vemos como una opción de diversificación productiva, en este caso a través de un cultivo ancestral, muy adaptado a la región.

***

– La genética hortícola es una de las mayores fortalezas del INTA en la Región (de hecho, usted es referente -como obtentor- particularmente durante su paso por la Experimental La Consulta). ¿Hubo novedades en el ámbito de la horticultura?

– Bueno… Continuamos, permanentemente, con los programas de mejoramiento. Como ejemplo, este año, terminamos en nuestro grupo de trabajo, la inscripción de una nueva variedad cebolla, que se llama Tonada INTA. Está muy bien adaptada a las latitudes de Mendoza y de San Juan, tiene excelentes rendimientos y baja pungencia. Creemos que va a tener muy buenas perspectivas en el sector.

***

***

– No se puede hablar de Mendoza y San Juan sin hablar de vitivinicultura. Al margen de la levadura de uso enológico que mencionó, recordamos que venían trabajando en la vinificación de uvas criollas. ¿Pudieron avanzar?

– El mes pasado se realizó el Quinto Encuentro de Vinos y Variedades Criollas de Vid.  En el INTA Mendoza tenemos la colección más importante de variedades de vid de América. Entre ellas se encuentran las variedades criollas.

Se han caracterizado estas variedades, no solo desde el punto de vista agronómico, sino también enológico. En algunos casos hemos hecho micro vinificaciones (pequeñas cantidades) en conjunto con pequeños bodegueros… pero trabajamos también con bodegas de mayor escala.

En esta oportunidad se presentaron vinos de 20 variedades de criollas, seleccionadas por nuestro grupo de Enología; y bodegueros -pequeños y grandes- presentaron también sus propios vinos.

***

– ¿Qué impresión dejaron, en general, esos vinos presentados en noviembre?

– Hubo sorpresas interesantes. Sobre todo, en el caso de las blancas. Pero también algunos elaborados con tintas criollas. Es que dan vinos con un carácter frutal, algo que está buscando, en parte, la nueva viticultura. Vinos más frescos, más livianos…

Si a eso le sumamos el hecho que son variedades ancestrales, que las tenemos solamente nosotros, y que permiten elaborar productos típicos de Argentina, creo que pueden ofrecer una alternativa en diferentes nichos de mercado para una viticultura que hoy está pasando por una preocupante crisis.

***

– ¿Pudieron avanzar en la caracterización de las regiones vitícolas de Argentina?

– Seguimos colaborando, junto con otros actores y a través de convenios con la Coviar, aportando a la caracterización física y ambiental (luego, cada región tiene que hacer su valoración desde el punto de vista enológico). Es un logro muy importante para Argentina tener las zonas vitícolas caracterizadas, bajo la misma metodología, desde el punto vista edáfico, climático, de paisaje…

Además, se trabaja en la caracterización de vinos Malbec elaborados con uvas de esa variedad de cada región, para encontrar características distintivas de cada zona que se expresan en esos vinos. Los primeros resultados de este estudio son muy interesantes.

***

– La olivicultura es otro de los puntos fuertes del INTA en la Región, particularmente (aunque no exclusivamente) por lo que vienen haciendo en la Experimental San Juan…

– Sí, bueno… hay un hecho muy relevante, y es que en el «Campo San Martín», en San Juan, contamos con el Banco de Germoplasma de Olivos -reconocido por el Comité Oleícola Internacional- que contiene la colección de variedades más grande del hemisferio sur.

Pero, además de eso, hay que destacar que nuestros investigadores están caracterizando esas variedades… que son muchísimas. Hoy en día, la mayor parte del aceite de oliva argentino es elaborado con las variedades Arbequina o Arauco. Pero todas tienen particularidades y la capacidad de darle características especiales al aceite de oliva, que son valoradas en ciertos nichos de mercado.

En paralelo, en el plano agronómico seguimos trabajando en ensayos de riego deficitario en olivo, para ahorrar agua sin resignar rendimiento.

Esto (dicho sea de paso) tiene relación con un eje estratégico de nuestro Plan Gestión, que cruza transversalmente a todas las producciones: optimizar el uso del agua en un contexto de crisis hídrica que va a seguir profundizándose.

Para eso, nuestras unidades de investigación ensayan permanentemente la respuesta de distintas variedades (de vid, olivos, de frutas y hortalizas) para determinar la demanda real de agua en cada momento del ciclo agrícola, de manera tal de poder aplicar restricciones sin afectar la producción.

Al mismo tiempo, trabajan en la adaptación de sistemas de riego (tanto tradicional como presurizados) para usar el agua de manera más eficiente. Esto se complementa con capacitaciones a los productores, para orientarlos en el diseño, instalación y mantenimiento del sistema en sí, y de los equipos utilizados.

***

***

– ¿Cómo «se lleva» el INTA, en la Región, con las nuevas tecnologías aplicadas al agro?

– Hemos avanzado mucho en el campo de las Agtech. Con el uso de drones; la interpretación de imágenes satelitales… Por ejemplo, en el diagnóstico del estado de fertilidad de diferentes cultivos, como viñedos o frutales (para hacer una fertilización más inteligente); estimación de daños por granizo o heladas… o la determinación de Anomalías de NDVI (el Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada), que permite conocer el estado del pastizal en el secano, para calcular la capacidad de carga de los campos ganaderos y no incorporar más hacienda que la que pueden alimentar.

Se han consolidado equipos de trabajo en esta temática en las experimentales de Junín, Mendoza y Rama Caída. Recientemente, se presentó el protocolo PROCISUR de verificación y validación (elaborado por el INTA junto con el IICA e institutos de investigación del Cono Sur), el cual es una herramienta estratégica para acelerar la transformación digital del agro al acortar la distancia entre la innovación tecnológica y su adopción.

***

– Ya que entró en el tema ganadero… ¿Cómo están trabajando en la vinculación entre los planteos de cría en el secano, y las recrías y engordes en los oasis irrigados?

– Estamos muy comprometidos, y logrando avances muy significativos. Con muy buena respuesta del sector privado… desde hace tiempo, y particularmente ahora, que viene más motivado por ser uno de los pocos a los que les está yendo mejor.

Por un lado, con investigación y extensión en materia de manejo del pastizal natural y del rodeo de cría (en algunos casos con el aporte de profesionales de otros centros regionales del INTA, sobre todo el de La Pampa-San Luis).

Por otra parte, con aportes tecnológicos para el desarrollo de cultivos forrajeros en el oasis (que incluyen ensayo de variedades y estrategias de riego), y la nutrición animal.  Esto está teniendo mucho desarrollo en el sur de Mendoza y también en el este, en la zona de Santa Rosa.

El sistema de cría en secano y engorde bajo riego se va afianzando y es clave para el desarrollo de la ganadería bovina en la región.

***

***

– Conceptos como la agricultura regenerativa y la economía circular han tenido particular relevancia en la gestión de la Dirección Regional. ¿Han logrado materializarlos, en alguna medida?

– Desde hace tiempo empleamos estos enfoques para encarar la producción. En economía circular, por ejemplo, tenemos convenios con empresas como Dervinsa, que transforma derivados vínicos. Ellos usan el orujo de uva que desechan las bodegas para obtener, entre otros productos, ácido tartárico. Producto del proceso de elaboración de tartárico quedan otros residuos, que utilizamos nosotros para producir compost (como sustituto del guano, o como enmiendas). Otro ejemplo, es el uso de biopellets como enmienda orgánica, elaborados a partir de los residuos de la industria olivícola.

En agricultura regenerativa también trabajamos con varias empresas. El convenio de mayor impacto probablemente sea el que tenemos con Unilever. Nosotros acompañamos a los productores (que le proveen hortalizas para su planta deshidratadora) transfiriéndoles tecnología de siembra directa, rotación de parcelas, uso de verdeos de invierno, corredores de biodiversidad…

Otro caso relevante es el estudio de factibilidad de reúso de agua grises, de aguas servidas, no solo para producir forestales sino también otros cultivos, para consumo humano. En convenio con el Departamento General de Irrigación estamos haciendo ensayos en la zona de Paramillos (en Las Heras) donde se concentran los efluentes del Gran Mendoza.

La idea es avanzar en esos estudios a fin de recuperar, para la agricultura, las aguas que contienen residuos no sólo humanos, sino también industriales. Esto es estratégico para la Región, si tenemos en cuenta la dimensión de la crisis hídrica; y así lo entienden el Departamento General de Irrigación de Mendoza, los gobiernos provinciales e inclusive los municipios, que nos apoyan en esta iniciativa.

***

– Hablando de «economía circular»… algo de eso hay en el producto desarrollado por una empresa que fue incubada en el Nodo de Innovación Cuyo Microbiotech del INTA

– Bueno… ése es otro tema. El NIC Cuyo, con sede en el INTA Mendoza bajo la Dirección Ejecutiva de la propia directora de la Experimental, Analía Díaz Bruno, funciona muy bien.

Efectivamente, de ahí salió -en su momento- Agrobio Loop SA, la primera empresa de base tecnológica -EBT- incubada en nuestro Nodo. Ellos lograron salir al mercado con Ghrẽtek, un sustrato para uso en viveros, desarrollado en Mendoza a partir de la transformación de residuos agroindustriales.

Actualmente hay varias ideas-proyecto en marcha. Algunas más avanzadas que otras. Por ejemplo, uno muy novedoso, Silent, relacionado con el control de Lobesia botrana. Otro, Bio Bond que propone obtener un fármaco a partir el tratamiento de residuos que deja el proceso de obtención de aceite de oliva. En fin, otros como Hydrox, Yeastopia, Biosoluciones… Estamos buscando financiamiento, y podremos comentar algún detalle adicional a medida que avancemos.

***

***

– A la par de la Investigación, la Extensión es otro de los roles esenciales del INTA. ¿Han logrado mayor presencia en un territorio tan extenso como el que debe cubrir al Centro Regional Mendoza-San Juan?

– En ese plano, hubo un hecho… para nosotros muy relevante este año. Logramos que la Agencia de Extensión Rural Malargüe finalmente pueda tener sede propia. En ese departamento (que es el más austral de Mendoza y ocupa poco menos del 30% de la superficie total de la provincia) hace 40 años que hacemos Extensión… pero no contábamos con un espacio físico propio.

***

– ¿Cómo hicieron, justamente en un año de restricciones presupuestarias?

– El Gobierno de la Provincia nos cedió un predio; sumamos el apoyo de la Municipalidad de Malargüe y de la delegación regional de la Fundación ArgenINTA, la Asociación Cooperadora de la Experimental Rama Caída y mucho trabajo de la gente de esa Experimental (de la cual depende la Agencia).

Las instalaciones son muy sencillas. En realidad, es un contenedor… acondicionado. Puede parecer muy poco, pero para nosotros es como si fuera un «rascacielos». Porque nos permite mejorar la atención a productores… y las necesidades de una zona muy importante para el desarrollo de la provincia de Mendoza.

***

– Llegar a los productores con información y capacitación no garantiza que las tareas en el campo se van a realizar de la mejor manera. Porque, aún para labores cotidianas, es necesario que el propio productor o sus operarios, tengan ciertas aptitudes para llevarlas a cabo. Es el caso del manejo de la nueva maquinaria agrícola. Ustedes ofrecen una capacitación que es muy valorada en el sector… 

– Seguimos con el curso de operarios de maquinarias agrícolas; vamos por la cuarta cohorte. Es cierto; la formación de recursos humanos le da un valor adicional a la transferencia de tecnología. Son cursos teórico-prácticos para el manejo de tractores y vendimiadoras (cosechadoras de vid) que duran seis meses… no son unas pocas horas.

Lo hacemos en conjunto con la empresa Agromaq Virdó (concesionaria de maquinaria que tiene sede en Luján de Cuyo); la Dirección General de Escuelas de Mendoza (que extiende un título a quienes aprueban); la Municipalidad de Luján, que les otorga la licencia de conducir; y el patrocinio de entidades como Bodegas de Argentina. El INTA, junto con la Facultad de Ciencias Agrarias, tienen a su cargo la capacitación.

Aprender a usar adecuadamente el equipamiento… la tecnología que trae incorporada la maquinaria agrícola, abre oportunidades de trabajo para muchos jóvenes y, para el productor, el hecho de contar con un operario capacitado para hacerlo, implica mayor probabilidad de una tarea realizada de manera eficiente y a menor costo.

Hoy en día, la falta mano de obra especializada es una de las grandes debilidades en las regiones con cultivos intensivos, y con iniciativas como ésta apuntamos a resolver -en parte- esa carencia. 

***

– Hubo cambios en la conducción de algunas Estaciones Experimentales este año…

-Sí, en realidad, fueron concursadas las Direcciones de las cinco que dependen del Centro Regional Mendoza-San Juan (El INTA cada 4 años renueva la dirección de sus unidades). En tres de ellas hay continuidad: Mónica Ruiz en San Juan; Alejandro García en Junín y Analía Díaz Bruno en Mendoza. Hubo cambios en la Experimental La Consulta (en Valle de Uco), donde José Portela reemplazó a Daniel Pizzolatto; y en Rama Caída (San Rafael) donde Paula Diez reemplazó a Cecilia Picca.

Es importante destacar que a esos cargos se accede por concurso. Quienes aspiran a ocupar una Dirección son evaluados y calificados según sus antecedentes y el Plan de Gestión que propongan para la zona de influencia de la Unidad.

***

PÉRDIDA. Este año, en el INTA golpeó duro la partida del Ing. Agr. Cosme Argerich, fallecido en un accidente automovilístico. Investigador y extensionista en la EEA La Consulta, fue referente técnico -durante más de 25 años- del Programa Tomate 2000, iniciativa que disparó un espectacular salto productivo en los cultivos con destino industrial, a partir de la implementación de un riguroso y eficiente paquete tecnológico. En su diálogo con Campo Andino, Claudio Galmarini lamentó la pérdida del profesional con el que compartió muchos años en la Experimental valletana. FOTO / Revista Campo Andino & Agroindustria.

***

– ¿Cómo es la relación del INTA con la comunidad? (Al margen del vínculo con el sector productivo…).

– Entiendo que es muy buena la relación con el sector agropecuario; sin embargo, no tanto con la sociedad en general. Para fomentar esa relación, desde hace tiempo proponemos «jornadas de puertas abiertas» que organizan las distintas estaciones experimentales. Son, generalmente, dos días que nos tomamos para mostrarle a la sociedad lo que hace el INTA… e inclusive otras instituciones del sistema académico-científico-tecnológico.

En la más reciente, que tuvo lugar en el mes de octubre, en la Experimental Mendoza (en Luján de Cuyo), también estuvo presente la Universidad Nacional de Cuyo, el Conicet, universidades privadas, organismos provinciales como el Iscamen, empresas del sector… Fue realmente exitosa. La visitaron más de 20.000 personas.

Es importante -particularmente en estos tiempos- que también la gente que no tiene relación con el sector agropecuario, conozca y valore el impacto social de lo que hacemos las instituciones estatales que estamos abocadas a la educación técnica, la ciencia y la tecnología aplicada.

***

– ¿Cómo se imagina el 2026 para la actividad del INTA en Mendoza y San Juan?

–  Esperemos que se tome conciencia que sin innovación y sin un sector científico y tecnológico fortalecido es muy difícil desarrollar el país. En cuanto a la disponibilidad de recursos financieros, el escenario del año que viene probablemente sea similar a éste que termina… Pero habrá que ver; porque está directamente relacionado con la aprobación del presupuesto nacional. Dependemos de eso.

Hasta ahora funcionamos con el presupuesto de 2023 prorrogado. Entonces, independientemente del monto (que, por supuesto, es muy relevante), lo que seguro va a tener de positivo es que al menos va a despejar uno de los factores de la incertidumbre a la que me refería al comienzo de la charla. Contar con un presupuesto para el 2026 aprobado es necesario. No sólo para el INTA. Para cualquier ente estatal… y, en realidad, para cualquier organización.

En cuanto a los recursos humanos, el escenario no es bueno. Porque, aunque la realidad no termine confirmando las versiones sobre posibles recortes (adicionales a los que ya tuvimos), la prohibición de cubrir vacantes sigue vigente. Entonces, la reducción natural de la planta de personal por jubilaciones o por renuncias… va a mantener limitada nuestra capacidad operativa. Por lo tanto, recién cuando tengamos más certeza sobre los recursos financieros que dispondremos durante el año, y sabiendo con qué personal contamos, estaremos en condiciones de hacer un muy buen análisis para priorizar acciones.

A partir de allí, trataremos de reconstituir o reorientar grupos de trabajo que puedan ocuparse de cada una de las acciones priorizadas, con la seriedad que siempre lo hemos hecho, y de manera eficiente para conseguir resultados positivos. Estamos elaborando el Plan de Centro Regional 2026-2030. De modo que, en 2026 tendremos que ser muy juiciosos para priorizar acciones en el INTA. Eso es lo que se vislumbra para el año que viene en el cual se cumplirán 70 años de la creación del INTA.

Comparte esta publicación |

COMENTARIOS


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*
*

Lo más leído

AGENDA
AGENDA COMPLETA