FRUTICULTURA
CICLO 2023/’24
El dato, ahora confirmado, podría estar reflejando el impacto de un otoño-invierno «benigno», con temperaturas medias 1,6°C mayores que la media de los últimos 20 años para toda la provincia. La floración se puede adelantar.

Un otoño-invierno 2023 que ha sido benigno, con temperaturas medias al parecer mayores que el promedio de los 20 anteriores, ha derivado en una menor acumulación de horas de frío con respecto al requerimiento general de los frutales en el Oasis Sur de Mendoza.
Los valores de frío acumulado -en términos absolutos- varían entre una zona y otra, pero en todos los casos parecen situarse por debajo de los registros históricos de cada zona; y también terminaría siendo disímil el eventual impacto negativo sobre la capacidad productiva de los cultivos.
Es que, si bien todos ellos (o casi todos) parecen estar saliendo de la dormancia habiendo almacenado menos frío que el que hubieran necesitado, el desempeño que tendrán a lo largo del ciclo estará condicionado, también (y para simplificarlo), por otros factores.
En efecto, en esa ecuación entran a jugar, además, el estado previo de cada monte en términos de nutrición y sanidad, y las condiciones de temperatura y humedad que vayan a estar presentes, en el ambiente de cada zona, durante la primavera.
Por otra parte, parece altamente probable que se adelante la floración de frutales, en general, y en todo el Oasis Sur, con respecto a la fecha media estadística de cada zona.
Ésta es, en resumen, nuestra interpretación del escenario que plantea el ingeniero agrónomo Raúl Besa, profesional reconocido en ámbitos productivos de esa zona, con actividad en la Delegación Sur de la Dirección de Prevención de Contingencias de la Provincia de Mendoza.
Besa, especializado en Agrometeorología y -en esa condición- consultor de productores de frutales y vid, dijo a Campo Andino que hizo sus cálculos para distintos lugares de San Rafael y General Alvear a partir de datos relevados en estaciones meteorológicas privadas, ubicadas en 7 puntos del Oasis Sur.
Mientras revisa datos de las estaciones de Contingencias para cotejarlos con los que ha venido procesando, adelantó que «en General Alvear la situación está más complicada, porque se han acumulado pocas horas de frío» y que «en cambio, el Este-Sudeste de San Rafael (distritos como La Llave, Real del Padre…) es donde la acumulación ha sido mayor».
Apuntó que «el invierno, en general, ha sido benigno» y explicó que «hubo períodos de temperaturas relativamente altas que han determinado una menor acumulación de horas de frío con respecto al requerimiento general de los frutales», que es más notoria en algunas zonas.
En diálogo con Campo Andino, Besa indicó que «donde más horas de frío se han juntado hasta el 31 de julio es en el centro del Oasis». Esto es, «desde el Este-Sudeste de San Rafael (La Llave, Jaime Prats, parte de Real del Padre) hasta el Noroeste de General Alvear, en la zona de Juncalito, por ejemplo, que está prácticamente pegado a Real del Padre)».
Apuntó que «al Oeste de San Rafael se han acumulado menos… y menos todavía al Este de Alvear (en la zona de Bowen)». En cualquier caso, «el año pasado, en general, se juntaron más horas de frío que este año», indicó el referente e Agrometeorología de esa región.
Lo cierto es que, según los cálculos del ingeniero Raúl Besa, «en el Centro-Oeste del Departamento San Rafael (Cuadro Nacional, Las Paredes, Cuadro Benegas, El Cerrito…del distrito La Llave hacia el Oeste) tenía registradas, hasta el 31 de julio, entre 800 y 950 horas de frío (HF) y 700 a 800 unidades de frío (UF)».
En el «Este-Sudeste de ese Departamento, y Oeste de General Alvear (La Llave, Villa Atuel, Real del Padre, Juncalito…) entre 1.000 y 1.200 HF y 800 a 900 UF»; mientras que, en el Este del Departamento General Alvear registraba, también hasta el último día de julio, «de 500 a 750 HF y entre 350 y 500 UF».
La cuestión es ver si el frío acumulado alcanza o no para que haya un buen cuaje. «Sobre eso recién podremos tener una idea cuando estemos a mediados de la floración», advirtió Besa.
«De todos modos -aclaró- si bien la acumulación de horas de frío es un parámetro de muy alta incidencia en el cuaje (porque es determinante en el proceso de formación del polen y del óvulo) no es el único».
«Hay otros, como la nutrición que haya tenido la planta (y la acumulación de reservas que haya logrado en el otoño); y las condiciones de temperatura y humedad que se den en la primavera».
En este sentido, «si nos atenemos a lo que dicen los pronósticos -señaló- la primavera llegaría, en promedio, con temperaturas un poco más altas que la media histórica, pero sólo podemos especular, porque recién cuando llegue la floración tendremos las primeras señales».
Dicho esto, «normalmente para el caso del ciruelo D’Agen -por poner un ejemplo- se toma un rango de entre 700 y 900 horas para producir, posteriormente, una buena floración y un buen cuaje».
En el caso del Este de General Alvear (que siempre se evidencia más cálido que el Oeste del Departamento), el invierno ha sido más benigno. «Fisiológicamente, la planta ha tenido menos frío (no sabemos cuánto, porque no es matemático) por lo tanto se intuye que en la primavera va a haber inconvenientes», indicó.
Las plantas también necesitan un descanso, después de haber dado sus frutos. Esa pausa la hacen durante parte del otoño y del invierno, las estaciones más frías del año.
El frío inhibe las hormonas de crecimiento. Mientras esto ocurre, la planta está en reposo invernal. Durante ese tiempo -y porque así es la vida de las plantas, para hacer esto más sencillo- necesitan acumular un cierto número de horas de frío. Unas especies (y variedades) más, y otras menos.
El ingeniero Besa prefirió relativizar el valor agronómico de este concepto, y hablar de unidades de frío. En realidad, uno podría llamarle como quisiera, pero esto de distinguir los términos ayuda, porque para saber si van a alcanzar o no van alcanzar, no sólo hay que sumar… sino sumar y restar.
Es que, el número de horas de frío acumuladas surge de dos operaciones. Primero, la suma del tiempo durante el cual «la temperatura ha permanecido, durante el día, por debajo de los 7°C (según parámetros internacionalmente aceptados)», explicó el ingeniero Besa.
Pero resulta que ese acumulado no es lo único que registra la fisiología de la planta. Porque cuando la temperatura supera ciertos valores (en otoño-invierno) empieza a restar, en ese debe y haber del balance que lleva en su contabilidad biológica cada especie… y cada variedad.
Así, «en general, cuando la temperatura pasa de 15°C hay que empezar a restar (a las horas de frío acumuladas), en una proporción que varía (en más) por cada grado que aumente la temperatura ambiente, por encima de esos 15°C».
Como hasta ahí parece estar claro, podemos complicarla un poco más. Porque -según entendimos durante la charla con Besa- la ecuación también varía según la temperatura máxima registrada al cabo del día. Por ejemplo, «este invierno hemos tenido días de 24° C de temperatura máxima, y esos días han restado más», explicó.
El ciclo productivo tiene su balance de cierre de ejercicio cuando llega el momento de entregar los frutos. Pero también hay balances parciales, en términos de fisiología vegetal. Con su fecha de apertura y su fecha de cierre y todo.
Es lo que dice el ingeniero Besa. «El frío acumulado se cuenta a partir de la caída de la hoja, independientemente de la especie de la que se trate, hasta el momento -fisiológico- en el cual se forman el grano de polen y el óvulo. Ese momento -el de la gametogénesis– varía según la especie». Clarito. Quiere decir que ahí hacemos el corte. Ahora, vayamos al almanaque.
Para el caso de ciruelo D’Agen (para industria) «se ha establecido que esto ocurre -regularmente, en Mendoza- durante el mes de junio, y en durazno de industria, en el transcurso del mes de julio-agosto (según la variedad), por tomar el caso de dos especies de relevancia en el oasis», precisó Besa.
Estas fechas, en realidad, nos sirven para tener una referencia en los términos en los que nosotros medimos el tiempo…porque la biología tiene razones que no necesariamente están escritas en las hojas de nuestro calendario.
Lo cierto es que, lo que se acumule después de finalizado junio en ciruelo y después de finalizado julio en duraznero, no va a sumar en la cuenta del frío. Como tampoco le van a restar esas temperaturas por encima de los 15°. O sea que, para ese momento (días más, días menos) el polen y los óvulos están formados (bien, mal, más o menos…) y ya está; el proceso sigue.
Otra cuestión es si hay señales… o no hay señales, que nos ayuden a saber si este ciclo viene adelantado o no.
Sobre esta cuestión, el ingeniero Besa dijo que «en base a lo que he visto, estimo que la floración se puede adelantar, en frutales en general, con respecto a la fecha media estadística para cada zona».
Precisó que «en el caso de frutas de industria, sobre todo, como ciruelos y duraznero, por los signos que he visto (yemas algo hinchadas en algunas plantas), estaría entre 7 y 12 días de anticipación, considerando la fecha media estadística de floración para cada zona». Esto, «en todo el oasis».
El ingeniero Raúl Besa tiene calculadas las temperaturas medias históricas para abril, mayo, junio y julio, para el Norte, Centro y Sur de Mendoza; y dejó algunos números durante su diálogo con Campo Andino.
Buscó los datos de las temperaturas medias históricas de cada uno de esos meses (en una serie de 20 años), y los comparó con las medias de esos mismos cuatro meses de 2023.
El resultado fue que (salvo una anomalía que detectó en Malargüe, en el extremo Sur de la provincia de Mendoza) «todas las demás zonas se han comportado con una temperatura de hasta 1,6°C superiores al promedio histórico», lo cual «es una barbaridad», aseguró. Teme que, a medida que pasen los años, los inviernos sean más benignos.
Contacto con el ingeniero agrónomo Raúl Besa: raulrbesa@yahoo.com.ar
FLORACIÓN ANTICIPADA FRÍO ACUMULADO FRUTAS CICLO 2023-2024